Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Octubre 16 
No dejar enfriar la fe

14 de Octubre 2016
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Octubre 16 No dejar enfriar la fe

Enseñando a sus discípulos mientras van de camino hacia Jerusalén, Jesús advierte la necesidad de inculcar en ellos la perseverancia en el seguimiento y en el trabajo por hacer presente el Reino en la historia. El episodio del evangelio que propone el leccionario para la Misa de este domingo se inicia presentando esta preocupación del Señor. 

En la Biblia se suele anunciar la salvación como proyecto que Dios va realizando en la historia y en muchas ocasiones las condiciones de la historia humana ofrece resistencia al proyecto de Dios. Un ejemplo de esta tensión entre el proyecto de Dios y la historia es el episodio narrado en la primera lectura (Éxodo 17, 8-12). El pueblo liberado de la esclavitud en Egipto recién inicia la travesía del desierto cuando es atacado por un pueblo nómada, los amalecitas; mientras unos guerreros israelitas dan batalla para resistir los ataques, Moisés sube a la cumbre de un monte para poner delante de Dios la situación del pueblo amenazado. 

Moisés, busca que Dios se acuerde de su proyecto para con el pueblo, por eso levanta ante Dios la vara con la que golpeó, primero, el río Nilo (Éxodo 7, 20) y, luego, la roca para que surtiera de agua en el desierto (17, 5). Es como tratar de llamar a Dios para que continúe realizando la obra comenzada. El gesto de Moisés es atendido por Dios, pero cuando, por cansancio, el caudillo del pueblo deja de ostentar la vara, comienza a desdibujarse la victoria de Israel. Dos ayudantes auxilian a Moisés para que no decaiga en su propósito. 

Esta tensión entre el proyecto del Reino y la historia se vuelve a reconocer en el evangelio de la Misa de hoy (Lucas, 18, 1-8). El evangelio de este domingo tiene tres partes, en la primera el evangelista descubre plenamente la intención de Jesús, en la segunda, el Señor propone una parábola para ilustrar su enseñanza y en la tercera Él mismo extrae la aplicación de la historia contada para reclamar similar la actitud en los discípulos. 

La primera parte no requiere mayores comentarios, Jesús siente la necesidad de preparar a sus discípulos para mantenerse siempre fieles en la tensión entre el proyecto de Dios y su realización en la historia; la oración permanente y la virtud de la esperanza mantendrán al discípulo en esta fidelidad al proyecto del Reino: «orar siempre y sin desanimarse». 

La parábola de la segunda parte se ambienta en una ciudad, no en el templo ni en la sinagoga. Esta situación de laicismo impulsa al discípulo de hoy a pensar en su situación de vivir el evangelio en el mundo que se gobierna con unas estructuras laicas. A continuación se presentan dos personajes, en primer lugar un juez, de ateísmo práctico –no teme a Dios– e indolente –no tiene respeto a los hombres–; el otro personaje es una viuda, prototipo en la Escritura de la persona indefensa y frágil para su entorno. 

La acción de la historia consiste en el cambio de la actitud del juez. Durante mucho tiempo en sus prioridades no estuvo atender a la llamada de la viuda para restablecerla en sus derechos, conculcados por un enemigo; aunque luego accede a actuar, no por razones legales sino por la insistencia constante de ella. Este cambio del juez no es una actitud moral, es un juez «sin conciencia». 

En la tercera parte Jesús invita a sus discípulos a considerar la actitud del juez sin conciencia, pero indudablemente el interés pedagógico de la parábola recae sobre el talante perseverante de la viuda a quien Jesús insinúa que representa la que debería ser la actitud de los elegidos de Dios, que acuden a Él día y noche. 

La intención de Jesús expresada al inicio vuelve a aparecer al final. Después de anunciar que Dios atenderá sin demora a quienes le suplican día y noche, se pregunta el Señor sobre la perseverancia de estos elegidos de Dios. 

En la lectura del relato según san Lucas durante los últimos domingos la salvación se viene reconociendo como la obra de Dios consistente en justificar –hacer justo– al ser humano, si bien este proyecto tiene su fuente en el amor misericordioso de Dios se requiere que el hombre lo acoja en su historia concreta.

Imágenes: www.gnosis.ws, Carlos Eduardo Mosquera Melendez

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