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Bogotá

#217016

El reto es el mismo, lo diferente es el momento

17 de febrero de 2021
Delgado
Imagen:
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
La arquidiócesis de Bogotá no escapa a este momento de reto, en todos los frentes

La Pandemia lleva ya un año instalada en la historia, sin avisar que llegaba y sin fecha de caducidad.

Los fieles no pudimos volver a los templos durante un buen tiempo y ahora que podemos nos ha dado miedo o, tal vez, nos acomodamos a cambiar el canal de la serie policíaca al de la santa misa.

Hay muchos retos que enfrentar y, por eso, El Catolicismo habló con monseñor Daniel Delgado, vicario episcopal territorial de Cristo Sacerdote, aquí recogemos algunas de sus ideas:

 

La experiencia: Lo que hemos sentido

Lo innegable, lo inevitable. Como humanidad estamos vinculados, de manera inexorable, para bien o para mal entendimos aquello de la aldea global. Un día fatal, una persona estornuda en un mercado en una ciudad de la lejana China y todo el mundo queda paralizado, la economía se derrumba, las ciudades quedan desiertas, los lugares de culto en todas las religiones se cierran, y el miedo, La incertidumbre y la desesperanza se vuelven protagonistas. Así lo queramos ignorar, nos experimentamos humanidad, por una vez.

Corroboramos que ante situaciones de frontera como la actual, como todos experimentamos temor, como todos nos sentimos vulnerables, mortales, frágiles. Comprobamos que no somos dueños del mañana, que las agendas con base ora en la ataraxia ora en el hedonismo no aseguran la plenitud del hoy y del mañana y mucho menos, logran consular Los fracasos y carencias del pasado.

Corroboramos que la injusticia no da tregua, no descansa, no va de vacaciones.

Comprendimos el valor impresionante de las tecnologías de la información y la comunicación. En todo sentido fueron herramientas luminosas en medio del túnel en el que quedamos sumidos. Hubo quienes las usaron para fines perversos, pero fue con mucho, mayor servicio a la comunicación, al contacto, a la relación, al encuentro, a la supervivencia.

También fuimos testigos y lo somos del espíritu de solidaridad que se afirma en tiempos de crisis: Hemos compartido, quizá como nunca lo que tenemos a pesar de los escasos, y lo hemos hecho a gusto. Nos hemos hecho la primera barrera contra el mal, nos hemos atrincherado en la solidaridad, en la oración, en la compañía, hemos valorado la tarea del personal de la salud, de los organismos de seguridad, de los gobiernos, de los sacerdotes y religiosas, de los voluntariados, no nos hemos quedado en aplausos. Nos hemos juntado para servir.

En la Iglesia hemos vivido de manera especial una especie de retiro espiritual prolongado, sufrido y consolado. Un año hecho a intervalos entre cuarentenas, confinamientos totales y por localidades, con los templos entreabiertos a veces escondidos, celebrando a hurtadillas como en los tiempos de las catacumbas, menos temerosos del virus, más temerosos de las autoridades, algunas bastante abyectas, por cierto.

Vivimos este tiempo consolados por la certeza de la presencia del Señor en medio de las circunstancias. En medio de la tormenta siempre con nosotros, dándonos confianza, salvando. También recibimos permanentemente la guía del Papa, la visita del señor arzobispo y a la vez entre nosotros, estuvimos pendientes los unos de los otros. Fraternidad, fue quizás uno de los datos que más se hicieron palpables.

También, hay que decirlo sin penas, nos pusimos al día en la oración, leímos mucho, descansamos y algunos hasta nos dejamos crecer la barba.

Retos de la Vicaría Cristo Sacerdote

Son los retos de la Iglesia Universal y los mismos de la Iglesia Arquidiocesana, con el rostro propio de la VET.

Creo que no hay que teorizar mucho al respecto. El ideal que nos une y  nos compromete en el plan de evangelización contiene las claves. Es verdad que debe tomar el propio de la vicaría por sus condiciones particulares pero:

¿Qué significa vivir la fe (adhesión a  la persona de Cristo y su proyecto del reino) expresada en la vida de la comunidad? Más allá de los programas que desarrollan proyectos y de los métodos y de los recursos y herramientas… No quiero pecar de simplista pero se debe trabajar seriamente en los itinerarios de iniciación cristiana en todos los ámbitos de la vida de las personas porque si no, ¿cómo se alcanza  la anhelada adhesión?

Por otra parte es más vigente que nunca la anhelada incidencia de la iglesia en la ciudad, contribuyendo a hacer de ella una sociedad misericordiosa esto es: justa, reconciliada, que cuida de la creación. Yo agregó tres palabras que son tres énfasis que hacías manifiestan tres maneras de ser iglesia para salir juntos, renovados: solidaridad, fraternidad y esperanza, que no son moda sino que han sido desnudadas por estos tiempos de crisis.

En el seno de la Iglesia y concretamente en el seno de esta vicaría, entre sacerdotes, entre las comunidades, todos, en torno al señor arzobispo, estamos llamados a ser levadura de fraternidad, de esperanza y de solidaridad, que expresen la adhesión de las comunidades a Jesucristo ya su proyecto del reino.

Por otra parte estamos todos llamados, sin excusas a ejercitarnos en la práctica del discernimiento de los signos de los tiempos (la lectura creyente de la realidad). No podemos seguir diseñando ni planes, ni proyectos, ni actividades, teniendo en menos lo que está sucediendo, los gritos de la ciudad, los gritos de la misma Iglesia e ignorando la acción permanente del Señor, que actúa en la historia y la conduce.

Fuente:
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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