Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Julio 3  
La fecundidad del Reino y la precariedad de medios

01 de Julio 2016
 Padre Tadeo Albarracín Montañez
LITURGIA Julio 3   La fecundidad del Reino y la precariedad de medios

En la liturgia de la Misa dominical se está leyendo por estos domingos la segunda parte del relato del evangelio según San Lucas, en esta parte, después que Pedro confesó que Jesús es el Ungido de Dios, Jesús explica cómo se realiza la salvación que Dios ofrece al mundo. 

El domingo pasado, luego de contar que Jesús tomó decididamente la resolución de ir a Jerusalén para dar cumplimiento al proyecto de Dios se presentaron las disposiciones necesarias del discípulo que quiere seguir este camino; en el evangelio de hoy Jesús define cómo el proyecto de salvación se hace realidad en el mundo y en la vida de los hombres.

El texto del evangelio de la Misa de hoy tiene dos partes, la primera propone el tema de la evangelización, la segunda parte, en este contexto de implantar el Reino en el mundo, descubre cuál ha de ser el motivo de la auténtica alegría del discípulo.

En la lectura del evangelio de los tres recientes domingos han aparecido expresiones como ‘tener que…’ o ‘llegado el momento de…’; en la Biblia estas locuciones suelen referirse al proyecto de Dios. En el evangelio de hoy esta necesidad de cumplimiento vuelve a manifestarse: «… a todas las ciudades y lugares a donde Él iba a llegar», de esta manera se anuncia que al llegar Jesús a determinados lugares se va cumpliendo el proyecto salvífico de Dios.

Esta llegada de Jesús para cumplir el proyecto de Dios, este ‘tener que ir’, se asocia en el evangelio de hoy con la imagen de la siega; en la tradición bíblica la metáfora de la siega es muy socorrida para referirse al juicio en el final del tiempo. Al inicio del evangelio de este domingo el proyecto salvífico de Dios que se cumple por la decisión de Jesús de ir a Jerusalén se explica con la metáfora de la cosecha: «la cosecha es abundante, pero los obreros son pocos».

Mediante la imagen sugerente y positiva  de la cosecha abundante se presenta la salvación que Dios ofrece al mundo y a renglón seguido se sigue con la imagen para contrastar esta fecundidad con la situación de escasez de mano de obra para la labor: «la cosecha es abundante, pero los obreros son pocos»; lo cual resulta inquietante al saber que Jesús ha designado «otros setenta y dos discípulos» para este trabajo.

De una parte se habla de un don desbordante y de otra de la precariedad de medios para realizar la misión, al corto número de obreros se adicionan las condiciones de austeridad y fragilidad que aparecen en las instrucciones de Jesús a los enviados. Esta desproporción prepara al lector para comprender la valoración final de Jesús al concluir el evangelio de hoy.

En el inicio del evangelio de la Misa de hoy se reconoce el sentido de la evangelización en cuanto misión de la Iglesia. En primer término el texto del evangelio afirma que la evangelización responde al proyecto salvífico de Dios en Jesucristo, luego manifiesta que este proyecto se realiza al venir Jesús –al llegar Jesús– a los lugares a donde Él tiene que ir; Jesús viene para anunciar y hacer presente el Reino y para ello vincula a los discípulos que Él establece y envía precisamente a donde tiene que llegar. Jesús establece la Iglesia para hacer presente el Reino que se realiza por su presencia.

El texto de evangelio también esclarece que este proyecto no se puede frustrar porque no haya obreros suficientes para la labor de recoger lo abundantemente sembrado o acaso también por falta de preparación o de responsabilidad de la persona para acoger el don de Dios; sin embargo, este desbordamiento de la misericordia de Dios no puede ser principio de desinterés de los discípulos. En este sentido el papa Pablo VI en la exhortación sobre la evangelización escribió: «los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero, ¿podremos nosotros salvarnos si por negligencia, por miedo, por vergüenza –lo que san Pablo llamaba avergonzarse del Evangelio– o por ideas falsas omitimos anunciarlo?» (Evangelii nuntiandi, 80).

La segunda parte del evangelio de hoy narra el retorno de los misioneros, al contar los resultados de la misión, los que fueron enviados expusieron su seducción por la victoria sobre los demonios, pero Jesús los invita a alegrarse más bien por su condición de ser parte de la obra de Dios: «alégrense porque sus nombres están grabados en el cielo». La cosecha es abundante, los obreros para recogerla son pocos, los medios y las instrucciones dadas a los enviados ponen en evidencia la fragilidad del misionero; en su misión los discípulos dependen del Señor que los envía y de los hombres que los acogen, de modo que la alegría verdadera para los obreros del Reino no se finca en la eficiencia sino en la comunión con Dios.

 

 

Fuente: Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones, OAC-Bogotá-padrejosemedina.blogspot.com

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