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Editorial

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¿Cómo vencer la enemistad social?

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HSB Noticias
En la sociedad colombiana existen hoy unas tensiones muy grandes que, si no se manejan con tino y sabiduría, pueden terminar en situaciones muy graves e indeseables


Es ya innegable que en Colombia y muy especialmente en las grandes ciudades, se ha logrado sembrar, para infortunio de todos, una honda enemistad social. Algunos la han sembrado sistemáticamente, como una metodología política claramente definida, que debe llevar al conflicto violento y destructivo y quizás al cambio de sistema de gobierno en la nación. Otros han convertido esta enemistad en la forma de hacerse sentir en el ámbito público y lados opuestos se alimentan de acusar, difamar, amenazar, calumniar al adversario. El sistema económico imperante en Colombia, con sus profundas diferencias de estratos y clases, con sus injusticias nunca del todo resueltas, también ha dado lugar a este pésimo sentimiento que hace pensar que los ciudadanos son, sobre todo, enemigos entre sí en razón de la situación económica de cada uno. Y hay otras causas de esta dolorosa situación que parece estar desbordándose incontroladamente.
El arzobispo de Bogotá, monseñor Rueda Aparicio, ha hecho una exhortación para que la sociedad colombiana trabaje a fondo por construir relaciones de amistad en el ámbito social. Para ello propone abarcar varios campos: el de la verdad, el del diálogo, el del perdón, el de la humildad, el de la austeridad y el de la espiritualidad. Pasar por todas estas instancias para llegar a las causas del malestar y para encontrar soluciones. No se resigna el Prelado a que en su ciudad y en el país, ni a que la violencia sea el lenguaje dominante ni a que las causas del malestar continúen desatendidas. Y es de la mayor importancia que la Iglesia y muchísimos actores más de la vida colombiana se hagan escuchar y sentir, dentro de la ley y la Constitución, y a través de los canales democráticos, para generar pensamiento de cambio y acciones concretas de solución, que se opongan claramente a la violencia que quiere tomar de nuevo vuelo en Colombia.
En la sociedad colombiana existen hoy unas tensiones muy grandes que, si no se manejan con tino y sabiduría, pueden terminar en situaciones muy graves e indeseables. Está en juego el conservar lo que como país se ha construido a lo largo de décadas, no obstante tantos y tan variados problemas y tantas personas encerradas en la violencia como método de acción. Destruir todo sería un retroceso de consecuencias inimaginables. Está en juego la libertad de los ciudadanos, pues está claro que los generadores de violencia quieren subyugar, no solo al Estado, sino a la misma población y en esto no hay que llamarse a engaños. Están en juego los procesos de solución de los problemas nacionales que, así sea de modo imperfecto, poco a poco han ido solucionando difíciles realidades como la guerra, el hambre, la falta de vivienda y de tierra propia, el analfabetismo, etc. Una mirada serena a las estadísticas demuestra que Colombia ha avanzado mucho, aunque queden todavía grandes cosas por hacer. Una salida desesperada podría derrumbar los esfuerzos de toda una nación.
La Iglesia tiene en la fe y en la Palabra las herramientas más valiosas para ayudar a seguir construyendo país. Ofrece también su fuerza moral para ser punto de encuentro entre partes aparentemente irreconciliables, enemistadas, y de este modo generar diálogo conciliador y sincero. Tiene su doctrina social que contiene todo un modelo de persona humana y de sociedad, basada en el criterio del bien común como elemento cohesionador e inspirador de los ciudadanos. Tiene también la Iglesia una voz firme para que los potentados en todo sentido tomen las decisiones necesarias para que el país experimente cambios profundos que mejoren sustancialmente el bienestar de todos, pero especialmente de los más pobres. Y voz también para señalar a los violentos que ese camino no es el correcto. Nos parece muy interesante y original la propuesta del Arzobispo Primado en el sentido de trabajar para que en Colombia exista una amistad social a todo nivel. De enemistades está toda la nación harta.
 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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