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La vida es el tiempo de producir para Dios

19 de noviembre de 2023
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Hermanos: Ninguno de nosotros puede caer en el error de entender la fe en Dios, el seguimiento de Jesús, la vida de la Iglesia, como un invernadero, esto es, de forma pasiva y estática. Cuando se habla de fe en Dios no se trata de algo que se tiene y se esconde.

La fe es una vida que nace, que crece, que se propaga, que nos pone en camino, que produce frutos, que se deja cuestionar por el Evangelio, que nos lleva a vivir como lo que somos: Hijos de Dios y hermanos, que nos convierte en obreros constructores del Reino desde y en una Iglesia fiel a Jesús; una Iglesia bien cercana a los hombres y a las mujeres de nuestros días; que busca, que escucha, que acompaña a los que sufren, que es creativa en su acción pastoral. La fe en Dios, la vida cristiana es amor, es entrega, es servicio a los hermanos. Es nuestra responsabilidad como hijos de Dios en la historia.

Es lo que nos enseña “La parábola de los talentos”, bien conocida por todos nosotros. Es una llamada a la actividad creativa, a la iniciativa, al compromiso responsable, a crecer como personas y como hijos de Dios. La vida es el tiempo de producir para Dios y para los hermanos sin miedo a correr riesgos.

Un hombre, antes de salir de viaje, confía sus bienes a tres empleados. Dos de ellos de inmediato empiezan a trabajar y, al regreso del señor, le muestran que han duplicado sus talentos y por ello son calificados como “Empleados fieles y cumplidores”.

El modo de actuar del tercero, en cambio, es totalmente diferente: “Esconde bajo tierra”, el talento recibido y es tildado de malo, inútil y perezoso. Enterró el gran regalo de la vida, y la condenó a la esterilidad, no la hizo fructificar.

Ese no es el espíritu del Reino de Dios y de la comunidad cristiana. No se trata simplemente de “conservar”, de “mantener”, de “guardar” y muchos menos de “enterrar” la fe y la vocación cristiana. Eso es congelar el Evangelio. Eso es defraudar a Dios. Nuestra fidelidad a Él tiene que ser creativa. El Reino de Dios se acoge, se vive, se anuncia como testigos y apologetas valientes. La fidelidad a Dios y al Evangelio no se expresa en la pasividad y el miedo a actuar, pueden llegar a ser expresión de infidelidad al Evangelio.

Padre Carlos Marín G.

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