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Formación

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LITURGIA Septiembre 6 - La Iglesia como comunidad en la que se conoce y se acoge el proyecto de Dios

5 de septiembre de 2020
Jesus

El evangelista Mateo presenta la vida de Jesús a partir de cinco discursos o sermones; en la lectura del relato del evangelio según san Mateo que seguimos este año, hoy y el domingo siguiente leemos dos apartes importantes del cuarto sermón o discurso de Jesús: el discurso sobre la vida comunitaria de los discípulos. Con realismo Jesús advierte que pueden darse altercados entre los miembros de la comunidad y por ello indica la manera como los hermanos ayudan a luchar contra el pecado.

En el fragmento que leemos este domingo del sermón sobre la vida en la comunidad diferenciamos tres partes: la regla de la corrección del hermano, la confirmación del proceder del discípulo o de la comunidad mediante la fórmula ‘atar y desatar’ y la oración coincidente. Miremos cada una de estas partes.

En cuanto a la regla de la corrección del hermano es útil fijarnos en la manera como se introduce: «Si tu hermano peca contra ti»; esta regla se le propone a un discípulo que ha sido afectado por el pecado de un hermano. Evidentemente no se trata de un aliento para estimular la vigilancia o una especie de ‘cacería’ de pecadores. Quien se ha visto afectado por un mal comportamiento o una incorrección del hermano, que proceda con esta regla.

Asumiendo este punto de partida se hecha de ver que la finalidad de la regla de la corrección del hermano es evitar que se pierda quien –digámoslo así– ha comenzado a dar malos pasos. Dicho en positivo, se trata de «ganar al hermano» para la comunidad. Ello exige de unas instancias que buscan favorecer la toma de conciencia por parte del hermano, más que condenarlo.

El afectado por el pecado del hermano habla con él a solas para hacerle ver su falta, no hay que avergonzarlo acusándolo delante de la comunidad, más bien se trata de ayudar a buscar la causa para poner remedio. De no haberse logrado esta toma de conciencia se pasa a una segunda instancia, ésta ante uno o dos testigos. Desde el contexto del que venimos, entendemos que el ofendido los convoca en primer lugar para que asistan a la conversión del hermano; pero si esto no se da, solo les queda ser testimonio del proceder del ofendido.

Entonces hay que pasar a una tercera instancia, la comunidad. Allí se replica el intento por hacer tomar conciencia. ¡Tres instancias para evitar que se pierda un hermano! Como último y extremo recurso queda la autoexclusión. Quien ha llevado el proceso, es decir, el ofendido, hará de cuenta que se trata de una persona que no pertenece a la comunidad. No se ordena perseguirlo, marginarlo o prohibirle acercarse. Recordemos que en varias ocasiones los relatos evangélicos nos presentan a Jesús hablando, comiendo o acogiendo a publicanos y pecadores.

Pasemos al segundo tema, la confirmación con el ‘atar y desatar’. Dentro del contexto en el que estamos, esta confirmación está avalando la acción, en primer lugar, del ofendido que, ayudando a hacer consciente las causas, ha evitado que se pierda el hermano que ha dado un mal paso.

En segundo lugar, ‘atar y desatar’ confirma el actuar de la comunidad en pleno como comunidad de salvación, es decir, como comunidad en y por la cual se está realizando el proyecto del Reino. Este ‘atar y desatar’ que vincula la tierra con el cielo se puede comprender, a partir del concilio Vaticano II, como la presencia y acción del Espíritu Santo en cada uno de los fieles: «La totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos muestran estar totalmente de acuerdo en cuestiones de fe y moral» (Lumen Gentium, 12).

Concluye el pasaje del evangelio de la misa de hoy en este ambiente de unidad de los discípulos diciendo de la oración coincidente. Decimos oración ‘coincidente’ de los discípulos para

diferenciarla de una oración egocéntrica. La comunión de los discípulos también se manifiesta y realiza en la oración en común y con la misma intención. Esta consideración sobre la oración pone delante de nosotros una auténtica comprensión de la Eucaristía: los hermanos reunidos en el nombre de Jesús y Jesús en medio de ellos para pedir al Padre del cielo que venga su Reino.

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