Editorial

Descripción sobre los principales acontecimientos del país Colombia desde la óptica de la Iglesia Católica. 

El cristiano maduro

18 de Febrero 2016
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones - OAC
El cristiano maduro

En este camino de la Cuaresma encontramos buenos cristianos, caminantes al ritmo de las ceremonias litúrgicas, unas hermosas, otras tradicionales y al fin y al cabo otra semana santa que pasa. 

Pero, este tiempo puede ser la oportunidad para de buenos cristianos llegar a ser mejores creyentes, maduros en la fe, auténticos discípulos misioneros. En la madurez cristiana que debemos construir en un ambiente de oración, de escucha de la Palabra, tenemos que conocer tres características fundamentales.

La primera, la madurez implica ser una persona positiva. El cristiano maduro es una persona que busca constantemente tender puentes, reconducir situaciones conflictivas, mirar hacia delante.

Si atendemos a lo que dice l himno del amor de Pablo:”…se fía siempre, disculpa siempre, espera siempre”, tenemos que admitir que en la figura del cristiano adulto no puede haber depresión, desconfianza, malhumor, tristeza, sospecha. Hay cierta animosidad que tampoco se compagina con la figura del cristiano maduro en la fe, que más bien deja que ese espacio lo ocupen la tensión positiva, el ánimo valiente y una total generosidad. No aparecen en ellas esas formas y manifestaciones de animosidad hostil y de resentimiento que con tanta frecuencia tiñen el talante del cristiano de hoy;” se podrían hacer tantas cosas si …! ¡Son tantas las dificultades que se cruzan en nuestro camino…!¡Si fuera posible…!¡Si la iglesia fuera de otra manera…! Evidentemente, son expresiones que todos podemos usar, pero cuando se convierten en un modo de ver la realidad, no encuentran soporte en la figura ejemplar del cristiano adulto.

Por tanto, la primera conclusión es que la figura del cristiano adulto es la de una persona eminentemente positiva, constructiva, que busca siempre partir de lo que existe para ver cómo mejorarlo, enriquecerlo y descubrir sus virtualidades. Y consecuentemente, pone todo su empeño en construir cada personalidad y cada situación según lo mejor que él puede dar de sí.

La segunda característica, que no debemos olvidar, es, ser luchador, el combate de la fe. De dónde nace este rasgo: según San Pablo, es el combate contra las obras de la carne: “lujuria, inmoralidad, libertinaje, idolatría, magia, enemistades, discordia, rivalidad, arrebatos de ira, divisiones, egoísmos, partidismos, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. El cristiano adulto, por el contrario, debe enfrentar con los frutos del Espíritu el combate de la fe.

La figura del cristiano adulto no nace pacíficamente de un desarrollo tranquilo de la persona, sino que, muy por el contrario, nace conflictivamente, de una cara desvinculación, oposición y condena de todo lo que en el hombre, en la comunidad y en la sociedad, tiende constantemente a hacer que la personalidad cristiana se exprese de forma contraria a como debe ser.

Es, pues, una figura que, siendo totalmente positiva, es abiertamente conflictiva y siempre consciente de la necesidad de desvincularse de las obras de las tinieblas.

La tercera característica del cristiano adulto es una profunda unidad. Aunque aparece fragmentada en múltiples comportamientos, la unidad profunda de esa figura resplandece y Pablo habla del fruto del Espíritu. Se trata de un único fruto, social, ético del crecimiento cristiano. Pablo lo expresa con mayor claridad al hablar de un único amor que hace esto no aquello.

Si nos preguntamos, entonces, qué es ese único fruto, ese amor, podemos encontrar la respuesta en otros textos paulinos y en toda la espiritualidad neotestamentaria. El único fruto, el amor, es la acción de Dios en el hombre: es el ser como Cristo; es la imitación de Cristo y del Padre, vivida por el cristiano adulto en el amor constructivo y a la vez conflictivo.

El cristiano adulto en la fe es el que tiende a ser como Cristo en la multiplicidad ética de sus comportamientos, definidos por el Evangelio y compendiados en el Nuevo testamento. El cristiano adulto podrá con la gracia del Espíritu hacer de la Cuaresma y la Semana Santa, un encuentro con el Señor resucitado y su madurez en la fe lo convertirá en un auténtico discípulo misionero.

Todos somos invitados a recorrer estas etapas de madurez cristiana par que la Pascua nos transforme en discípulos misioneros de Jesucristo señor de la vida. 

Fuente: Memorias El Catolicismo

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