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Editorial

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Un nuevo presidente

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spanish.news.cn

Finalmente se dio la elección del nuevo Presidente de la República para los próximos cuatro años en Colombia. Ganador claro fue Gustavo Petro. Parece haber sido una contienda electoral bien organizada, pacífica y sus resultados no dejaron dudas a nadie. El vencido, Rodolfo Hernández, aceptó su derrota con gallardía. En general, lo que sucedió el domingo pasado sirvió como de bálsamo después de una campaña política, no sólo intensa, sino bien subida de tono y con jugadas nada limpias. Gajes de la política.

Ahora el panorama, aunque se tengan muchas esperanzas e ilusiones de cambio, es más incierto que otra cosa. En su discurso al saberse ganador, el nuevo presidente electo, volvió sobre sus temas habituales y, como le es usual, haciendo una mezcla entre temas importantes y que presuntamente domina, otros con generalización y algunas salidas que dejan un manto de dudas sobre lo que realmente quiere hacer una vez esté sentado en solio de Bolívar. No se debe olvidar que Gustavo Petro siempre se ha definido como revolucionario de corte radical e ilusionarse con que eso será de otra manera puede ser ingenuidad.

Sin embargo, pareciera haber en el ideario del nuevo mandatario una preocupación real por la suerte de los pobres y las personas vulnerables. De hecho, fue este candidato el ganador en todos los departamentos donde la pobreza y el abandono estatal son proverbiales. Ojalá una buena propuesta de gobierno ejecutivo y legislativo responda a estas situaciones de pobreza que han agobiado por décadas a buena parte de la población colombiana.

Pero, también, hay que gobernar para el resto del país, para los sectores productivos, para las familias, para la inmensa clase media que ya tiene Colombia, para quienes piensan distinto a él, a quienes no tratará con odio ni con venganzas, dijo en su discurso del pasado domingo.

En Colombia la mayoría de la población está totalmente de acuerdo en que se requieren muchos y grandes cambios; también, mayor desarrollo que genere riqueza, para mejorar la calidad de vida de millones de personas. Pero esto no se soluciona de la noche a la mañana y tampoco hay fórmulas mágicas.

Creación de riqueza, distribución justa vía impuestos, manejo impecable de los recursos del Estado, paz para todos en toda la nación, estabilidad económica, son apenas algunas de las condiciones para que los discursos revolucionarios y no revolucionarios logren lo que todos saben se debe dar en Colombia.

Por el momento, además de la satisfacción que dio el desarrollo de la jornada electoral, lo que se percibe en el ambiente nacional es grande expectativa por el primer gobierno de izquierda y una no menor incertidumbre por su capacidad de hacer las cosas bien. Pudiera ser que por fin llegó el deseado cambio sin destruir a nadie y más bien uniendo toda una nación tras un propósito tan noble como progresar todos en forma armónica y pacífica.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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