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“La misericordia es más que las obras de misericordia” 

Diálogos en la ciudad

30 de Junio 2016
“La misericordia es más que las obras de misericordia”

En el “Diálogo en la ciudad”  estuvimos escuchando la propuesta de tres de nuestros sacerdotes: Arturo Silva, Manuel Jiménez y Alberto Camargo sobre cómo entender y vivir la misericordia en nuestra cotidianidad en Bogotá.

Arturo Silva dividió su presentación en cuatro interesantes y provocadores puntos:

  1. Por una sana imagen de Dios: el padre Arturo nos habla de las imágenes equivocadas de Dios, quien debe ser entendido como una fuerza que desata nudos y que nos lleva por encima de nuestras miserias humanas y cotidianas. Aunque su carga no es pesada, hemos desdibujado la misericordia de Dios, vista en Jesucristo y sus obras.
  2. La Buena Noticia de la misericordia sanadora de Dios: la misericordia absoluta de Dios se ve en Lucas 15. Ser santo, más que ser alguien puro, correcto o seguidor de leyes, es ser misericordioso, como Dios. No hay otra posibilidad de ser cristiano, sacerdote, discípulo, hijo de Dios… sino la misericordia.
  3. El principio compasión misericordia: como Jesús, debemos permitir que la gente respire a la gente al espíritu consolador. Jesús compartía la vida con los pobres, con las personas excluidas, con los mendigos… Jesús pasó su vida sembrando salud, vida plena, felicidad… Y ante este punto, el padre nos cuestiona: ¿Dónde andaba la Iglesia, nosotros los católicos, mientras se consolidaban lugares como el Bronx?

El Plan E y misericordia: no debemos olvidar que debemos ser sal de la tierra y luz del mundo, pero en clave de misericordia. De lo contrario, el Plan E no funcionará. 

  1. Como le dijo el papa Francisco a los obispos mexicanos, solo encantándonos de la ternura de Dios, dejándonos llevar por la fuerza irresistible de su dulzura y creyendo en la promesa irreversible de su misericordia podremos evangelizar y liberar.

Por su parte, Manuel Jiménez, presbítero de la arquidiócesis de Bogotá, presenta los retos que debe asumir la Iglesia si quiere vivir según el principio compasión misericordia, si quiere ser rostro, presencia y sacramento del Amor de Dios: ser “noviolenta” y optar preferentemente por los pobres.

En efecto, en medio de sociedades tan plurales, diversas y en transición constante como es la bogotana, la Iglesia debe entenderse como un actor más, que persuade y no que impone, que escucha y no solo habla, que aprende y no solo enseña. Sólo en el diálogo profético y propositivo, pero sobre todo misericordioso, la Iglesia podrá dejar de ser vista como cavernícola, retrógrada o atrasada y podrá ser creíble, ser significativa y que el Evangelio sea la Buena Noticia.

¿Cómo es la Iglesia que Jesús quería? El padre Manuel, citando a Gerhard Lohfink, afirma que la Iglesia que Jesús quería es la que es señal de contradicción. Es decir, que viviera del corazón de Dios, quien se conmueve hasta las entrañas ante la esclavitud, la opresión, la exclusión. Si queremos vivir como Pueblo de Dios, debemos asumir la alternatividad de Dios, debemos construirnos como pueblo desde la noviolencia, tomando distancia de la visión violenta contra otros, contra las mujeres, contra los niños, contra los habitantes de calle, contra nosotros mismos.

El padre Alberto Camargo conversó sobre su esfuerzo constante y sostenido durante toda su vida ministerial por vivir el principio compasión misericordia en cada una de las acciones pastorales que ha desempeñado: como párroco en Santo Toribio de Mogrovejo (1989-1995), en San Carlos Borromeo (1997-2005) y como encargado de la pastoral de la diócesis de Engativá en donde se sigue el planteamiento de la Iglesia misericordiosa y samaritana del Sínodo de la arquidiócesis de Bogotá.

Para el padre Camargo, lo específico de nuestras ciudades colombianas es el sufrimiento. Y, por lo tanto, este es el principal reto de la pastoral urbana: el sufrimiento humano. La compasión-misericordia, entonces, debe ser la característica fundamental de la pastoral urbana. Y esta compasión-misericordia requiere de una pastoral bíblica, para que la Palabra se encarne en la ciudad, para que podamos vivir la ruta de la samaritaneidad.

La única manera de vivir una verdadera pastoral urbana, en la que el Evangelio se encarne en la ciudad, sea Buena Noticia para todos y libere tantas opresiones es la compasión-misericordia, es el “amor visceral” de Dios.

El padre Alberto concluye su exposición con lo que para él implica descubrir que el corazón de la pastoral es la compasión-misericordia que es mucho más que las obras de misericordia. Es:

Fuente: observatorioarquibogota.org

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