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Editorial

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Juntos para evangelizar

Quizás la clave que acompañe el discurso y el sueño de monseñor Rueda esté en que es necesario sentir pasión por la evangelización, por Jesús y por el pueblo santo de…

Ha pronunciado su primera homilía como arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio. Lo hizo en la ceremonia de su posesión canónica como pastor de esta iglesia particular, en la catedral que preside la Plaza de Bolívar de la capital de la República. A partir de su predicación, puede la arquidiócesis de Bogotá empezar a sentir los derroteros que el Prelado quiere se sigan en adelante. Con el riesgo de empezar a etiquetar al nuevo pastor, no dudamos en afirmar que para el arzobispo Rueda Aparicio está clarísimo que la tarea primordial es la de evangelizar. Y en esto se sitúa en perfecta consonancia con el mandato misionero de Jesús, así como con el plan que se ha venido gestando en la Arquidiócesis de tiempo atrás, el Plan E.

Monseñor Rueda Aparicio deja ver en las palabras dichas en su posesión que anhela una Iglesia misionera, en salida, al mejor estilo de lo que ha propuesto desde el inicio de su pontificado el papa Francisco. Una Iglesia que sale al encuentro del otro, del que se ha ido, el de las periferias existenciales –otra vez el lenguaje de Francisco-. Una Iglesia que se deja guiar por el Espíritu Santo para hacer visible el amor de Dios en esta urbe gigante. Esta visión del Arzobispo se constituye en un buen reto para una arquidiócesis grande, de mucha historia, con variadas estructuras, pero que por lo mismo puede correr el riesgo de hacerse pesada para moverse. El reto es, por decirlo de alguna manera, transformarla todavía más en un Iglesia que se moviliza más ágil y prontamente.

Pero ha insistido también el Prelado en que hay que trabajar juntos. Es más: enfatizó el carácter sinodal de la tarea, idea también recurrente en la enseñanza de actual pontífice romano. Incluyó en sus palabras la importancia de estar juntos, no solo quienes realizan la misión dentro de la Arquidiócesis, sino también con la provincia eclesiástica, que agrupa las diócesis de Zipaquirá, Facatativá, Girardot, el Obispado Castrense, Fontibón, Soacha y Engativá. No hay lugar a protagonismos personales, sino a una suma de esfuerzos y fuerzas para adelantar la misión de la evangelización.

Y, quizás la clave que acompañe el discurso y el sueño de monseñor Rueda esté en que es necesario sentir pasión por la evangelización, por Jesús y por el pueblo santo de Dios. De esta pasión también habló el papa Francisco en su viaje a Colombia. A partir de dicha pasión se puede desarrollar la espiritualidad misionera sinodal. Y es absolutamente cierto: mientras no exista ese ardor interior por la tarea encomendada, no habrá estructura, plan, propuesta o persona que logre la transformación de las personas y la sociedad según el corazón de Cristo. Creemos, pues, que, en sus primeras expresiones, el mensaje del nuevo arzobispo de la arquidiócesis de Bogotá, es claro, provocador y comprometedor: hay que evangelizar, hay que hacerlos juntos y con pasión. Todo y todos en la Arquidiócesis deberán estar al servicio de este propósito. Para eso existe la Iglesia, para evangelizar.

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