Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Agosto 28 
Cuando vayas a alimentarte del pan de la palabra…

26 de Agosto 2016
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Agosto 28 Cuando vayas a alimentarte del pan de la palabra…

El evangelio de la Misa de este domingo presenta una pausa de Jesús en su camino hacia Jerusalén: entra en casa de un fariseo para comer. El evangelista San Lucas nos refiere tres ocasiones en las que Jesús acepta la invitación de algún fariseo para a ir a su casa a compartir la mesa; estos episodios –descritos en los capítulos 7, 11 y 14– testimonian la cercanía de Jesús a este grupo religioso. Cada una de estas comidas deriva hacia lo que se puede considerar un simposio, es decir, un diálogo de sobremesa en el cual Jesús imparte una enseñanza.

La primera lectura de la Misa de hoy (Eclesiástico 3, 17-18.28-29) previene a la asamblea dominical hacia la necesidad de acoger desde la sencillez la revelación de Dios: «grande es el poder del Señor, pero son los humildes quienes lo glorifican», para quien sabe escuchar con modestia, la revelación es un placer. Desde este texto la asamblea comprende que quien se vacía de sí mismo, quien renuncia a toda pretensión frente a Dios, se prepara para acoger con mayor fruto la palabra. 

El evangelio de hoy (Lucas 14, 1.7-14) tiene tres partes, la primera sitúa la escena, la segunda y tercera presentan dos enseñanzas de Jesús, una a los convidados y otra al anfitrión. El concepto más nombrado en estos versículos tiene que ver con el verbo ‘invitar’ y el sustantivo ‘invitados’. 

El evangelista fija la escena un día sábado, al referir el marco para la acción desarrollada en esta ocasión dice que ‘un jefe de los fariseos’ invitó a Jesús para ir a su casa para comer; el texto griego dice ‘sabbáton phagein árton’ (en sábado para comer pan). La descripción de la situación inicial se completa con la mención de un grupo de fariseos que observan a Jesús. 

La segunda parte del evangelio se inicia diciendo que Jesús observa el comportamiento de los invitados y a partir de la manera como ellos actúan les propone una enseñanza mediante una historia que contrapone dos situaciones: ocupar el primer puesto / ocupar el último lugar y por estas situaciones tener que bajar / subir y el resultado: empezar a pasar vergüenza / fascinar a la concurrencia. La aplicación del enfrentamiento de estas dos situaciones se orienta hacia la recomendación buscar el último lugar para evitar tener que comenzar a pasar vergüenza delante de los demás convidados y más bien ser destacado delante de ellos. 

Esta conclusión no puede dejar satisfecho a un cristiano, quien sigue a Jesús esperaría algo más que una recomendación para no tener que pasar vergüenza delante de los demás o una táctica para embelesar a la concurrencia. Quien viene recibiendo las enseñanzas del Maestro camino a Jerusalén se ve requerido a buscar un sentido más hondo en este texto. 

Una comida el día sábado en casa de un jefe de los fariseos hace pensar simbólicamente en la reunión sabatina en la sinagoga para la instrucción religiosa. Literalmente ‘sábado para comer pan’. El versículo que sigue al texto que se lee hoy –Lucas 14, 15– dice «Dichoso el que participará del convite en el Reino de Dios» y allí el texto griego ‘óstis phágetai árton’ (el que comerá pan en el Reino).

En la búsqueda de un sentido más allá de una recomendación para no verse abochornado en una situación pública, la forma como el texto griego propone la invitación a comer abre la posibilidad de reconocer en la enseñanza de Jesús la actitud requerida en quien quiera realmente alimentarse de la palabra. El evangelista sitúa al lector ante el banquete de la palabra. 

Jesús observa el comportamiento de algunos invitados que escogen los puestos principales y a partir de ello recomienda a quien es invitado a nutrirse de la palabra situarse en el último lugar, esta imagen estaría exhortando al orante a situarse ante la palabra sin ningún argumento, sin ninguna pretensión, en una actitud de profunda humildad. En este sentido la advertencia de la primera lectura: «grande es el poder del Señor, pero son los humildes quienes lo glorifican». A quien se sitúa en el último lugar, el Espíritu, que es quien invita y hace posible el banquete de la palabra, lo conducirá hasta estar más cerca del misterio. 

La tercera parte del evangelio de hoy es una enseñanza de Jesús dirigida al anfitrión, se contraponen dos grupos de invitados, los cercanos o el prójimo (amigos, hermanos, familiares y vecinos) y aquellos que están lejos, los marginados (pobres, lisiados, cojos, ciegos). Aquí no hay que pensar en la recomendación de una estrategia para obtener recompensa, sería una interpretación mezquina. Jesús invita a los discípulos a abrirse a todos, ir más allá del prójimo y llegar hasta ellos con obras buenas y gratuitas, no simplemente con una limosna. Los marginados, a quienes se les ve como amenaza, son ocasión para que tengamos fiesta.

Imágenes: ministeriopeniel.com.br , mellariatarifa.wordpress.com

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