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Formación

#397DFF

Liturgia - En últimas, ¿para qué es la religión?

25 de octubre de 2020
Jesus
Estamos leyendo en el evangelio de la misa dominical la confrontación entre el anuncio del Reino que hace Jesús y diferentes tradiciones del judaísmo de su tiempo

En el fondo nos hemos encontrado con una serie de denuncias a través de las cuales Jesús cuestiona cierto estilo de religión. La lectura de estos episodios ha servido para mirarnos a nosotros mismos y buscar más autenticidad en la forma como nos relacionamos con Dios.

En el episodio que leemos hoy (Mateo 22, 34-40) es un miembro del grupo fariseo y doctor de la Ley quien busca controvertir con Jesús a partir de una pregunta fundamental para los fariseos. 

Para la mejor comprensión de la escena es útil recordar que los fariseos buscaban llevar la práctica religiosa hasta las más triviales situaciones de la vida cotidiana y para lograr este propósito llegaron a crear un entramado de preceptos con interpretaciones de la Ley para los casos más cotidianos. A los doctores de la Ley fariseos estas ramificaciones les significan un magisterio auténtico, expresión de la voluntad divina.

Prácticamente toda actividad estaba reglamentada por estas deducciones hasta el punto de que un devoto fariseo debía estar pendiente de cumplir algo mandado –por 248 preceptos– o evitar algo censurado –por 365 prohibiciones–. Conocida esta manera de ‘cuidar’ la relación con Diospodemos recabar en lo importante que es para el doctor de la Ley la pregunta que dirige a Jesús: en esta vorágine de normas es importante saber cuál es el mandamiento más importante.

Vengamos a la pregunta que nos refiere el evangelio de la misa: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?». El fariseo busca en Jesús la respuesta de un maestro, es decir, espera encontrar en las palabras de Jesús orientación básica para la relación con Dios; aunque el fariseo busca poner a prueba a Jesús, no podemos dejar de considerar que se trata de una consulta sobre un tema religioso. 

Para un fariseo la Ley no es solamente la expresión de la relación con Dios, es fundamentalmente la misma relación. Quien controvierte con Jesús en el evangelio de la misa de este domingo toca un tema vital para él, de modo que su pregunta la podemos entender como la pregunta sobre la finalidad última de la religión. 

La pregunta por el mandamiento ‘principal’ (en el texto griego ‘megále’, el más grande) es la indagación de una persona piadosa, que bien puede tratarse de un fariseo de la época de Jesús o de un católico de nuestros días, la necesidad de alguien que busca acercarse a Dios y entonces quiere saber cuál es la vía más expedita. 

La respuesta de Jesús está constituida básicamente por dos citas del Antiguo Testamento –Deuteronomio 6, 5 y Levítico 19, 18–, dos frases que todo piadoso judío sabe de memoria. Lo central e importante de la respuesta es la relación que Jesús propone entre estas dos frases o preceptos de la Ley.

El amor a Dios, ‘con todo el corazón’ indica indivisibilidad; ‘con toda el alma’ indica estar dispuesto a llegar hasta el martirio; ‘con toda la mente’ indica las facultades intelectivas. Estos predicamentos del amor a Dios alejan el tema del campo de las evasiones sentimentales para situarlo en el terreno de la entrega íntegra de la persona; el amor a Dios en estos términos implica conocer y obedecer a Dios dentro del mundo; conocer y obedecer a Dios desde la realidad concreta de cada uno en cuanto ser humano.

La segunda cita se refiere ‘al prójimo’. Prójimo es todo semejante, el universo de todos los seres humanos. Y amar al prójimo indica un comportamiento práctico y solidario frente a toda la comunidad. Es algo del orden práctico y tan natural como el ‘amor a uno mismo’; el segundo mandamiento, semejante al primero, nos invita a amar al prójimo como uno espontáneamente cuida de sí mismo.

El mensaje central del evangelio de este domingo radica en la relación que Jesús establece entre estas dos frases explicativas. En primer lugar, Jesús afirma que el amor a Dios es el mandamiento más importante y primero, pero que hay otro ‘segundo que es semejante’, es decir, que es igualmente importante. A partir de esta introducción entendemos que el primer mandamiento fundamenta y nutre al que es segundo, dicho de otra manera: conocer y obedecer a Dios dentro del mundo fundamenta y nutre el amor al prójimo.

En segundo lugar, al relacionar los dos mandamientos, Jesús dice que estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas, o lo mismo, que el objeto de la religión está ordenado a estos dos mandamientos. Así llega Jesús a responder a la pregunta del fariseo doctor de la Ley: en últimas, ¿para qué es la religión?

La relación que Dios mismo ofrece a todos a través de la revelación –mandamientos– tiene un profundo sentido social; la búsqueda de Dios y la comunión con Él implica para el creyente un comportamiento solidario con todos los seres humanos, pero a su vez, el comportamiento práctico y solidario con los semejantes nace y se alimenta de la relación de comunión con Dios. Para esto sirve la religión: para que el ser humano, enraizado profundamente en Dios, sea artífice de justicia en el mundo. La comunión con Dios nos ha de llevar a transformar nuestro mundo.

 

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