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Padre Cecilio de Lora Soria, SM, porque el amor lo puede todo

12 de abril de 2021
En la tarde del Sábado Santo, 3 de abril, los religiosos marianistas anunciaron la Pascua del padre Cecilio de Lora a los 92 años de edad

Hacía algunos días estaba internado en el Hospital Universitario San Ignacio, en Bogotá, donde fue atendido por Covid-19.

El padre Cecilio nació en Larache, el 16 de abril de 1929 -entonces, protectorado español de Marruecos- y realizó su primera profesión como religioso marianista en Elorrio (España), el 19 de septiembre de 1946. Luego de su profesión perpetua, el 15 de agosto de 1952, fue ordenado sacerdote en Friburgo (Suiza) el 14 de julio de 1957. Era licenciado en Filosofía (Universidad de Madrid, 1953), licenciado en Teología (Universidad de Friburgo, 1958) y licenciado en Ciencias Sociales (Universidad Gregoriana de Roma, 1960). Recibió el título de magíster en Sociología de la Educación en 1961 (Universidad de Columbia, Nueva York) y era doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Gregoriana (Roma, 1964).

Su llegada al CELAM

La mayor parte de sus 74 años como consagrado, como religioso de la Compañía de María, los vivió en América Latina, particularmente en Colombia y en Ecuador. “Cuando me preparaba para venir a Colombia asistí a un encuentro en Lovaina (Bélgica) con la institución Pro Mundi Vita, que tuvo una gran influencia en los años 60, bajo la dirección del padre Kerkofs, S.J.; allí tuve la ocasión enriquecedora de largos coloquios con monseñor Manuel Larraín, entonces presidente del CELAM y obispo de Talca, en Chile”, se lee en uno de los testimonios recuperados por Kaired en su serie Primavera Eclesial.

La propuesta de trabajar con el CELAM vino del propio monseñor Larraín. “Yo buscaba, entonces, un lugar y una tarea que respondiera a mis inquietudes misioneras”, recordaba el padre Cecilio. El padre Julio Hoyos, su superior provincial en aquella época, estuvo de acuerdo.

Desde su llegada a Bogotá  se vinculó a la Secretaría General del CELAM con la misión de colaborar en la preparación de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se realizaría en agosto de 1968, en Medellín, con el propósito de reunir al episcopado del continente “para ver cómo podría traducirse y aplicarse el Concilio a nuestra realidad con un profundo sentido pastoral”.

Lo vivido en aquellos años marcaría para siempre su itinerario como religioso, sacerdote, teólogo, pastoralista y educador. “Compartí, en primer lugar mis funciones de adjunto al secretario general del CELAM, monseñor Julián Mendoza -poco más tarde primer obispo de Buga, Colombia-. Posteriormente llegó a Bogotá como Secretario General del CELAM monseñor Eduardo Pironio, desde Argentina; con él trabajé intensamente, como miembro del equipo de la secretaría general, en la elaboración de la temática y de la logística que encuadraría la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano”.

Una Iglesia que opta por los pobres

El padre Lora lo arriesgó todo por una Iglesia que opta por los pobres del continente y se juega la existencia por ellos, como insiste el papa Francisco -“una Iglesia pobre y para los pobres”- y como lo hicieron tantos mártires, entre ellos el arzobispo de San Salvador, san Óscar Arnulfo Romero, a quien conoció de cerca durante la Conferencia de Puebla, en la que hizo parte de un grupo de teólogos asesores convocados por la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos y Religiosas (CLAR).

Como testigo de Medellín -“de primera línea”- insistió en sus opciones pastorales, posteriormente retomadas y actualizadas en las Conferencias de Puebla, Santo Domingo y Aparecida, como la guía para abrazar una ‘Iglesia para el Reino de Dios’, título de uno de sus libros publicados por PPC (2011). Su testimonio profético estuvo presente en todas las responsabilidades que asumió con los marianistas como con la vida religiosa. En la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos (CER) y en la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC), ha dejado un fecundo legado entre conferencias, retiros espirituales, artículos y otras participaciones junto con los equipos de reflexión teológica.

Al cumplirse los 50 años del acontecimiento de Medellín, en un congreso organizado por la CRC de esta ciudad, comenzó diciendo que “cuando no sabemos a dónde vamos, buenos es saber de dónde venimos”. Hoy su Pascua invita a mantener vivo y actual el ‘patrimonio’ de la Iglesia de los pobres.

En Bogotá estuvo cercanamente con los pobres al servir en la parroquia Beato Guillermo José Chaminade, en el barrio Palermo Sur, en la localidad Rafael Uribe Uribe, Vicaría San Pablo. Fue superior de la Compañía de María en1980, miembro del CELAM y de la CLAR.

 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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