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#217016

Se necesitan profetas de la reconciliación

6 de septiembre de 2020
homilía
Imagen:
OAC
• En la Semana por la Paz tenemos la esperanza de encontrar caminos que nos lleven a la reconciliación, caminos de justicia y de verdad.
  • El que se siente ofendido debe dar el primer paso a la reconciliación y estar dispuesto a corregir y perdonar.
  • Se necesita el don de la paz en el corazón para entender la equivocación y aceptar el cambio

El arzobispo Luis José Rueda ha dedicado la homilía de este domingo a la Semana por la Paz: Con Cristo en el corazón, cuidemos la vida y lograremos la paz. Dentro de los concelebrantes estaba monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social, de la Conferencia Episcopal de Colombia.

Monseñor Rueda enfatizó que la corrección es deber de quien se sabe con la verdad, por lo tanto debe edificar al corregido y jamás pretender “acabar” con el hermano descarriado.

“La corrección fraterna supera dos extremos, ambos viciosos. El primer extremo vicioso es el desquite; la guerra, la violencia. ‘Me la hizo, me la paga. Como se equivoca lo elimino del camino, porque se convierte para mí en un problema, en un enemigo, alguien a quien debo destruir’. Pero el otro extremo es no corregir. Y es lo que nosotros conocemos como hacernos los de ‘la vista gorda’ alcahuetear, dejar pasar… y por miedo. Nos falta fortaleza, nos falta sabiduría, nos falta espiritualidad para acercarnos y corregir”.

“Es necesario corregir con amor y con misericordia, al estilo de Dios”.

En un momento de la homilía centró sus palabras en la familia, llamando a los padres como autoridad, pero pidiendo amor, paciencia y misericordia para la corrección de los hijos: “jamás vayan a corregir a sus hijos sin antes haber orado por ellos”.

Es importante entender que debemos ver, en quien se equivoca, en quien piensa distinto, el rostro de Dios, por lo tanto no podemos tomar justicia por mano propia: “Ese hombre, esa mujer, que está por caminos equivocados, tiene allá en el fondo la imagen y semejanza de Dios, que debo ayudar a construir. La aplicación social de esta corrección fraterna lleva que en nuestra sociedad no tomemos justicia por nuestra mano. No vayamos a eliminar al otro, no vayamos a quitarle la vida porque me hace estorbo o porque me hizo el mal”.

Finalizó diciendo que cuando la víctima y el victimario de miran a los ojos y de reconocen como hermanos, ahí está la presencia de Dios.

 

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Fuente:
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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