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Editorial

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La salud del Santo Padre

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RCN Radio

Una de las grandes virtudes del Papa Francisco es la de dejar ver todo lo que sucede en su vida y desde luego en la Iglesia. Una actitud que contrasta con una tendencia un poco secretista que hay en algunos estamentos de la Iglesia y que solo sirve para fomentar falsos decires y muchas especulaciones. Para nadie es un secreto que la salud del Papa se ha debilitado y tiene algún impedimento para mantenerse de pie largo rato y de ahí que su nueva “sede” sea la silla de ruedas.

Y, como es de antigua usanza, ya los “vaticanólogos” resolvieron que el Pontífice estaba por renunciar y que estaba eligiendo nuevos cardenales para que su sucesor lleve su propia impronta, etc, etc, etc. La imaginación desbordada.

La realidad es que nada tiene de novedoso que una persona que tiene 85 años tenga quebrantos de salud, que estos sean visibles, y que en vista de ellos se deban replantear algunas de las actividades habituales de la persona.

El Papa Francisco, por ejemplo, se ha visto en la necesidad de cancelar algunos viajes que estaban planeados y que por lo empeñativos que suelen ser, de momento quedan aplazados. Ningún misterio hay en esto. Él mismo, en reciente intervención pública, se disculpó por tener que tomar estas decisiones por recomendación médica. Esta franqueza y claridad ayuda a la buena marcha de toda la Iglesia.

Y, aunque el Santo Padre sigue en sus labores en la sede apostólica, allí mismo cuenta con toda la Curia romana para que lo apoye en su misión de gobernar la Iglesia. Así ha sido siempre. En Roma nunca se detiene la tarea de guiar a la Iglesia universal. Además, por las constituciones que rigen a la Iglesia, a la Curia romana, por el derecho canónico y las muchísimas instrucciones del mismo sucesor de Pedro y de las congregaciones romanas, es prácticamente imposible que se genere una especie de parálisis en la Iglesia. Y, como se ha podido constatar en una serie de crónicas recientes originadas desde el interior del Vaticano por la agencia Vatican news, son muchas y muy competentes y muy trabajadoras todas las personas, hombres y mujeres, clérigos y laicos, que tienen responsabilidades en el gobierno central de la Iglesia.

Lo verdaderamente cristiano y eclesial cuando uno de sus miembros flaquea y más tratándose del Santo Padre, es hacer presencia espiritual, material, laboral y misionera, para apoyar y seguir el camino trazado. Con toda seguridad así lo ha experimentado el Papa Francisco ahora que las limitaciones en razón de la edad han asomado en su propia vida.

Absolutamente indelicado es especular sobre el final de la vida o de la misión de alguien que sirve con alegría y compromiso demostrado al cuerpo eclesial. Solo Dios sabe hasta dónde corresponde servir a quienes ha llamado a guiar a su pueblo y el Espíritu Santo sigue siendo la garantía de que, pese a todas las apariencias, la Iglesia, pastores y pueblo, caminan por las sendas de una historia que siempre es de salvación.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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