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Editorial

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El trabajo bíblico en la Iglesia

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La web sobre Religiones

La cultura actual en el mundo entero tiende a tratar de uniformar a las personas y a las comunidades. Es una cultura ultra-consumista, hedonista, que cancela al que no está en el mismo plan, violenta con los que piensan diferente y tiene unos guías e inspiradores de una superficialidad y pobreza humana que poco se puede esperar de ellos y ellas. Esto hace que todas las personas y comunidades e instituciones que tienen proyectos de vida bien definidos, valores establecidos y reconocidos, antropologías fundadas sólidamente estén hoy sometidos a una presión muy fuerte y a mil interrogantes. La Iglesia no es la excepción.

Siempre que la Iglesia se vio en situaciones semejantes tuvo la sabiduría para retornar a las fuentes perennes que la han alimentado en su fe y la han sostenido en el tiempo y en la misión. Y en la Iglesia a nadie le cabe la menor duda de que su fuente principal es la Sagrada Escritura, leída con fe y en sintonía plena con la tradición viva.

El encuentro constante de los bautizados con la Palabra de Dios, bien sea a nivel personal, comunitario o celebrativo, se constituye en la mejor manera de vivir como discípulos misioneros y tener la luz necesaria para moverse en la aplastante cultura actual que poco quiere saber de trascendencia y de los planes salvíficos de Dios. Si cada cristiano o la Iglesia toda rompe o deja adelgazar demasiado el vínculo con la Palabra de Dios, no solo pueden terminar claramente mundanizados, sino también siendo títeres de ideologías, organizaciones, radicalismos o de una tibieza espiritual que hace más mal que bien.

El Sínodo que ahora se siente en toda la Iglesia ha propuesto, primero, una gran escucha del pueblo de Dios y se ha venido dando ampliamente. Debe seguir una gran escucha de la Palabra divina para que tantas voces humanas se confronten con el Verbo de Dios y en este encuentro se logre la luz para los tiempos actuales. Nadie debe dar por sabido lo que el Espíritu tiene para la Iglesia y para cada bautizado en cada momento de la historia. Siempre aparecerá algo nuevo, sabio, oportuno y dinamizador de la fe cristiana.

La Iglesia no debe ni puede definir su tarea y su futuro simplemente como una organización humana que pide prestadas misiones, visiones, estrategias, métodos, etc. En la fe y la Palabra está la semilla de todo el quehacer eclesial.

Hoy, por fortuna, en la Iglesia hay de nuevo una nueva especie de movimiento bíblico, no tanto de corte académico ni de especialistas, sino como una gran corriente que está tocando todo proyecto y acción pastoral: la catequesis, la iniciación cristiana, la preparación a los sacramentos, la predicación, las escuelas de oración. Ese es el camino correcto y hay que seguir animándolo, acompañándolo y ampliándolo todo lo que se pueda. Es la mejor manera de formar verdaderos cristianos, de fortalecer la fe de la Iglesia y de tener muy claros los aportes espirituales, antropológicos, comunitarios que la Iglesia puede ofrecer al mundo entero.

Con serenidad, con profundidad y con perseverancia, el trabajo bíblico que hoy se desarrolla en la Iglesia puede ser la semilla de una nueva primavera de la fe en medio de un invierno del sentido de la vida que está tocando buena parte de la humanidad.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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