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Editorial

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Volviendo a los templos y a las parroquias

Imagen:
CEET
Este desierto ha dado un respiro a los sacerdotes para revitalizar su acción pastoral y celebrativa y para volver con nuevos bríos y quizás con algunas buenas novedades

Se ha iniciado el retorno de los fieles a sus templos e iglesias parroquiales. Con ello vuelve a tomar un nuevo aire la vida de la Iglesia, que, como se ha dicho siempre, “vive de la eucaristía”. En la celebración de la cena del Señor se anima toda la vida eclesial. La interrupción de la vida litúrgica de la Iglesia ha sido una prueba muy dura para toda la comunidad de fe. Pero también ha sido ocasión para hacer un alto en el camino respecto a la actividad celebrativa de la Iglesia, que, sin duda, con la rutina y la repetición sufre un inevitable desgaste. El gran ayuno eucarístico que se ha tenido en los últimos seis meses ha sido oportunidad para contemplar y valorar este magnífico sacramento dejado por Jesucristo a sus discípulos. También este desierto ha dado un respiro a los sacerdotes para revitalizar toda su acción pastoral y celebrativa y para volver a ellas con nuevos bríos y quizás con algunas buenas novedades.

También se deben ir abriendo progresivamente las puertas y las actividades de las parroquias. Pese a los buenos oficios que ha prestado el universo digital, no se puede olvidar nunca que la Iglesia es encuentro, asamblea, comunidad presencial. Y se debe tender de nuevo a recuperar poco a poco esta vida comunitaria que hace palpable y visible la Iglesia de Cristo en todo el mundo. Son infinitas las actividades que se dan en una parroquia viva, además de las litúrgicas. Se cuentan los grupos de catequesis para los sacramentos, las comunidades orantes, los ministros extraordinarios de la comunión que sirven a la liturgia y a los enfermos, las asociaciones de caridad, los grupos de estudio y formación, etc. Se deben ir congregando de nuevo para formar la fe y para apoyarse en la vivencia de la misma.

Ya en los primeros momentos de este reencuentro en las parroquias y en los templos se logra percibir la inmensa necesidad que tienen las personas de encontrarse en el ámbito espiritual. En gran medida la pandemia y la cuarentena han sido sobre todo pruebas espirituales, además de serlo para la convivencia, lo laboral y lo económico. Pero como pocas veces había sucedido antes, las grandes limitaciones impuestas por la crisis, han llenado a las personas de interrogantes, de inquietudes, de incertidumbres. Y es en la vida espiritual donde pueden darse las respuestas más importantes y duraderas. También en el reinicio de la vida normal de trabajo, estudio, interacción social. Por eso es importante que las parroquias, con sus sacerdotes a la cabeza como pastores propios del pueblo de Dios, estén debidamente preparadas en lo pastoral y en lo espiritual para acoger de nuevo a sus comunidades. Ojalá no se limite todo a seguir la vieja rutina de antes.

Es bueno que el retorno a los templos y a las parroquias sea progresivo y gradual. Esto permitirá que en lo logístico todo funcione muy bien para el cuidado de todas las personas. También ayudará para percibir con precisión los aspectos nuevos que se han generado durante la ausencia de los feligreses en estos lugares. Y, de igual manera, permitirá que los párrocos y sus consejos pastorales, esperen a su feligresía con propuestas nuevas y atrayentes. Y, quizás, se marcará una pauta al no aconsejarse grandes aglomeraciones de personas, que haga de todo encuentro parroquial, litúrgico o no, algo más cercano, personal, sereno y de verdadero encuentro entre hermanos. Hasta hace poco nuestra Iglesia era de multitudes. Ahora, un retorno en pequeños grupos podrá facilitar algo más personal, más cálido y quizás de mayores compromisos en pastores y fieles. En fin, sean bien llegados todos los católicos de nuevo a sus templos y parroquias. Allí siempre estará presta la Iglesia a ofrecerles los dones que Cristo ha dispuesto para la salvación de todos.

 

 

 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones

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