Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Junio 19
Solo hay un camino posible

17 de Junio 2016
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones, OAC-Bogotá
LITURGIA Junio 19 Solo hay un camino posible

Después de las celebraciones de la Pascua, al retomar la lectura del evangelio según San Lucas el leccionario de la Misa dominical ha presentado tres episodios que proporcionan referencias para conocer la identidad y la misión de Jesús: un profeta grande, un maestro, alguien que perdona pecados… En el texto del evangelio de la Misa de hoy se ofrece la profesión de la fe cristiana: "Tú eres el Ungido de Dios".

El evangelio de este domingo tiene dos partes, la primera es la confesión de fe de Pedro, la segunda es la invitación a ser discípulos de Jesús para acoger la salvación. La escena se ha venido preparando en el leccionario a través de los encuentros de Jesús con el sepelio del hijo único de una viuda, con el fariseo que lo invita a comer a su casa y con la hospitalidad de una pecadora. En estos encuentros se ha hecho manifiesta la pregunta ‘¿quién es este hombre?’ y se han dado algunos elementos para tener una respuesta.

La primera parte del evangelio de hoy, después de la mención de la oración de Jesús, avanza con dos preguntas sobre la identidad/misión de Jesús, el primer interrogante averigua sobre la opinión de la gente, la respuesta de alguna manera sirve para recordar los elementos que se han brindado antes; en resumen, la gente entiende el actuar de Jesús como ‘cosa de Dios’: «Un gran profeta apareció entre nosotros. Dios ha venido a salvar a su pueblo», fue la reacción del gentío a la salida de la población de Naím.

El segundo interrogante está directamente orientado hacia los discípulos y la respuesta es la profesión de la fe cristiana. Los diferentes nombres: en hebreo –Mesías; en griego, Cristo y en castellano, Ungido– hacen referencia a la promesa de salvación que venían alentando los profetas desde el Antiguo Testamento.

El profeta Samuel ungió con aceite a David como rey de Israel, el mismo rito de la unción –de donde deriva en hebreo el término ‘mesías’–, la promesa de Dios por medio del profeta Natán sobre la perpetuidad de la casa de David (véase 2Samuel 7) y la prosperidad que se vivió bajo este rey fueron estímulo permanente de futuro para el pueblo de Dios.

Cuando vinieron invasiones y sometimiento por parte de potencias extranjeras, los judíos hacen una estrecha vinculación entre las esperanzas políticas y religiosas, en este contexto la esperanza de liberación se presenta como mesianismo. Dios intervendrá en la historia a través de su Ungido para salvar al pueblo. De modo que confesar que Jesús es el Ungido (Mesías o Cristo) es reconocer que a través de Él Dios se hace presente en la historia para salvar.

En la versión del evangelio según San Lucas, luego de la profesión de fe cristiana, Jesús da la orden a sus discípulos de mantener en secreto esta confesión y pasa directamente a exponer la condición de un Mesías sufriente: Dios salva a través del sufrimiento de su Ungido por el enfrentamiento con la autoridad religiosa (el Sanedrín), sin embargo, este plan de Dios se cumple con la libertad de Jesús. La salvación acontece por la concurrencia de la libertad humana con el proyecto de Dios.

La segunda parte del evangelio de hoy se inicia con la citación de un nuevo auditorio: «le dijo a todos», y se pasa ahora a responder a esta pregunta: ¿y de qué nos salva Dios? Jesús anuncia que acoger la salvación que Él ofrece implica tres acciones por parte de la persona: renunciar a sí mismo, cargar la cruz propia diariamente y seguirlo a Él.

La primera acción indica la ruptura con una vida ‘autorreferencial’ –como dirá el papa Francisco–, esto es, abrirse a los demás, dejar de considerarse uno como el centro en torno al cual debe girar todo, romper con una vida egocéntrica. La segunda acción propuesta llama al permanente presente –cada día– de estar dispuesto a llevar la cruz. La tercera consiste en asumir el estilo de vida de Jesús en lo cotidiano de la existencia.

Estas acciones parecen indicar que Jesús invita a ‘salvarse de uno mismo’, pues el que quiera salvar su vida la perderá. Solo hay un camino posible, el seguimiento de Jesús.

La salvación se recibe como gracia, esta segunda parte aclara qué quiere decir ‘recibir la salvación’. La salvación es gracia de Dios, presencia de Dios en el creyente, que fortalece al ser humano y lo habilita para asumir en libertad la propuesta del Evangelio.

 

Fuente: Tadeo Albarracín, Pbro.-OAC-domingocosenza.wordpress.com

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