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Bogotá

#217016

Para respetar la vida y construir Paz es necesario escuchar

13 de septiembre de 2020
homilía
Imagen:
OAC
• Seguramente las regiones del país necesitan ser escuchadas, los campesinos, los indígenas, los que están sin empleo necesitan ser escuchados.

 

  • Nos falta aprender esa pedagogía y ese lenguaje y ese estilo del perdón misericordioso de Dios.
  • Somos unos necesitados del perdón de Dios.
  • Seguramente las regiones del país necesitan ser escuchadas, los campesinos, los indígenas, los que están sin empleo necesitan ser escuchados.

 

En la homilía de hoy 13 de septiembre, el arzobispo de Bogotá, monseñor Luis José Rueda Aparicio, ha hecho énfasis en el perdón y en la escucha como fundamentos para la convivencia pacífica, para la construcción de la sociedad y para el cuidado de la Casa Común.

La escucha y el perdón como fundamentos para la reconstrucción de la confianza después de una espantosa y violenta semana en esta ciudad.

Planteó, así mismo, el concepto de “amistad social”, enunciado por el Papa.

 

“En este domingo, el Señor continuó hablándonos al corazón. Y sí que lo necesitamos; ha sido una semana complicada; muy difícil en Bogotá, con muchas heridas, con muertes, con destrucción… y también en el país, y también en el mundo. Por eso su palabra viene a iluminar; nos viene a levantar, a darnos la ruta, el camino. Su palabra viene a indicar por dónde es el sendero y es necesario que escuchemos al Señor, que le abramos nuestro corazón para que de esa manera el diálogo y el mensaje suyo, en favor nuestro, sea salvador.

Jesús en el evangelio le está respondiendo a Pedro una pregunta, -capítulo 18 de San Mateo- ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano, hasta siete veces? y el Señor le dice: “siempre, es siempre es necesario perdonar” y luego le explica una parábola que tiene dos partes. La primera parte es la manera como un rey perdona una gran deuda, una inmensa deuda. Y, luego, como éste que recibe el perdón no es capaz de salir a ser misionero del perdón, de un perdón pequeño pero necesario.

Si recibimos el don de la reconciliación y de la segunda oportunidad es para que vayamos y demos otra oportunidad a todos aquellos que comparten la vida con nosotros, pero quiero invitarlos a reflexionar sobre el perdón y para pensar en el perdón es necesario mirar el corazón de Dios y es necesario que nos dejemos mirar por el corazón misericordioso de Dios, nuestro padre, ¿quién de ustedes, quién de nosotros, -yo el primero- quién de nosotros no ha necesitado el perdón? Todos lo necesitamos y permanentemente. Es un actuar de Dios permanente con nosotros, no es ocasional. Es su forma de relacionarse con cada uno de nosotros los seres humanos, pero nos falta aprender esa pedagogía y ese lenguaje y ese estilo del perdón misericordioso. Hoy viene en nuestra ayuda el salmo 102 que empieza diciendo: Bendice alma mía al Señor.

Para que nosotros abramos el corazón y recibamos ese Don de Dios y los transmitamos, Él perdona todas tus culpas, y cura todas sus enfermedades en tiempos de pandemia y en tiempos de pandemia de violencia; de pandemia de irrespeto a la vida.

 

El Papa nos está proponiendo algo que nos llama mucho la atención, la amistad social, amistad que debe ser vivida con humildad.

Necesitamos liderazgo, pero para construir la amistad social no para protagonismos aprovechando el luto, aprovechando el duelo, el dolor, la muerte, la confusión… No necesitamos  líderes con cientos de vanidades, no necesitamos liderazgos orgullosos. Necesitamos desde la familia, desde la sociedad, nuevos liderazgos que se pongan al servicio de la amistad social en todas las regiones, en todos los ambientes, liderazgo sin armas, sin violencia, sin necesidad del odio. Un liderazgo con sabiduría es un liderazgo que nos lleva a reclamar nuestros derechos pero con inteligencia, respetando la vida del otro y es que el Señor nos está enseñando ese camino de la amistad social a través del perdón, a través de curar nuestras enfermedades, rescatando la vida de cada uno de nosotros.

 

Él no está siempre acusando, Dios no nos está acosando ni guarda rencor perpetuo, ese rencor que nos impide pensar distinto y a la vez respetar, ¿por qué no podemos caber los que pensamos distinto? ¿por qué no podemos enriquecernos unos con otros? De eso se trata la amistad social. No es que todos pensemos lo mismo; es que todos pensemos diverso pero que lo pongamos sobre la mesa para construir nuestra familia, para construir nuestras empresas, para que haya una economía solidaria y fraterna, para que cuidemos la casa común, para que nos escuchen, para que nos perdonemos.

 Amistad social que está fundamentada en reconocer que somos hermanos, que somos hijos del mismo Padre”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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