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Opinión

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“Pero usted no me escucha”

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<<Esperamos se entienda que la mejor forma de escuchar consiste en actuar como un trampolín, es decir, dando energía, aceleración y altura a la conversación. Estos son los rasgos distintivos de la buena capacidad de escuchar (Rodriguez & Reverté, 2020, p.24)>>.

Los procesos de comunicación en la sociedad han de ser valorados en tanto son esenciales para la vida, el desarrollo humano, la evolución de la sociedad, el impacto en el empleo, la comprensión del fenómeno de las desigualdades, los procesos educativos y el auge de la tecnología e informática.

Las secuelas de la pandemia ocasionada por el COVID-19 y las transformaciones que se viven posterior a dicha experiencia, presentan un nuevo paradigma que ha de ser considerado en todas sus dimensiones, pues los efectos inciden en la esfera de lo individual, pero afectan también el terreno de la colectividad.

Durante los últimos años, desde la humanización y en el campo hospitalario, se ha logrado una mejor comunicación entre paciente y médico; y fruto de la relación simétrica se ha generado igualdad, reciprocidad, confianza y buen manejo de información, evitando la relación fría, indiferente, inhumana, despectiva y contractual, lo que representa, sin lugar a duda, un logro en el contexto de la medicina, pero, además, marca un hito en la historia de la humanidad.

En atención a dichos procesos, resulta oportuno aprender e incursionar en técnicas que potencien la consolidación de relaciones mediadas por la comunicación asertiva, la escucha activa, la reciprocidad, la horizontalidad entre iguales, la mutualidad y la cooperación, procesos en los cuales las barreras que separan a unos de otros sean superadas.

Ya no es posible en las instituciones pasar por encima de los empleados, si bien los roles se respetan, ello no justifica una subordinación y opresión que desmotive a los empleados y les impida dar lo mejor de sí. Así como un entrenador deportivo dirige las rutinas para obtener los mejores resultados, en la vida es importante ejercitarnos en la difícil tarea de quitar las piedras que nos bloquean, aquellos obstáculos que nos alejan del otro, reconociendo que el sentido de la vida se encuentra en la mutualidad del dar y recibir.

 

Resulta fundamental y urgente propiciar relaciones interpersonales a través de técnicas que gestionen los sentimientos, parafrasear, confrontar, hacer preguntas abiertas y reflexivas, resolver los propios conflictos, generar inquietudes poderosas, utilizar el método socrático (mayéutica) y superar limitaciones, ser empáticos, escuchar, ser buen amigo, ponerse en disposición para comprender a otros, fomentar el establecimiento de relaciones agradables, luchar contra la temporalidad y los intereses particulares, en donde cada quien persevera en sus proyectos y metas.

 

Como parte de las estrategias para fomentar el cuidado y la cercanía con otros, se destaca la ayuda mutua como ejercicio social que propicia el encuentro, el compartir y la cercanía en medio de las dificultades. Esto en contraposición a instancias que no responden a necesidades vitales, a procesos burocratizados y distantes, servicios costosos, inefectivos, mediados por profesionales cansados, quemados, con actitudes cínicas y derrotistas, que ofrecen paños de agua tibia o parcheo y no se dirigen a la cura y prevención.

Resulta necesario entablar conversaciones afables, transparentes, que permitan una apertura solidaria y destruyan las barreras originadas por constructos sociales que han distanciado a unos de otros; ubicar al ser humano en relación con el próximo, lo que sería una evangelización que no renuncia a sus lazos más fraternos.

El poder de la conversación y el diálogo en una sociedad proclive a la inmediatez y fragilidad de las relaciones, donde el ruido de la vida provoca malas interpretaciones, roces e incomprensiones, relaciones fracturadas, debe propiciar, la escucha y ha de tener claridad (iluminación), don del consejo (lo más conveniente para él y la humildad), docilidad (dejarse enseñar) y amabilidad.

Es evidente que uno de los problemas más frecuentes en la vida es el reclamo del ¿es que usted no me escucha? Saber escuchar es lo que permitirá ser más humanos en lo profesional, familiar y social.

*Por: padre Wilsson Javier Ávila Espejo, coordinador de la evangelización del mundo de la salud en la Arquidiócesis de Bogotá.

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