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Bogotá

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Parroquia Nuestra Señora de Altagracia: comunidad parroquial joven y viva en su dinámica de fe  

21 de octubre de 2021
Parroquia Nuestra Señora de Altagracia: comunidad parroquial joven y viva en su dinámica de fe
Imagen:
OAC

Erigida en octubre de 2014, por el cardenal Rubén Salazar Gómez, la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, ubicada al suroriente de Bogotá, en la localidad de San Cristóbal, se destaca por su dinamismo pastoral y por el compromiso de su comunidad en el fortalecimiento de la fe.

“Esta es una parroquia muy joven, con un territorio muy grande, y muy viva en cuanto a su dinámica de fe (…) Ha sido una comunidad muy sedienta del Evangelio”, asegura el padre Edgar Javier Barbosa Morales, párroco.

En esta línea, el sacerdote afirma que “los domingos, un promedio de unas 2 mil personas participan en las 6 eucaristías del día, celebradas en los distintos sectores. Eso marca un poco la diferencia de esta parroquia, no está centralizada. Esto también es un regalo, porque somos sectores distintos, con necesidades muy particulares, pero una sola comunidad parroquial”.

Sobre la proyección pastoral, afirma que se cuenta con un grupo de acólitos y de catequistas, distribuidos en cada uno de los sectores. “Buscamos, además, fortalecer la vida de los jóvenes, ofreciéndoles cosas que los libren, los saquen, un poco de los males que el entorno les pueda ofrecer; entonces, tenemos una escuela de formación musical en piano y guitarra, con una muy buena participación y, además, hemos iniciado una escuela de microfútbol, procurando que los niños también encuentren en el deporte espacios para verse libres de problemas, por ejemplo, el tema de la droga, que impacta también nuestro sector”.

La parroquia Nuestra Señora de Altagracia pertenece a la Vicaría Episcopal Territorial de San José y acompaña a cerca de 15 mil habitantes de una zona caracterizada por una compleja realidad social. 

“El territorio de nuestra parroquia es bastante grande. Nosotros tenemos 5 sectores: Altamira, que es el centro, donde se encuentra el templo parroquial, por construir aún. Luego, encontramos el sector de Quindío, barrio Quindío, que es el sector más antiguo de la parroquia, el cual pertenecía a la parroquia Madre del Divino Amor; es una capilla pequeñita, empotrada en la montaña, muy antigua y con un muy bonito recorrido pastoral.

Tenemos, también, al sector de Gaviotas, allí son 700 unidades de vivienda; una de esas casas es la capilla, un lugar muy bonito, un lugar de exposición al Santísimo permanente. Intentamos acompañar la vida espiritual de todas estas familias del sector. Finalmente, se encuentran las capillas de Pinares y Miraflores”.

La acción pastoral la adelanta de la mano de la religiosa Rosa Ruíz, una misionera cruzada de la Iglesia. “Ella es un regalo pastoral, porque hemos hecho comunidad: un sacerdote, una religiosa, que procuran trabajar por la comunidad”, afirma.

Momento de bendición y gozo: Consagración de la capilla Miraflores y confirmaciones

Momento de bendición y gozo: Consagración de la capilla Miraflores y confirmaciones

El pasado 17 de octubre, esta comunidad parroquial vivió un momento de gracia y bendición al encontrarse con monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, quien administró el sacramento de la confirmación a más de 70 jóvenes y consagró la capilla Miraflores, perteneciente a esta parroquia.

Durante su visita pastoral, el arzobispo destacó la alegría que sintió al encontrase con “una comunidad tan viva como esta”.

A los jóvenes los invitó a reconocer la presencia del Espíritu Santo en sus vidas, “que es como el aire: aunque no lo podemos ver, sin él no podríamos vivir. Como seres humanos nunca estaremos libres del dolor o el sufrimiento, forman parte de nuestra vida. Los papás han tenido que sufrir en algún momento... Sin embargo, los cristianos no nos dejamos doblegar por el sufrimiento, pues justamente cuando estemos pasando por momentos difíciles podemos invocar la presencia del Espíritu Santo, que vendrá en nuestra ayuda y fortalecerá nuestra debilidad”.

También, les animó a estar atentos al llamado que el Señor les haga desde una vocación específica, para responder con generosidad y compromiso a ella.

Además, se refirió a la alianza establecida entre el párroco y su comunidad: “Padre Javier, se nota que usted ama a su comunidad y que su comunidad lo ama a usted y lo acompaña como sacerdote; esa es una alianza en el pueblo de Dios, muy bella (…) Que el Señor los siga acompañando y la virgen María sea su alegría de noche y de día”.

Antes y después capilla miraflores

La capilla tiene capacidad para 380 personas sentadas.

“La misión es grande, si el Señor no construye la casa se cansan los albañiles”

Señala el padre Edgar Javier al referirse a las obras de infraestructura que, con gran compromiso y esfuerzo, adelanta la comunidad.

“Una comunidad constituida es capaz de construir su templo. No soy arquitecto, no soy ingeniero, no soy constructor, soy sacerdote… pero al lado del ministerio, de la tarea evangelizadora, de llevar el Evangelio, viene lo otro que no se puede descuidar. (…) En este camino, también hemos sentido la bendición y el acompañamiento de parroquias hermanas; por ejemplo, la parroquia Cristo Rey, a quien manifestamos nuestra gratitud. La comunidad ha puesto todo lo que nosotros podemos, porque tenemos un principio y es que no nos gusta lo regalado, tenemos que poner también nosotros. La comunidad tiene que sentir que la obra es de todos. Pero, claramente, una obra que sale con precios elevadísimos no podríamos hacerla nosotros solos”.

(…) Nosotros somos cuatro capillas y un templo, que todavía está en lata. Si el Señor lo permite, será nuestra próxima construcción”. 

El párroco

El padre Edgar Javier, oriundo de Fosca (Cundinamarca), fue ordenado sacerdote el 12 de noviembre de 2016, por el cardenal Rubén Salazar Gómez, durante sus cinco años de ministerio ha servido a esta iglesia particular como: vicario parroquial y administrador parroquial en Santos Joaquín y Ana (2016 / 2018, respectivamente); capellán en el Gimnasio Monseñor Manuel María Camargo- SEAB (2020); a partir de julio 2020, es párroco en Nuestra Señora de Altagracia.

Me siento feliz y bendecido por acompañar esta comunidad. Los bendigo por todo lo que el Señor me ha enseñado a través de ustedes y me siento muy feliz sirviendo como sacerdote en una comunidad tan bella como esta”, afirmó el presbítero.

Vea entrevista:

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Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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