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Editorial

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Y ahora, el reto social

Imagen:
OAC
La Iglesia está llamada a sumarse a los diferentes esfuerzos que comienzan a darse para buscarle salida a la grave situación social que atraviesan país y ciudad

 

Sería ingenuo pensar que el malestar social que ahora se palpa en buena parte de la sociedad colombiana es una situación coyuntural o casual. Obedece, en buena medida, a causas objetivas innegables –pobreza, inequidad, desigualdad, desempleo, etc- y se ha hecho sentir más por los efectos de la cuarentena, que ha obstaculizado enormemente el trabajo de la ciudadanía en general.

Que ha sido aprovechado por algunas corrientes políticas para generar desorden y caos es innegable. Pero el problema de fondo es real y hay necesidad de enfrentarlo oportunamente. Y se espera de la Iglesia una participación activa, desde su misión específica, en la creación de las soluciones que ahora se requieren. La Iglesia, como parte activa y viva de la sociedad colombiana y de la ciudad de Bogotá, está llamada a sumarse a los diferentes esfuerzos que comienzan a darse para buscarle salida a la grave situación social que atraviesan país y ciudad.

¿Qué puede aportar la Iglesia en Bogotá en medio de una crisis social creciente? Varias son sus posibilidades. La primera quizás puede ser la de levantar la voz para llamar la atención en dos sentidos: visibilizar la realidad social con sus enormes retos y motivar a todos los que la escuchen para que se unan a la enorme tarea por hacer a favor de la gente más vulnerable. Aunque el discurso de la Iglesia es para toda la población, le corresponde ser también voz en alto de los más pobres, preferiblemente. La palabra de la Iglesia puede ser una palabra que genere encuentro entre quienes han sido afectados con más fuerza por la caída de los índices de la economía y sus inevitables consecuencias y quienes tienen en sus manos tomar decisiones a favor de las mayorías. La voz conciliadora de la Iglesia en estas circunstancias es muy importante, sin que por ello se oculte que su prioridad es buscar que se favorezca primero a los más pobres.

Otro campo donde la Iglesia puede acentuar su acción es en el de trabajar a nivel de las comunidades locales, por ejemplo, parroquias y barrios, para incentivar las redes de solidaridad que puedan ser generadoras de ingresos y de trabajo, no solamente de auxilios momentáneos. No es fácil en la mentalidad de los habitantes de Bogotá lograr que se asocien para salir adelante, pero habría que intentarlo. Este tipo de iniciativas pueden incluir algunos recursos que le permitan a personas o familias iniciar alguna actividad económica que no implique mucha inversión. En las crisis sociales más graves un elemento muy importante es la generación pronta de ingresos para las familias. Pequeños emprendimientos pueden responder a esta necesidad. Y si desde la oficina de pastoral social de la Arquidiócesis de Bogotá y aún de la Conferencia Episcopal se dan unas orientaciones concretas, acerca de actividades productivas y fuentes de recursos, mucho mejor para poder ayudar eficazmente.

Finalmente, la Iglesia debe seguir, como siempre ha estado, pero quizás ahora con más ahínco, atenta a la suerte de los más pobres entre los pobres. Mientras llegan las soluciones estructurales y definitivas, hay que seguir llevando el alimento a los hambrientos, dar techo a los que no lo tienen, vestido a los desnudos, auxilio a los enfermos, cercanía a los habitantes de la calle, amparo a los migrantes. En esto la Iglesia y en concreto la Arquidiócesis de Bogotá, tienen una larga y fructífera tarea. Las grandes crisis sociales suelen arrojar mucha gente a la pobreza extrema y si no aparece una mano llena de caridad en el momento oportuno, la tragedia se apodera de todo. Bien vale la pena que todos los agentes de la pastoral, obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas comprometidas, movimientos apostólicos, asociaciones de fieles, grupos de oración y toda comunidad eclesial, sientan ahora más que nunca como propia la suerte de los más pobres y extiendan generosos sus manos y recursos para apoyarlos, auxiliarlos y mantenerlos mientras asoma un nuevo día de bienestar para todos. Palabra clara y fuerte, acciones concretas y prontas, han de ser las formas a través de las cuales la caridad de Cristo se haga presente ahora en una crisis social cuyas dimensiones reales están aún por verse.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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