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Formación

#397DFF

LITURGIA - Encuentro de libertades

14 de febrero de 2021
Jesús
El domingo pasado dejamos el relato de Marcos cuando Jesús salió de Cafarnaúm para extender el anuncio del evangelio de Dios a otros lugares.

La actividad de Jesús se amplía territorialmente. El domingo pasado dejamos el relato de Marcos cuando Jesús salió de Cafarnaúm para extender el anuncio del evangelio de Dios a otros lugares. Hemos venido reconociendo que la misión de Jesús principia por ‘pescar hombres’, también leímos que Él hace partícipes de su misión a sus discípulos y para ello los ha convocado inicialmente para este aprendizaje. En nuestra lectura continua del evangelio de la misa los domingos hoy tenemos la tercera lección del aprendizaje de pescar hombres.

La primera lectura de la misa de hoy (Levítico 13, 1-2.45-46) expone parte del ritual para excluir de la comunidad a quien contrae la enfermedad de la lepra; la eventualidad de esta afección es tratada como una cuestión religiosa más que médica. En una teocracia, como es el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, el enfermo de lepra es excluido de la comunidad religiosa y laica. Además del abandono de la vida familiar y laboral el enfermo de lepra tiene que prevenir a los demás anunciando su presencia: «¡Impuro, impuro!», para evitar contagiarlos.

Pues un hombre marginado por la institución religiosa es quien se acerca a Jesús en el episodio del evangelio de la misa de este domingo (Marcos 1, 40-45). Comencemos por constatar en el gesto de este hombre enfermo de lepra la libertad de un ser humano. Este hombre pasa por sobre los preceptos de una ley que lo obliga a mantenerse a distancia de los demás; una osada libertad lo lleva a dejar el aislamiento decretado por la institución religiosa para salir al encuentro de Jesús.

Quien se ha enterado de la actividad liberadora de Jesús no quiere dejar que él pase de largo por su vida. Conocedor del poder de Jesús, acude a él: «Si quieres, puedes limpiarme». Desde su libertad este hombre se acerca con una petición que dirige a la voluntad de Jesús: «Si quieres…».

La primera reacción de Jesús referida por Marcos es la compasión ante la situación del hombre que sale a su encuentro, una situación personal que manifiesta cómo el mal se apodera del ser humano y lo degrada. Podemos comprender que también Jesús aquí manifiesta su compasión frente a la situación de marginación que deshumaniza.

La segunda reacción de Jesús es atender la petición de este hombre. Aquí se manifiesta la libertad de Jesús que, dejando atrás prescripciones sobre la pureza ritual, extiende la mano y toca al leproso. Y junto con el gesto una palabra: «Quiero: queda limpio». La voluntad de Jesús responde a las más hondas aspiraciones del ser humano.

En el centro del episodio del evangelio de la misa de este domingo se nos presenta la salvación como el encuentro de dos libertades, de una parte, la libertad del hombre que desde su necesidad se convierte en receptáculo para acoger el don de Dios y, de otra, la libertad de Jesús para comunicar el don que lleva a la plenitud la libertad humana.

En la propuesta que venimos haciendo para comprender los inicios del ministerio de Jesús en el relato de Marcos, encontramos aquí la tercera lección en el aprendizaje de ‘pescar hombres’. Pescar hombres como sustraer a la persona del sistema de pureza ritual y religiosidad que margina; pescar hombres es sustraer a la persona de situaciones deshumanizadoras para orientarla hacia la plenitud en Dios, en quien hallamos la auténtica libertad.

Es doble el efecto del encuentro de estas libertades en el relato de Marcos: «la lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio». El mal manifestado en la enfermedad se va, pero además el hombre recupera su libertad plena. Notemos que es conminado por Jesús a cumplir con los ritos señalados para reincorporarse a la comunidad que lo mantenía marginado: «Él lo despidió, encargándole severamente: (…) ‘ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio’». El que fuera leproso ha sido liberado del sistema de pureza legal que lo marginó.

Esta experiencia de libertad convierte al que había sido leproso en evangelizador, ahora irá animando a los otros para correr el riesgo de la libertad y buscar el encuentro personal con Jesús. Es necesario el encuentro con Jesús para que nosotros también alentemos a otros a salir del propio lugar de confort. El encuentro personal con Jesús tiene que llevar a los miembros de nuestra Iglesia a vencer los miedos y a ser audaces en la forma de vivir el seguimiento y de realizar el servicio de la evangelización.

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