Un buen signo de jóvenes e Iglesia
En medio de una logística extraordinaria y un clima primaveral, con acampada incluida, unos 1500 jóvenes de la capital y de algunas regiones del país se dieron cita para celebrar la fe y también la vida juvenil.
Fue un encuentro reconfortante y reanimador de la esperanza y la fe.

Estuvo presente el arzobispo de Bogotá, cardenal Luis José Rueda Aparicio; su auxiliar, monseñor Edwin Vanegas; y numerosos sacerdotes atendiendo el sacramento de la reconciliación y escuchando a los participantes. También hubo notable presencia de la vida religiosa y de la Vicaría de Evangelización de la Arquidiócesis, todos ofreciendo múltiples actividades a los jóvenes.
El escenario del jubileo fue la parroquia San Juan Bosco, regentada por los Padres Salesianos, quienes se lucieron con su apertura, espíritu de servicio y cuidado en todo el desarrollo de esta gran asamblea.
La Arquidiócesis de Bogotá ha diseñado la celebración del Jubileo de tal manera que diferentes grupos poblacionales puedan obtener las gracias y bendiciones que este año propone a los fieles bautizados. Cada mes peregrinan a la Catedral de Bogotá grupos de arciprestazgos y hace pocos días se celebró el jubileo de todos los sacerdotes de Cundinamarca y el obispado Castrense de Colombia. De este modo, muchísimas personas han tenido oportunidad de participar en encuentros de fe muy vivos y profundos, y ha sido también un signo muy elocuente de la vitalidad de la iglesia arquidiocesana. También, de su capacidad de convocar y de hacerlo en forma ordenada y cuidadosa.
El jubileo de los jóvenes fue un verdadero reto que logró una convocatoria muy significativa, dio pie a un encuentro muy vivo entre pastores y laicos jóvenes, abrió espacios para la escucha y reconciliación de esta población que está al inicio de la vida. Y sembró, sin duda, esperanzas en quienes respondieron al llamado desde la Iglesia.
El jubileo de los jóvenes generó una alegría grande en todos los participantes. Para los jóvenes fue muy interesante notar cómo desde la Iglesia se les ofrecen diversas posibilidades de acercamiento con sus mismos lenguajes y expresiones vitales. No pocos de ellos encontraron la oportunidad de ser escuchados con tranquilidad, sin afanes y sin juicios. Otros pudieron reconciliarse en medio de un ambiente distendido y amable. La carpa-capilla del campamento donde se instaló la exposición del Santísimo Sacramento nunca estuvo sola y sí, más bien, gozó de orantes en todo momento. Para los jóvenes también fue una bella oportunidad de hablar directamente con sacerdotes, con religiosas, con obispos y seguramente esto puede abrir caminos vocacionales en el futuro. Y tampoco sobra destacar que estos 1500 jóvenes compartieron dos días, noche incluida, sin que se presentara ningún problema, sin violencias ni vandalismos ni nada que pudiera desdecir de la naturaleza del encuentro. En suma, un encuentro jubilar al mejor estilo de jóvenes de Iglesia.
Este tipo de buenas experiencias le dan nuevos bríos a la iglesia de Bogotá en su tarea nunca acabada de llevar el Evangelio a todas las gentes. Enseñan que siempre hay necesidad de renovación y creatividad sana en las propuestas para las personas de hoy, muy especialmente para los niños y los jóvenes. Dejan ver que sí es posible vencer esas impotencias imaginarias que por momentos se han creado en el corazón de los evangelizadores en el sentido de que hay personas inalcanzables, ¡no es cierto!

Al mismo tiempo, estas experiencias hacen evidente una vez más que el trabajo en equipo es la mejor respuesta a los retos de la evangelización en la actualidad y que quizás sea uno de los llamados implícitos que trae el Sínodo de la Sinodalidad.
Al final del jubileo algún sacerdote sugirió realizar un evento similar a nivel nacional y proponerles el tema de la paz como tarea de ellos también. Un primer fruto que es un reto, ¡para eso es la juventud!
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