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Editorial

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Vacunarse: altamente recomendable

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Los obispos colombianos ven oportuno unirse a las voces que recomiendan vacunarse. Se trata de una cuestión que tiene que ver con la vida y la salud de todas las personas

La Conferencia Episcopal de Colombia ha emitido una comunicación en la cual, esencialmente, invita a todos los miembros de la Iglesia y en general a todas las personas, a recibir la vacuna contra el Covid 19, una vez esté disponible en el país. Debido a que para algunos la vacuna no genera confianza, para otros es una intromisión en su vida privada y para no pocos es algo innecesario porque el virus no existiría, los obispos colombianos ven oportuno unirse a las voces que recomiendan vacunarse. Se trata de una cuestión que tiene que ver con la vida y la salud de todas las personas y por eso, quienes estén en condiciones de vacunarse, deberían hacerlo.

Los obispos parten de afirmar la autonomía de las personas y que por tanto la vacunación debe ser voluntaria. Pero al mismo tiempo recuerdan lo importante de generar equilibrio entre el propio interés individual y el bien común. Resulta muy oportuna esta afirmación pues hay una tendencia muy generalizada a pensar que cada uno debería hacer solo lo que es de su parecer. En temas complejos, como el de la pandemia actual, ese modo simple de pensar es, a todas luces, insuficiente y cada persona está llamada a reflexionar sobre el efecto de sus decisiones sobre los demás. Vacunarse puede ser el paso necesario para que otros tampoco se contagien; no hacerlo es dejar abierta la posibilidad de que sí suceda. Y eventualmente de que mueran otras personas. No está de más recordar la peor de las consecuencias de aferrarse a un capricho en un tema tan delicado: poner en riesgo la propia vida y la de los demás.

Los obispos hacen énfasis en las razones que hacen altamente recomendable la vacunación: el riesgo es para todos los seres humanos de adquirir el Covid 19, el virus se ha vuelto incontenible, la afectación que ha generado en todos los órdenes de la sociedad y la posibilidad de hacerse a “variedad de vacunas para detener y prevenir la expansión del virus”. Para los cristianos esta es una oportunidad grande de reafirmar su inclinación a velar siempre por la dignidad de cada persona, a proteger la casa-común y a favorecer a los más débiles. Y es ocasión de rodear a la comunidad científica y a las autoridades sanitarias en su empeño de ofrecer a la humanidad entera un remedio para un mal desconocido, pero contra el cual se ha luchado como pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad. Quienes no estén dispuestos a vacunarse deberían demostrar con absoluta claridad las razones o circunstancias que los inclinan a esa decisión. No puede tratarse de simple capricho o por ignorancia que no se ha querido vencer.

Mientras llega la vacuna a Colombia, no sobra insistir en lo que tanto se ha dicho desde todos los ángulos. Lo primordial es el cuidado personal, la disciplina social, el seguimiento de las recomendaciones básicas de usar tapabocas, lavarse las manos y evitar aglomeraciones. Todo esto constituye también un deber moral. Igualmente, se impone que en todos los ámbitos –familiar, laboral, escolar, económico, de convivencia- las personas e instituciones ayuden a consolidar nuevos modos de vida que permitan una cierta normalidad en las actividades, la generación de ingresos, el desarrollo académico, la convivencia familiar, la atención de todos los enfermos y el acompañamiento de la gente mayor. La vida tiene que seguir y es momento de aprender nuevas formas de mirar hacia adelante. Si todas las personas contribuyen en la lucha actual contra el Covid 19, seguramente el panorama será distinto en un futuro no muy lejano.

 

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones

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