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Editorial

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Temas complejos en un año nuevo

Imagen:
codeiv.org

Se atrevió el papa Francisco a mencionar ese desorden de afectos que se ha instalado en muchas personas, dando preferencia a los animales por encima de las personas; en ocasiones, como presunto reemplazo de los hijos.

 Y, ¿quién dijo miedo? Es un tema tabú como tantos otros en una sociedad que alardea de ser de mente abierta y, sin embargo, en realidad, es sorda a cualquier voz contraria.

Hace bien el santo padre en llamar la atención sobre un tema que va mucho más allá y que tiene que ver con un descenso de la natalidad hasta alcanzar unos números negativos que, más temprano que tarde, van a ser un problema grande para toda la humanidad.

Y esto lo sostienen muchos hoy desde otras tribunas, especialmente, en las llamadas naciones desarrolladas, pero que ya asoma con fuerza en países en pleno desarrollo como Colombia. No tener ningún hijo no es solución de ningún problema y sí una muestra, en algunos casos, de un egoísmo enorme.

En esta negativa a abrir campo a la vida no es menor el reto que plantea la difusión y práctica de la eutanasia como una solución más a las dificultades de la vida.

Todo apunta a que se le presente como una opción más, sin muchas preguntas éticas, cuando la existencia se hace difícil por una u otra circunstancia. En el fondo de esta mentalidad está la afirmación de que el sufrimiento hace indigna la vida y que las personas nunca deben sufrir.

Es muy posible que esta forma de pensar termine por desarrollar todo un sistema que facilite al conjunto de la sociedad herramientas para terminar la vida a voluntad y no sería extraño que lleve también a dar autoridad a unos para decidir el fin de la vida de otros.

Bajo el aparente velo de la compasión puede esconderse también una especie de selección a favor de los más fuertes para que solo ellos sigan viviendo. Puede ser posible que en algún momento la persona sea informada de que la decisión de seguir viviendo ya no está en sus manos, sino en manos del Estado, del “sistema”, de los centros de salud, etc. Horas oscuras se ciernen sobre los débiles.

Por otra parte, la omnipresente pandemia sigue planteando duros retos para toda la humanidad. Parece que un mal anticipado triunfalismo no ha hecho sino darle más alas a la propagación del COVID 19 en todas sus variables. Y no ayudan de ninguna manera las personas y movimientos opuestos a las vacunas y a la vacunación.

Tanto el papa Francisco como la comisión vaticana creada para hacer seguimiento al tema, han reiterado que la Iglesia está a favor de la aplicación de las vacunas que, sin garantizar un 100% de protección, de hecho, han demostrado ser una herramienta muy eficaz para afrontar la pandemia.

A favor de esta posición están sin duda las estadísticas y el trabajo serio y dedicado de los científicos y el personal médico a lo largo y ancho del mundo. Mantenerse en una posición de negación, tanto de la presencia del virus como de las soluciones alcanzadas, es inaceptable pues pone en riesgo millones de vida en forma innecesaria. Es imperativo seguir invitado a los negacionistas a entrar en razón.

Finalmente, a la Iglesia le queda por delante todo un replanteamiento de su actuar pastoral, a partir de las consultas que actualmente se adelantan a través del Sínodo convocado por el santo padre. Y también por la pandemia que se ha vuelto un obstáculo, a veces insalvable, para que se congreguen los fieles en innumerables actividades pastorales pues la Iglesia es por esencia congregación.

Además, la Iglesia está abocada a responder con fidelidad a la Palabra de Dios, a los primeros temas enunciados para orientar a sus hijos con sabiduría y buen tino.

También, en diferentes lugares y ambientes, la Iglesia enfrenta no solo persecución en firme, sino una cultura de cancelación que la quiere invisibilizar.

En fin, a la Iglesia el nuevo año le presenta retos enormes en los cuales está curtida por siglos de experiencia, pero esto no implica ni que las cosas sean fáciles ni las soluciones inmediatas.

Hay que orar mucho, reflexionar, estudiar, dialogar con el mundo y proponer respuestas que apunten siempre al objetivo de su misión: llevar la salvación de Dios a todas las personas.

Muchos otros temas están a la vista para el mundo, para la Iglesia, para cada cristiano, en el año que comienza. Que nadie renuncie a realizar la misión recibida, siempre en fidelidad al plan de Dios.

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