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Editorial

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Obispos para Facatativá y Soacha

Imagen:
OAC
El santo padre ha nombrado a monseñor Pedro Manuel Salamanca Mantilla como nuevo obispo para la Diócesis de Facatativá

Y a monseñor Juan Carlos Barreto para la Diócesis de Soacha. Con estas designaciones, ambas iglesias particulares salen de su estado de espera y pueden reemprender con nuevos bríos la tarea evangelizadora con cabeza visible.

Aunque las dos diócesis tienen realidades muy distintas, por ejemplo, por ser una muy rural y la otra casi toda urbana, ambas hacen parte de Cundinamarca y sobre todo tienen una relación muy estrecha con Bogotá en todo sentido. Por eso mismo su realidad eclesial y evangelizadora también presenta muchos rasgos comunes con la provincia eclesiástica.

Monseñor Salamanca llevaba varios meses administrando la Diócesis de Facatativá y había encontrado un ambiente muy favorable para su labor, entre otras razones, porque buena parte del clero de allí se formó en el Seminario de Bogotá, del cual fue un insigne maestro de teología y por tanto ya se conocían.

Esta Diócesis presenta una doble faceta pues tiene una gran extensión rural y al mismo tiempo unas poblaciones tales como Mosquera, Madrid, Funza, que tienen prácticamente características urbanas. Campesinos y una población obrera, por ejemplo, en los cultivos de flores, caracterizan a los habitantes de esta región. El campo está viviendo con fuerza el éxodo de la gente joven a la ciudad y un serio despoblamiento empieza a amenazarlo, con las consecuencias para la producción de alimentos para Bogotá.

A monseñor Salamanca le espera un gran reto para amoldar esta iglesia particular a los tiempos actuales, con sus cambios irremediables y con una situación vocacional que es preocupante.

No es de menor dimensión el reto que se le presenta a monseñor Barreto al frente de la joven Diócesis de Soacha. Quizás son pocas las ciudades del país que concentren tantas situaciones diversas y problemáticas como la de esta urbe vecina a Bogotá. Siendo una población muy antigua en sus orígenes y de realidades rurales hasta hace poco, Soacha ha mutado a ser una realidad compleja, con enormes retos sociales y cinturones de pobreza que la agobian día a día.

A nivel eclesial no ha logrado todavía la conformación de un clero propio y hasta ahora ha podido pastorear la grey con la colaboración de sacerdotes de muy diversa procedencia. Tiene experiencias interesantes y muy comprometidas a nivel de la pastoral social y de la educación y quizás allí hay unos caminos para seguir recorriendo. También tiene una relación inextricable con todo lo que es y sucede en Bogotá, también en lo eclesiástico.

Los dos obispos elegidos tienen méritos de sobra para hacerse pastores de Facatativá y Soacha. Son hombres de Iglesia sin la menor duda, de sólida preparación intelectual y espiritual, y ya han sido probados en los difíciles terrenos de los problemas de Iglesia y del país, ninguno de ellos de fácil manejo. Son personas de mente actualizada y en plena sintonía con las alegrías y angustias de la gente de hoy.

Con toda seguridad, en los dos obispos, como en la gran mayoría de personas y sectores de la Iglesia, resuenan preguntas acerca de cómo hacer una nueva evangelización seria, profunda, continuada y fiel al mandato divino de anunciar el Reino de Dios. Podrán apoyarse mucho en la iglesia metropolitana y en las demás de Bogotá y Cundinamarca.

Auguramos a las Diócesis de Facatativá y Soacha y, también, a sus nuevos pastores, un camino lleno de frutos, sabiendo que siempre es Dios quien hace la obra y que a sus servidores fieles los recompensa con creces.

 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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