Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Septiembre 25
La consecuencia de vivir de espaldas a la historia

23 de Septiembre 2016
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Septiembre 25 La consecuencia de vivir de espaldas a la historia

El domingo anterior sorprendía Jesús con la parábola de un administrador que, al hallarse en una nueva situación existencial, decide actuar con astucia para tener «quienes lo reciban en su casa»; en el episodio del evangelio de este domingo Jesús propone una situación contraria: un hombre rico que permanece ignorante de lo que sucede a su alrededor.

En el leccionario de la Misa, la historia que narra Jesús está ambientada desde la primera lectura por la denuncia de Amós (6, 1a.4-7). El profeta, mediante la imagen de unos ricos que viven cómodamente disfrutando de los bienes que poseen, ridiculiza el comportamiento de los gobernantes del reino de Israel (Norte). Los dirigentes del pueblo se parapetan en su poder y permanecen anestesiados por un culto idolátrico: «ponen su confianza en el monte de Samaría». La acusación es grave: quienes deberían guiar al pueblo viven de espaldas a la historia, ignoran la amenaza de Asiria sobre el territorio de Efraín y Manases, en donde residen la mayoría de los súbditos de reino del Norte, «no les importa la ruina de las tribus de José».

El domingo anterior la lectura del evangelio de la Misa concluyó con la sentencia de Jesús: «No es posible servir a Dios y al dinero», hoy continúa la lectura del relato de Lucas (16, 19-31) con una parábola que Jesús refiere a los fariseos. La historia contada por Jesús tiene dos partes, en la primera se describen en forma contrastada la situación terrena de dos personajes, en esta parte no hay ningún encuentro ni diálogo entre ellos. Para la segunda parte se agrega un tercer personaje, Abrahán; el peso de esta segunda parte está precisamente en el diálogo entre el rico y Abrahán.

La descripción de la situación de los personajes en la primera parte la narración contrasta la condición de un rico, de quien no se dice el nombre, con la de «un pobre que se llamaba Lázaro»; mientras el rico «vestía con gran lujo y elegancia», Lázaro permanece «cubierto de llagas»; diariamente el rico se daba espléndidos banquetes cuando Lázaro «deseaba calmar el hambre con lo que caía de la mesa del rico». La diferencia entre una riqueza ultrajante y el sufrimiento de un pobre pareciera igualarse con el suceso de la muerte, pero el narrador refiere que a la muerte el pobre es conducido por los ángeles a disfrutar de la compañía de Abrahán en tanto que el rico es sepultado.

La segunda parte de la historia se abre constatando la inversión de la situación de ventura/desventura de los dos personajes, si en la primera parte Lázaro permanecía en el portal de la casa del rico, pero era ignorado, ahora el rico, desde lejos, sí ve al pobre; si antes Lázaro ‘deseaba’ calmar el hambre, al presente es el rico quien desea que Lázaro mitigue en algo su sufrimiento. Al poner aquí el centro de atención la historia se reduciría a la situación de un rico que termina siendo mendigo, sin embargo, esta serie de contrastes está en función de la construcción de sentido para el diálogo entre el rico y Abrahán.

En este diálogo se abordan tres temas. La primera intervención del rico tiene por objeto alcanzar misericordia de parte del patriarca hebreo, «¡Padre Abrahán, ten compasión de mí!», a fin de ser socorrido por Lázaro. La respuesta de Abrahán invita al rico a tomar consciencia de la historia a la que él vivió de espaldas.

En una segunda intervención el rico pretende que su familia no continúe viviendo de espaldas a la historia que él mismo ignoró y de esta forma en sus hermanos no se repita la misma suerte. En su argumentación, más que proponer la búsqueda de sentido a partir de la Escritura, el rico acude a algo que pudiera impactar espectacularmente a los suyos, un muerto que se aparece: «Si un muerto resucita y se les presenta, seguro que se arrepienten».

El tercer tema de este diálogo desborda la historia narrada, se trata de una insinuación del kerigma cristiano: quien haga caso a Moisés y a los profetas podrá creer en la resurrección de Jesús.

En conclusión, teniendo en la secuencia del relato de Lucas que se ofrece en el leccionario de la Misa, la parábola contada por Jesús en el evangelio de este domingo viene a ser el anverso de la historia de hace ocho días. El domingo pasado un administrador inicuo fue capaz de darse cuenta de que la historia le iba cambiar y obra con astucia para sobrevivir en las nuevas condiciones; en la narración de hoy un rico vive ignorando lo que ocurre en el portal de su propia casa. El administrador de la semana pasada atendió la denuncia sobre sus malos manejos, en la historia del rico de este domingo se relata un fracaso porque el testimonio de la Escritura –Moisés y los profetas– resulta no ser suficiente para suscitar un cambio de orientación de la vida.

 

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