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Editorial

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Cuidar la vida, servir la vida

Imagen:
OAC
El arzobispo Rueda y sus auxiliares ven que lo pertinente es actuar en perfecta armonía con las disposiciones emanadas del gobierno nacional y del gobierno distrital

Como es apenas natural, la comunidad católica de Bogotá extraña muchísimo la celebración de la eucaristía. Son ya varios meses sin que se haya podido congregar la comunidad creyente de los hijos e hijas de Dios para recibir el pan de la palabra y el pan de la eucaristía. Sin embargo, esta cesación del culto católico tiene razones más que fundadas en aras de preservar la vida de todos. Dondequiera se celebre una santa misa en Bogotá, la concurrencia es grande y muchas veces multitudinaria. Ningún ambiente más propicio para la transmisión de un virus como el que actualmente azota a la humanidad entera. Por eso mismo, este verdadero ayuno eucarístico debe seguir siendo asumido por la comunidad católica con serenidad, con sentido de esperanza y también de solidaridad con todos los habitantes de la ciudad y de la región.

El arzobispo primado, monseñor Rueda Aparicio y sus obispos auxiliares, han reiterado, en comunicado emitido el día 1 de agosto, la importancia de que todos los católicos se sitúen en un plan claro de servir y cuidar la vida. Esto implica mantener los templos cerrados hasta que se den las condiciones propicias y seguras para abrirlos y de este modo evitar poner en riesgo a los fieles, a los sacerdotes y a todas las personas que entren en contacto con unos y otros. No tiene ningún sentido “hacer presión” para que se abran antes los templos. La Iglesia hace parte de la comunidad humana en todas partes y debe ser solidaria y responsable para que sus actuaciones sean favorables a todos. El Prelado y sus auxiliares ven también que lo pertinente es actuar en perfecta armonía con las disposiciones emanadas del gobierno nacional y del gobierno distrital.

Pero el cierre de los templos no impide de ningún modo que la Iglesia siga al servicio de la vida. Primero, en el orden espiritual. En la medida de las posibilidades y con las debidas precauciones se pueden, y así se ha hecho, celebrar algunos de los sacramentos, como el bautismo, la confesión, la unción de los enfermos. La eucaristía ha encontrado en la transmisión por las redes un aliado insospechado para llegar con el poder de la palabra y de la oración a infinidad de personas. La Arquidiócesis de Bogotá ha dispuesto una “Línea de esperanza”, telefónica, para que quien así lo requiera encuentre quién lo escuche en sus momentos de inquietud y ansiedad. El Banco de Alimentos y todas las parroquias han venido surtiendo con alimentos a miles y miles de personas, pues el desempleo y la imposibilidad de movilizarse ha generado una crisis muy grave en cientos y cientos de hogares de la capital. En fin, en realidad la Iglesia ha estado más activa que nunca en esta cuarentena con la claridad de que lo primero que hay que hacer es servir y cuidar la vida.

Finalmente, es importante señalar que todo bautizado debe hacer de este momento de prueba una ocasión para acercarse más a Dios y al prójimo, especialmente al más necesitado. Quien lea las páginas de la Sagrada Escritura, encontrará cómo el pueblo de Israel y la Iglesia de los inicios convirtieron cada crisis de su historia en un momento de conversión y de profunda caridad. No hubo un repliegue sobre sí mismos, sino más bien un salir en busca de la misericordia divina y del hermano más débil para ejercer la verdadera y constante caridad. Está claro que, si toda la comunidad creyente vive las actuales circunstancias con sentido de fe y de esperanza, serán al final, mucho mayores los frutos que las pérdidas, pues habrá sido oportunidad de constatar una vez más que hay un Dios de la vida que camina junto a su pueble, desde siempre y por siempre.

 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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