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De san Francisco al papa Francisco

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de referencia - es.zenit.org/
Economía de Francisco - Segunda entrega.

El pontificado del papa Francisco inició el 13 de marzo de 2013, y desde aquel día el Santo Padre ha tenido presente a los pobres en su magisterio, razón por la cual su acción pastoral se ha visto influenciada por san Francisco de Asís, quien en su tiempo buscó una restauración de la Iglesia a través de una vivencia profunda del Evangelio, desde el principio de fraternidad. 

 

En efecto, se pueden rastrear ciertos rasgos propios de la espiritualidad franciscana en el pontificado del papa Francisco, a saber: oración; minoridad; pobreza y fraternidad, un aspecto que invita a la reflexión teológica sobre los aportes del franciscanismo a la Iglesia, pero, sobre todo, a lo que aporta en relación a la experiencia de la vida cristiana. 

 

El camino espiritual del santo de Asís se vio involucrado por la convicción de que la vida cristiana debía realizarse en comunidad. Teológicamente se puede identificar que la dimensión fraterna del franciscanismo requiere una espiritualidad que se vive en comunidad dentro de la Iglesia, espiritualidad que a su vez crea comunidad. 

 

Esa práctica de la fraternidad conllevó, como ha mencionado Su Santidad el papa Francisco, a que el santo de Asís sea considerado “el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil”. 

 

El sistema económico actual ha dado lugar a que a nivel global se experimenten una serie de necesidades provocadas por prácticas poco éticas que buscan lograr el lucro, el enriquecimiento y el crecimiento económico en beneficio de unos cuantos, sin que se tenga de presente el desfavorable costo humano y ambiental que se ha generado. 

 

El papa Francisco ha planteado una serie de interrogantes y críticas ante esta situación, buscando la promoción de la dignidad humana a través de la garantía del desarrollo de los más vulnerables y necesitados que están inmersos en la miseria, un compromiso ético que nos involucra como cristianos, un llamado a contemplar y experimentar la presencia de Dios en el prójimo y en la naturaleza, cual lo experimentó en su práctica contemplativa y espiritual san Francisco hace siglos.

 

La preocupación por los pobres y marginados, rasgo del ministerio de san Francisco de Asís, ha encontrado eco en el pontificado de Francisco. Han sido varias encíclicas y constituciones eclesiásticas en las que hace alusión al cuidado de las personas menores, de los vulnerables, así como de la Casa Común; se trata de una restauración de la iglesia desde su interior. 

 

El ministerio del señor Jesús tuvo un fuerte énfasis y compromiso con los pobres y vulnerables; siguiendo este ejemplo san Francisco se desprendió de todas sus posesiones terrenales y abrazó la pobreza como lo haría Cristo, dedicando en adelante su vida al cuidado de los leprosos y los marginados de su tiempo. Por su parte, el papa Francisco continúa con el legado del santo de Asís a través del cuidado y la defensa de los pobres. 

 

Como consecuencia de ese compromiso pastoral surge la necesidad de replantear y reestructurar el sistema económico actual, buscando contribuir a mejorar las condiciones de vida y reconocer la dignidad y derechos de aquellos seres humanos que están inmersos en la miseria, y que son también hijos de Dios. 

 

Se trata de personas que no solo padecen el flagelo de la pobreza y de la injusticia, como ha denunciado el Santo Padre. Las afirmaciones del Papa han sido contundentes a ese respecto, puesto que en la actualidad: “No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio. Tierra, techo y trabajo, eso por lo que ustedes luchan, -dice su Santidad - son derechos sagrados”. 

 

En ese sentido, asumir el ejemplo y la pobreza de Cristo no se trata solo de retórica ni de una práctica ascética, sino también de contribuir al bienestar y al cuidado del prójimo y de la creación de Dios. 

 

En ambos Franciscos la economía puede ser considerada como paradójica. La tradición franciscana, si bien inició la reflexión medieval sobre la economía, el dinero y la banca, contribuyendo indiscutiblemente a fundamentar la economía mercantilista, en Asís encontramos una renuncia radical a la economía del dinero y del comercio, a la generación de lucro. 

 

Al interior de esa paradoja cada Economía de Francisco surge y crece, generando un sistema económico que genera riqueza, pero que parte del principio de que los verdaderos bienes son espirituales y el nada poseer. 

 

Tanto la restauración de Francisco como la de Su Santidad en la Iglesia indican que todo giro económico inicia en la renuncia: los verdaderos bienes no son el oro y la plata, aunque también se los puede palpar. Solo usando la riqueza sin “nada poseer” se logran innovaciones económicas de trascendencia que a su vez permiten erigir instituciones dedicadas a ayudar a quienes viven en la miseria absoluta.

 

Justamente el desprendimiento de lo material desde el siglo XIII propició el surgimiento de instituciones benéficas, impulsó la economía y el surgimiento de los bancos, logrando la liberación de muchos pobres. En la actualidad, la Economía de Francisco apunta a la generación de empresas fraternas que propicien la erradicación de la pobreza y de la injusticia social, contribuyendo de esa manera a forjar un sistema económico que posibilite un equilibrio social.

 

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*Por: Pbro. Fabi Said Castro, administrador parroquial Santa María de Pentecostés / Capellán Instituto San Pablo Apóstol.

 

 

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