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Editorial

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Hermanos todos

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Es necesario que la humanidad recupere su capacidad de sentarse a conversar para decir y escuchar, para presentar la propia identidad y para reconocer la del otro

Sigue profundizando el papa Francisco las principales líneas de pensamiento que ha venido proponiendo desde su elección en la sede petrina. Su reciente encíclica Fratelli tutti tiene el carácter social que tanto marca su quehacer pastoral, lo mismo que su intento por hablar un lenguaje universal que supere los límites de la Iglesia católica. Vuelve con insistencia sobre temas ya conocidos de su magisterio como el cuidado de la creación, la irracionalidad de levantar muros entre las naciones, la necesidad de dar voz a los pueblos aborígenes, la situación de los migrantes, los límites del capitalismo en su versión actual llamada neoliberalismo, etc. Hace bien el santo Padre en volver una y otra vez sobre estos temas capitales porque el mundo es duro de corazón para entrar en razón en aspectos que hoy en día son prácticamente de vida o muerte.

De todos los temas tratados por el papa Francisco vale la pena resaltar, entre otros, su propuesta del diálogo social. Básicamente es sencilla, pero profundamente humana y necesaria como pocas cosas hoy en día. Un diálogo marcado por el deseo de la verdad, por un esfuerzo sincero de construir una cultura del encuentro y de la amistad social. Es necesario que la humanidad recupere su capacidad, a nivel individual y a nivel comunitario, de sentarse a conversar para decir y escuchar, para presentar la propia identidad y para reconocer la del otro, para compartir las propias fortalezas y recibir las del interlocutor. No tiene sentido que la humanidad se deje atrapar por muros, nacionalismos, localismos. Es impensable que, en la época con más medios de comunicación en toda la historia de la humanidad, los hombres y las mujeres sean incapaces de escucharse con respeto y confianza.

Esta propuesta del papa Francisco puede trazarle también un acento a una antigua misión de la Iglesia: ser mediadora entre partes en conflicto o no, ser generadora de confianza para que los hombres conversen entre sí, crear puentes entre grupos sociales que a veces se miran como irreconciliables. Esto lo ha hecho la Iglesia desde siempre y basada en su fortaleza moral y también en que no tiene armas y por lo mismo nadie puede endilgarle propósitos distintos a crear armonía y paz en medio de las gentes del mundo entero. El diálogo social tiene hoy todo el sentido viendo cómo los dirigentes más importantes del mundo y también muchos dirigentes locales, tienen un discurso unidireccional, negándose a escuchar y a ver a quienes en verdad los rodean. Esto termina siendo una actitud que prácticamente niega la existencia de muchas personas, comunidades y naciones.

El documento pontificio puede tener, por otra parte, una gran utilidad en Colombia. Las tensiones sociales actuales son innegables e impredecibles. No pocos dirigentes políticos y sociales están encerrados en su única palabra y postura. La descalificación del otro, marca hoy la mayoría de relaciones sociales y políticas. Existe, pues, para la Iglesia católica en Colombia, una oportunidad de oro para enfatizar más, porque lo hace constantemente, esa labor mediadora y de este modo ayudar a que los colombianos se unan con propósitos realmente trascendentes y realmente para el bien común. La tarea es compleja porque se ha sembrado en la nación una verdadera enemistad social por todas partes y el pueblo colombiano está como raptado por extremos que todo lo contaminan. En ese sentido, sería interesante que la Iglesia, con la arquidiócesis de Bogotá a la cabeza, propusiera un gran diálogo nacional, pero con nuevos y jóvenes dirigentes. El país está necesitado de nuevos discursos, mentalidades políticas más modernas, propuestas más integrales que las que hoy en día se escuchan. La propuesta del Santo padre Francisco, ya insinuada por el arzobispo Primado, Rueda Aparicio, es clara: hablemos para ser amigos. Lo demás se dará por añadidura, dijo el mejor amigo de la humanidad.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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