Sean “testigos intrépidos de Cristo”: Llamado del Papa a los cardenales al cierre del consistorio

Recordó que la misión de los cardenales radica en ser "testigos intrépidos de Cristo y su Evangelio en la ciudad de Roma y en las regiones más lejanas", como manda el Rito de Creación de Cardenales.
En esta línea, aseguró que el sentido del consistorio —que tuvo lugar entre el 7 y el 8 de enero— fue “expresar la misión de la Iglesia y llevarla a cabo juntos, en comunión”, por lo que agradeció la presencia de todos los cardenales y precisó que el Espíritu Santo “ha derramado generosamente sus dones multifacéticos”, en desarrollo del encuentro.
“Durante estos dos días, utilizamos un método sencillo, aunque no necesariamente fácil, que nos permitió encontrarnos y conocernos mejor. Personalmente, sentí una profunda comunión y sintonía con todos ustedes, y entre las numerosas contribuciones”, dijo. “También experimentamos la sinodalidad, no como una técnica organizativa, sino como una herramienta para crecer en la escucha y las relaciones. Y, sin duda, debemos continuar y profundizar estos encuentros”, agregó el Santo Padre en su intervención final, publicada por la Oficina de Prensa del Vaticano.

Jesucristo al centro y el Concilio Vaticano II como eje del camino eclesial
El Papa León aseguró que Jesucristo es “el centro de nuestra misión”. Cada uno de los 170 cardenales que participaron del consistorio, continuó, saben bien “que Jesucristo es el centro. Queremos proclamar su Palabra, y de ahí la importancia de vivir una auténtica vida espiritual que pueda dar testimonio en el mundo actual”. Destacó que los temas elegidos durante la reunión “están profundamente arraigados en el Concilio Vaticano II y en todo el camino que emergió de él”, por ello no dudó en enfatizar la importancia de continuar el “camino iniciado con el Concilio”, animando a los purpurados a hacer lo propio.
“Y este camino es un proceso de vida, conversión y renovación para toda la Iglesia. La Evangelii Gaudium y la sinodalidad son elementos importantes de este camino”, aseguró.
Eucaristía y proceso sinodal
Refiriéndose a los otros dos temas propuestos en el consistorio dijo que, aunque no fueron “necesariamente centrales”, en estos días de trabajo, “están estrechamente vinculados” al Concilio y por ello “no se han olvidado ni se olvidarán”. Entonces el Papa procedió a ahondar en la conexión entre la sinodalidad y la Eucaristía.
“El camino de la sinodalidad es un camino de comunión para la misión, en el que todos estamos llamados a participar. Por eso son tan importantes los vínculos que nos unen”, expresó.
El Pontífice enfatizó en la importancia de la conexión del Obispo de Roma con las conferencias episcopales y las Iglesias locales, fomentando “lugares de encuentro y relación entre obispos, sacerdotes y laicos, y entre iglesias, que contribuyen enormemente a fomentar la auténtica creatividad misionera”.
“Desde esta perspectiva, reitero mi compromiso de hacer mi parte y ofrecerles a ustedes y a toda la Iglesia una estructura de relaciones y servicio capaz de apoyarlos y sostenerlos, a ustedes y a las Iglesias locales, para afrontar juntos los desafíos actuales de la misión con mayor relevancia”, indicó.
“Una herida en la vida de la Iglesia en muchos lugares”
Aunque no era un tema específico del Consistorio extraordinario, el Papa quiso mencionar ante los aproximadamente 170 cardenales, electores y no electores, provenientes de todos los continentes, un problema que “hoy sigue siendo verdaderamente una herida en la vida de la Iglesia en muchos lugares”, es decir, “la crisis” generada por los abusos sexuales. Un tema denunciado en varias ocasiones por el Papa estadounidense en estos meses de pontificado. También en el Consistorio —centrado completamente en los temas de sinodalidad y misión, votados por mayoría por los cardenales— León XIV no quiso omitir un guiño a esta plaga en la Iglesia. Lo hizo en el discurso conclusivo de los dos días de trabajo, cuyo texto íntegro se publicó el 10 de enero en italiano.
“El abuso mismo causa una herida profunda que quizá dura toda la vida; pero muchas veces el escándalo en la Iglesia se produce porque la puerta ha estado cerrada y las víctimas no han sido acogidas, acompañadas con la cercanía de auténticos pastores”, afirmó el Papa en su intervención en el Aula Pablo VI. Como testimonio de su denuncia está el testimonio de una víctima con la que pudo hablar recientemente: “Me dijo que, para ella, lo más doloroso era precisamente que ningún obispo quería escucharla. Y por eso, también ahí: la escucha es profundamente importante”, subrayó el papa León.

Próximos encuentros
La escucha, tema querido por el Pontífice, es también una necesidad entre el Sucesor de Pedro y el Colegio Cardenalicio. Por esto, León XIV pidió a los cardenales continuar el camino del Consistorio para profundizar el conocimiento mutuo, fortalecer el diálogo e implementar la sinodalidad.
Luego anunció que “continuarán los encuentros” en el futuro, “pero quizás de más días, una vez al año: tres o cuatro días, como algún grupo ha sugerido. Un primer día de reflexión, oración y encuentro, luego dos o tres días de trabajo”. Mientras tanto, para este año programó una segunda sesión para finales de junio, cerca de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.
“Quisiera sugerir que, para este año, hagamos una segunda vez dos días”, dijo, alentando también a los cardenales que “tienen dificultades por motivos económicos” a pedir ayuda: “Hablen. Y pienso que yo también, nosotros también, podemos vivir un poco de solidaridad unos con otros, y habrá maneras, con personas generosas que ayudarán”. Enviar por escrito propuestas y evaluaciones “El diálogo está destinado a continuar”, aseguró el papa León.
Pidió a los cardenales “transmitir por escrito” sus evaluaciones sobre los cuatro temas propuestos —además de sinodalidad y misión, también la liturgia y la constitución Praedicate Evangelium—, así como evaluaciones sobre el Cónclave “en su conjunto” y sobre la “relación de los cardenales con el Santo Padre y con la Curia Romana”. “Yo también —prometió— me reservaré leer con calma informes y mensajes personales y luego, más adelante, darles un feedback, una respuesta y continuar el diálogo”.
Agradeciendo a los presentes y cercano a los ausentes,en su intervención final, el Papa hizo un balance positivo de esta primera experiencia de colegialidad que, señaló, “está íntimamente conectada con lo que vivimos en el Cónclave”, antes del cual, en las congregaciones generales, muchos cardenales habían expresado “el deseo de conocernos y de poder dar su contribución y apoyo”.
El Cónclave representó así “un momento privilegiado para expresar la misión de la Iglesia y hacerlo juntos, en comunión”. Indicó sentirse “profundamente agradecido” por la presencia y participación de los cardenales, “todas orientadas a apoyarme en mi servicio como sucesor de Pedro”. En particular, expresó gratitud a los más ancianos que hicieron el esfuerzo de venir: “Su testimonio es realmente valioso”. Al mismo tiempo, manifestó cercanía a los cardenales de diversas partes del mundo que no pudieron asistir por diferentes razones: “¡Estamos con ustedes y los sentimos cercanos!”. “Personalmente —añadió— he sentido una profunda comunión y sintonía con todos ustedes y entre tantos intervenciones”.
La importancia de la formación
Refiriéndose a los puntos surgidos durante los trabajos, en particular los de los 20 grupos divididos por idioma, destacó la cuestión de la importancia de la formación. La “formación de todos” —en seminarios, de sacerdotes, obispos, laicos colaboradores— que “debe estar arraigada en la vida ordinaria y concreta de la Iglesia local, de las parroquias y de muchos otros lugares significativos donde se encuentran las personas, en particular aquellas que sufren”.
Es difícil, en poco tiempo, profundizar un tema de este tipo; por eso, es necesario que el trabajo ordinario sea “ocasión de formación y crecimiento para quienes trabajamos, a todos los niveles, desde lo parroquial hasta la Curia Romana”. Un ejemplo son las visitas pastorales y todos los organismos de participación “a revitalizar”.
Apoyo a quienes sufren guerras y violencias
Al concluir su discurso, el Papa exhortó a transmitir esperanza al mundo de hoy: “No estamos reunidos aquí sordos a la realidad de la pobreza, del sufrimiento, de la guerra, de la violencia que aflige a tantas, tantas Iglesias locales. Y aquí, con ellos en nuestros corazones, queremos decir también que estamos cerca de ellos. Muchos de ustedes vienen de países donde viven con este sufrimiento de violencia y guerra”. De este camino de esperanza hay que hacerse cargo también ante los jóvenes. La esperanza, es decir, vivida en el Jubileo recién concluido:
“Hemos cerrado la Puerta Santa, pero recordemos: ¡la puerta de Cristo y de su amor permanece siempre abierta!”.
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