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El presbiterio bogotano celebra la Misa Crismal

21 de Marzo 2016
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones de Bogotá
El presbiterio bogotano celebra la Misa Crismal

Reunidos en torno a su obispo, el señor cardenal Rubén Salazar Gómez, los presbíteros de la arquidiócesis de Bogotá celebran una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y de la unión estrecha con su presbiterio

A las 10:00 de la mañana de hoy, Lunes Santo 21 de marzo, más de 400 presbíteros y 90 diáconos permanentes se reunieron al rededor del altar para la consagración del Santo Crisma y la bendición de los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, los cuales serán llevados a las parroquias arquidiocesanas para su uso sacramental durante el año.

Conelebraron la Eucaristía el señor cardenal emérito Pedro Rubiano Sáenz; los obispos auxiliares Pedro Salamanca y Luis Mauel Alí; monseñor Gabriel Romero, emérito de Facatativá y el obispo auxiliar de Morelis, México Juan Espinoza Jiménez. Los Vicarios episcopales el presbiterio de Bogotá y los diáconos permanentes.

Significado de la Misa Crismal:

 

 

La Misa Crismal que celebra el obispo con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

 El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos.

 

La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Jueves Santo por la mañana para ungir a los nuevos bautizados y signar a los confirmados. También son ungidos los Obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.

 

La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración, los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa "el ungido del Señor". El crisma se hace con aceite y aromas o materia olorosa para significar "el buen olor de Cristo" que deben despedir los bautizados.

 

Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo. Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas.

 

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.

 

 

Por lo general antes de comenzar la celebración de la Cena del Señor se reciben solemnemente estos Santo Óleos consagrados en la Misa Crismal celebrada por el Obispo reunido con el presbiterio. En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente destinado dentro de la Iglesia.

 

Aunque la prescripción es que la Misa Crismal se celebre el Jueves Santo, por razones prácticas muchas diócesis lo hacen unos días antes, siempre durante la Semana Santa.

Homilía del Señor Cardenal: 

 

 

Fuente: Varias

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