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¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!: Papa Francisco

22 de febrero de 2024
Imagen:
de referencia - Vatican Media
Tercera entrega en relación a 'The Economy of Francesco' – Referencia a Evangelii gaudium y a la Doctrina Social de la Iglesia.

El título de esta entrega recoge el sentir de Su Santidad a unas horas de haber sido elegido sucesor de San Pedro y, sin duda, esta sencilla frase ha caracterizado su pontificado a tal punto que hay quienes lo llaman el Papa de los pobres. 

Ocho meses después de asumirlo, Francisco hizo pública la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium. Se trata de un documento de indiscutible importancia, en primer lugar, porque su temática central es la evangelización, situándose en continuidad con el papa Juan Pablo II al impulsar un nuevo lenguaje y un nuevo método para extender la buena noticia de Jesús a más personas, con un enfoque preferencial hacia los más pobres. En segundo lugar, el documento es importante porque en él Francisco formula una crítica contundente al sistema socioeconómico actual, aspecto que no pasó desapercibido y fue polemizado en entornos académicos, teológicos y políticos, llegando a tal extremo las circunstancias que algunos tacharon a Su Santidad de promover el socialismo marxista, una aseveración desde todo punto de vista ilógica.

Pero Evangelii gaudium no solo tiene su fundamento en la Doctrina Social de la Iglesia, sino que además es un texto arraigado en el Evangelio; documento que por lo demás refleja el cariz de una profunda preocupación por la teología pastoral, invita a una reforma eclesial desde la acción. Su Santidad tuvo muy en cuenta que el anuncio del Evangelio no se da en abstracto, sino que trasciende el contexto histórico y social de sus destinatarios, es decir, estos están influenciados por el tiempo y el contexto en el que viven. 

Por tal motivo, Francisco ofrece una crítica aguda a algunas problemáticas típicas de las sociedades modernas, que a su vez dificultan y comprometen la tarea evangelizadora, advirtiendo que no habla desde un punto de vista técnico, sino que sus preocupaciones son de orden teológico. 

Los análisis del papa Benedicto XVI sobre la Doctrina Social de la Iglesia llegaban a la conclusión de que “la cuestión social se había convertido en una cuestión antropológica”. En ese orden de ideas el papa Francisco indica que “la crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡La negación de la primacía del ser humano!”. Francisco advierte que hemos creado nuevos ídolos, por lo que la adoración del becerro de oro (Éx 32, 1-35) encuentra su símil en el fetichismo hacia el dinero y en la promoción de una economía sin un objetivo verdaderamente humano. 

 

Se ha divinizado por consiguiente la tiranía del mercado, aspecto que se encuentra en sintonía con el creciente fomento del individualismo. 

 

El Santo Padre también se muestra crítico ante el individualismo que caracteriza la cultura y la economía contemporánea, dado que pone en cuestión la verdad en la que sustentamos nuestra existencia, siendo este uno de los síntomas de la crisis moral y antropológica a que asistimos, aspecto que se manifiesta en distintas circunstancias de la vida y que fomenta la exclusión y la inequidad. Al respecto afirma Su Santidad:

 

“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (n. 2).

 

De manera sincrónica, la cultura individualista fomentada por la economía actual conlleva a una globalización de la indiferencia, algo que el Papa considera otra forma de anestesiar un sano sentimiento de injusticia. 

De ese modo, para poder llevar un estilo de vida disímil al de los demás en el marco de una sociedad de consumo, es necesario que nos hagamos incapaces de compadecernos ante los clamores de justicia de otras personas, por consiguiente, somos enajenados de nuestra responsabilidad social y de nuestro compromiso de vida como cristianos. 

El amor preferencial por los pobres, nos compromete a no ser ajenos a las necesidades de los más humildes, a escuchar junto a Dios el clamor de todos ellos, a ser instrumentos para su liberación, para la promoción de su dignidad, dado que una conducta contraria compromete nuestra relación con Dios y nuestra espiritualidad. 

Acertadamente el Papa diagnostica la raíz de los enormes problemas sociales de nuestra época: la inequidad e injusticia social. En ese orden de ideas, Francisco sostiene que “mientras no se resuelvan los problemas de los pobres, -lo que implica una renuncia a la autonomía de los mercados y a la especulación financiera -, buscando soluciones a las causas estructurales que fomentan la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo”. En ese sentido hace un llamado a los Estados a cumplir con su función: El cuidado y la promoción del bien común de la sociedad, buscando de ese modo la promoción del desarrollo humano integral para todos sus miembros, aspecto presente en toda la historia de la Doctrina Social de la Iglesia

El Papa es enfático al denunciar la maldad del sistema económico actual, puesto que promueve la exclusión de millares de personas; de tal manera que hoy todo entra en el juego de la competitividad, en el que el más fuerte se sobrepone a los más débiles, condenando a estos a la exclusión, a la marginación absoluta. Francisco lo resume en una pequeña frase: “Esta economía mata”. 

Si bien no hace una referencia explícita al capitalismo, hay una referencia a la “teoría del derrame”, promocionada por el libre mercado. Esta supone que, al darse las condiciones de crecimiento económico en el marco de la libertad de mercado, la mano invisible de éste lo regulará, de tal manera que se genere una mayor riqueza y equidad social. Sin embargo, una vez lleno el vaso, en vez de desbordarse en favor de los menos favorecidos, éste crece mágicamente, acrecentando a su vez las barreras sociales. En estas circunstancias el ser humano es considerado como una mercancía, como un bien de consumo que puede ser desechado, teniendo que padecer no sólo la explotación y la opresión, sino también la exclusión, ya no hace parte de la sociedad, sino que está fuera de ella.

En Evangelii gaudium el Papa nos indica el camino para la restauración de la Iglesia, aspecto que involucra la conversión a los pobres. En el seno de la Iglesia los cambios no se dan desde estructuras jerárquicas de poder, sino que involucra la propia misión evangélica: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos.” (Lc 4, 18). 

Podemos concluir por consiguiente que una vida verdaderamente cristiana implica un compromiso por el bienestar de la comunidad, acciones que promuevan la dignidad humana y que reflejan la convicción y práctica del Evangelio mediante una opción preferencial por los pobres, aspecto que trataremos en la próxima entrega en sintonía con la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium

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*Por: Pbro. Fabi Said Castro, administrador parroquial Santa María de Pentecostés / Capellán Instituto San Pablo Apóstol.

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