Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Noviembre 20
Por la muerte de Jesús empezamos a participar del Reino

18 de Noviembre 2016
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Noviembre 20Por la muerte de Jesús empezamos a participar del Reino

El calendario de la Iglesia propone este domingo la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo; con esta celebración se abre la última semana del Año Litúrgico. El Año Litúrgico tiene como contenido la obra salvífica de Jesucristo, desde su Encarnación, su nacimiento, vida pública, su muerte, resurrección, ascensión al cielo y la espera de su segunda venida al final del tiempo. De modo que la fiesta de este domingo se la puede considerar como el resumen y conclusión de la misión del Hijo de Dios hecho hombre.

Las oraciones y los textos bíblicos de esta solemnidad están encaminados hacia este propósito: «Quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin cesar» (Oración colecta). Ya en las primeras páginas del libro del Génesis aparece como una de las consecuencias del pecado la división y dispersión, no solo de los pueblos sino, más aún, del hombre mismo; sobre esta realidad de disgregación, la obra de la redención se manifiesta como la unidad del género humano y la integridad de la persona. La liberación del pecado que obra la Pascua de Jesucristo lleva al hombre a la situación de poder servir y realizar el proyecto de Dios en plenitud.

Para profundizar en la comprensión de la solemnidad de este domingo, el texto del himno de la carta a los colosenses que se proclama en la segunda lectura de la Misa (Colosenses 1, 12-20) presenta, en primer término, el reinado universal de Jesucristo como realización eficaz del amor misericordioso del Padre a todos los hombres, por la cual realiza la liberación del pecado y les concede el beneficio de la auténtica emancipación: «nos sacó del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su querido Hijo».

En una segunda parte, este himno presenta la obra del amor del Padre a través de Jesucristo en tres contextos: uno, la creación, para ello evoca el episodio de la creación del ser humano; dos, la Iglesia, entonces se alude al bautismo que actualiza en los discípulos la muerte y la resurrección del Señor para injertarlos en el cuerpo de Cristo; y tres, la plenitud de la salvación como reconciliación de toda la creación: «Dios quiso depositar en él [en Cristo] toda la plenitud de sus dones y reconciliar con él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra y en el cielo con su sangre derramada en la cruz».

La obra salvífica de Dios Padre a través de Jesucristo realiza la liberación del hombre para hacerlo capaz de participar conscientemente del proyecto del Reino. En este contexto que propone la segunda lectura, el episodio que se lee en el evangelio de este domingo (Lucas 23, 35-43) viene a orientar a la asamblea sobre el sentido hondo de la redención llevada a cabo por la cruz de Cristo y ello ofreciendo en el relato tres diferentes concepciones o aspiraciones de salvación que se espera recibir de Dios: la de las autoridades judías, la del imperio romano y la del pueblo.

Para las autoridades judías, Jesús y el anuncio del Reino riñen con la imagen de Mesías que ellas reconocen en su interpretación de las tradiciones religiosas; los jefes del pueblo han visto en Jesús alguien que subvierte el ‘statu quo’, pero le dan una ‘última oportunidad’ ahora que está crucificado, esperan una intervención milagrosa como prueba del Evangelio que anunció Jesús, entonces sí creerían.

Para el imperio romano, representado en la soldadesca, la crucifixión de Jesús es la conclusión de un sainete de disputas religiosas, el título que explica la ejecución de este condenado es burlesco: «Este es el rey de los judíos»; de modo que si de verdad es el rey de los judíos puede hacer algo para librarse de la muerte. La salvación en este caso estaría sometida a quienes de verdad tienen en sus manos el poder del mundo.

En tercer lugar, el texto revela que parte del pueblo entiende la salvación como librarse o escapar de un castigo, como un ‘no tener que…’ Solo uno de los malhechores que comparte la crucifixión comprende que la salvación es hacer parte del Reino y que este reino es fruto de la entrega de Jesús. La respuesta de Jesús a la petición del hombre que quiere tener parte en el Reino expresa que el amor de Dios no se hace esperar. Aquí no hay que entender la respuesta de Jesús como una promesa para el ‘más allá’, aquí hay que reconocer que la muerte y la entrega de Jesús producen fruto aquí y ahora en quien acoge la gracia; el Reino implica la renovación de la persona para comenzar a participar desde ahora mismo del estilo de vida de Jesús.

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