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Los jueves eucarísticos

9 de marzo de 2023
Adoración
Imagen:
Our Lady of Mount Carmel
La adoración al Santísimo es común en la Iglesia desde sus primeros inicios

Es una manera de compartir el amor que los hombres tenemos a Dios, y percibir el amor que Dios tiene a los hombres.En la adoración al Santísimo Sacramento, estamos en la presencia real, viva, activa, de Cristo. ¡Qué maravilla! ¿Te puedes poner a pensar en lo que significa tener un encuentro exclusivo con el que sostiene toda la Creación, con el que nos ha llamado a la vida, con el que sigue empeñado en llevarnos al Cielo junto a Sí?

Los inicios previos a la adoración al Santísimo Sacramento

En los primeros tiempos del catolicismo, se conservaba la Eucaristía de manera privada, para entregar a los enfermos, presos y ausentes. Esto ocurría, como decimos, de manera privada, debido a la persecución que sufrían los cristianos.

Sería en el año 400 d.C. cuando las constituciones apostólicas indicarían que, luego de la comunión, se reservaran en lo que hoy vendrían a ser los Sagrarios. En el siglo VI, con el Sínodo de Verdún, comenzarían a conservarse en un lugar más eminente y junto a una lámpara permanentemente encendida, como ocurre hoy día para señalarnos la presencia del Señor en el Sagrario.

El título de este apartado habla de «inicios previos a la adoración», porque en los primeros momentos la reserva de las especies sagradas respondía al fin de la comunión… aún no al culto de la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Recién a partir del s. IX comienza la adoración fuera de la misa y avanza la devoción a la Eucaristía. Y fue con el Papa Urbano IV (1264) que comenzó a honrarse al Santísimo Sacramento en la celebración del Corpus Christi.

Finalmente, la adoración al Santísimo más similar a lo que conocemos hoy día tuvo lugar desde el siglo XVII.

¿Por qué es importante la adoración al Santísimo?

La adoración al Santísimo es importante para los católicos porque es una forma de acercarse a Dios y tener una experiencia personal con Jesús en el Santísimo Sacramento.

¡Cuántos milagros han ocurrido a tantas almas que se presentan con sencillez a adorar al Amor de los amores! Él está deseoso de cambiar nuestras vidas, ansía con ilusión que nos acerquemos a compartir un rato de intimidad con Él.

Además, la adoración al Santísimo es una forma de ofrecer reparación por los pecados cometidos contra la Eucaristía. También es una oportunidad para pedir ayuda y orientación en momentos de necesidad.

Qué hacer durante la adoración

Durante la adoración al Santísimo, hay muchas cosas que se pueden hacer para profundizar en la oración y la contemplación. En primer lugar, por supuesto, está la oración. Simplemente, un diálogo sincero y sencillo donde hablar a Él de nuestras cosas y escuchar lo que nos va sugiriendo.

Es un lindo momento para rezar el rosario, leer la Biblia, meditar, cantar himnos, etc. También está la oración de contemplación: «Yo le miro y Él me mira»; simplemente sentarse en silencio y contemplar la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.

También es común recibir la bendición del Santísimo Sacramento, recibiendo sus gracias, su protección.

Indulgencias que podemos ganar

La adoración al Santísimo también se asocia con indulgencias. Una indulgencia es la remisión total o parcial de los castigos temporales del pecado.

Al hacer la adoración al Santísimo, los fieles pueden recibir indulgencias plenarias o parciales. Para recibir la indulgencia plenaria, los fieles deben cumplir con ciertas condiciones, como la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Papa.

Algunas fechas especiales

Hay varias fechas especiales en la iglesia en las que se adora al Santísimo o se tiene una bendición especial con el Santísimo.

Por ejemplo, el jueves santo es el día en que se celebra la Última Cena de Jesús y se instituye la Eucaristía.

También se celebra la fiesta del Corpus Christi, que es una oportunidad para honrar y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Cada jueves es un día eucarístico, donde se puede adorar a la Eucaristía. En muchos lugares se acostumbra, los jueves, hacer un rato de adoración al Santísimo expuesto en la custodia, para luego recibir su bendición.

Frases de santos sobre la adoración al Santísimo Sacramento

La adoración al Santísimo ha sido una fuente de inspiración para muchos santos a lo largo de la historia. ¡Cómo no! Después de la comunión, es el momento más íntimo que podemos vivir con Él.

Te compartimos algunas frases que nos han dejado los santos y que podemos meditar en la oración. Especialmente, en la oración que hacemos frente al Santísimo.

«Si tan solo pausáramos por un momento para considerar con atención lo que ocurre en este Sacramento, estoy segura de que pensar en el amor de Cristo por nosotros transformaría la frialdad de nuestros corazones en un fuego de amor y gratitud», santa Ángela de Foligno

«Sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día», san Alfonso María de Ligorio

«El tiempo que uno pasa con Jesús en el Santísimo Sacramento es el tiempo mejor invertido en la Tierra», santa Teresa de Calcuta

"Nadie coma de esta carne sin antes adorarla… Pecaríamos si no la adoráramos", san Agustín.

Una última oración para rezar al Santísimo Sacramento

Te doy gracias, Señor Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno, porque aunque soy un siervo pecador y sin mérito alguno, has querido alimentarme misericordiosamente con el cuerpo y la sangre de tu hijo Nuestro Señor Jesucristo.

Que esta sagrada comunión no vaya a ser para mi ocasión de castigo, sino causa de perdón y salvación.

Que sea para mi armadura de fe, escudo de buena voluntad; que me libre de todos mis vicios y me ayude a superar mis pasiones desordenadas; que aumente mi caridad y mi paciencia, mi obediencia y humildad, y mi capacidad para hacer el bien.

Que sea defensa inexpugnable contra todos mis enemigos, visibles e invisibles; y guía de todos mis impulsos y deseos

Que me una más íntimamente a ti, único y verdadero Dios, y me conduzca con seguridad al banquete del cielo, donde tu, con tu hijo y el Espíritu Santo, eres luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable y felicidad perfecta.

Fuente:
Catholic-Link
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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