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El sí del Padre al camino de Jesús como mesías

25 de febrero de 2024
3we

Jesús empieza a predicar el Reino de Dios, pero no es comprendido, y es tildado de endemoniado, de blasfemo, de loco; su mesianismo no es entendido ni reconocido por dirigentes religiosos ni por sus discípulos. Así lo narra San Marcos en sus primeros capítulos.

La Transfiguración es la confirmación de la identidad y la filiación divina de Jesús. Lo hace el mismo Padre del cielo, no solo a Jesús, sino a tres de sus discípulos. Todo lo que Jesús ha realizado hasta ese momento, y todo lo que ha de realizar, es lo que Su Padre quería y quiere. El Padre lo reconoce como su Hijo Amado y lo pone como norma de vida y de seguimiento para todos, por encima de Moisés y Elías, o sea, de la Ley y los Profetas; por eso pide: “Escuchadlo”.

Los autores católicos interpretan la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor como un anuncio anticipado de la Pascua, como una experiencia que ilumina y alienta a los discípulos después de haber oído a Jesús hablar del camino hacia Jerusalén y la muerte en la cruz, algo que a los discípulos aterra y desconcierta. Pero también la interpretan y predican como un don de Dios enteramente gratuito que fortalece la fe, aviva la esperanza, enciende el amor, prepara para la lucha, mueve a la generosidad, para que no dudemos ni nos desanimemos, para que no caigamos en la rutina, para que gustemos un poco de las primicias del Reino de Dios.

Pero centremos nuestra atención en la voz del Padre Dios: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”; así descubriremos de una vez por todas el puesto de Jesús en la vida de cada cristiano: No confundir a nadie con Jesús, no ver ni oír a nadie que no sea Jesús.

No dudo en afirmar que buen cristiano es aquel que durante toda su vida escucha a Jesús. De esa escucha nace la verdadera vida cristiana. Ese oír a Jesús puede llegar a ser doloroso, pues nos habla de un camino de cruz, - siempre ha habido y hoy son muchos los cristianos crucificados en el mundo-. Lo que Jesús hace con su voz es llevarnos a una vida más auténtica; Él es Quien dice la verdad última; es Quien sabe por qué vivir y por qué morir. En su vida y en su palabra, no hay mentira, solo hay verdad.

En estas semanas de Cuaresma centremos nuestra vida en la Persona divina de Jesús. No nos cansemos de escucharlo, de oír su voz. Él tiene mucho que decirnos hoy a los colombianos. Mantengamos vivo o recuperemos el gusto y la alegría de escuchar a Jesús. Que ese sea el fruto de la celebración este domingo de la Transfiguración del Señor.

Padre Carlos. Marín G.

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