Formación

El Pueblo de Dios necesita ser formado y necesitan que se les incentive a la espiritualidad como medio para acercarse a Jesucristo por lo cual, éste es el espacio propicio para ello.

De la pereza a la satisfacción espiritual

09 de Febrero 2016
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones - OAC
De la pereza a la satisfacción espiritual

A lo largo de la historia de la humanidad ha primado un criterio de vida que ha consistido, y se ha limitado, sólo a satisfacer los instintos más elementales: beber, comer,  pasarlo bien, tener salud. Y para esto es “obligatorio” buscar dinero y para tenerlo es “obligatoria” la ley del trabajo.

Como es obvio, para quien ha reducido a esto su vida no hay espacio para otras realidades tanto o más importantes, como es la espiritual. 

Encontrar tiempo para ir a adorar al Señor en la Eucaristía puede ser difícil, pero si vamos con un corazón abierto los resultados serán sorprendentes, el cambio que producirá en usted el tiempo que pase en la adoración Eucarística podrá hacerle sentir mejor y más feliz.

 10 Cambios que podrá experimentar en su vida 

1. Desarrollará un sentido de asombro y maravilla 

No hay nada como la atmósfera de una capilla o iglesia tranquila, el olor del incienso y el esplendor de la custodia para ayudarle a entender la verdad de lo que está sucediendo en la adoración. Estamos verdaderamente ante Jesucristo: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Cuanto más se hunda en el silencio frente a Él, más se dará cuenta de que la única respuesta es la admiración y el asombro ante la grandeza de nuestro Dios. 

2. Experimentará la paz en otras áreas de su vida 

Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14, 27). La paz externa que podemos experimentar en la adoración (la tranquilidad y el silencio) llega mucho más profundo: nos llena de una paz interior que afecta a todas las áreas de nuestra vida. Esto no significa que todo será perfecto y sin sufrimiento, pero la paz de Cristo nos hace tener la certeza de que las tormentas de la vida no nos harán naufragar. 

3. Comenzará a mirar fuera de si mismo 

Jesús nos dijo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 13, 34). Pasar tiempo en adoración nos conecta con todo el mundo –después de todo, estamos gastando tiempo con el Creador de todas las cosas–. Pasar tiempo alabando y adorando a Dios le abrirá los ojos para poder mirar más allá de sus propias preocupaciones y ver las necesidades de los demás. 

4. Algunas veces se aburrirá, pero… 

Habrá momentos en los que no sentirá nada glorioso, estará distraído y su mente comenzará a divagar. Tal vez en un principio su oración estaba llena de sentimientos maravillosos, pero luego, con el tiempo, no fue tan especial. Nuestra fe es más que un sentimiento. Con tu perseverancia Dios seguirá trabajando en usted y convirtiendo su corazón. Ésta es la belleza de la Encarnación: Dios hecho hombre que entra en todas nuestras tensiones, miedos, problemas -También en el aburrimiento-. La adoración es un continuo volver a Él cada vez que (durante algunos minutos) nuestra mente divaga, dando a Dios el mejor regalo que podemos entregar: nuestro tiempo y compañía. 

5. A pesar de que le cueste, estará entusiasmado por ir 

Estando delante de Jesús descubriremos que nos ama y que quiere pasar tiempo con nosotros, de esa forma ya no habrá ninguna excusa que le impida ir.  Si la adoración alguna vez se sintió como un deber, luego se convertirá en un acto de amor, en una necesidad; no solo por las cosas que podemos obtener, sino porque fuimos creados para adorar. Como decimos en la Misa, es “justo y necesario” darle gracias al Señor. La adoración se imprime en nuestros corazones y “nuestro corazón está inquieto hasta que encuentren nuestro descanso en Él” (San Agustín).

 6. La Gracia entrará en su vida 

Es increíble como el simple gesto de darle un tiempo corto al Señor hace una gran diferencia en el resto de su vida. Podemos llevar su presencia mucho después de dejar la iglesia o capilla. Su gracia es la que nos sostiene, sobre todo en los momentos de tentación, en los que nos será más fácil resistir cuando pasamos tiempo y nos llenamos de Él. 

7. Se dará cuenta de lo afortunado que es 

Si es tan simple como coger el carro o incluso caminar a la capilla cercana, se da cuenta de lo afortunado que es. Hay a quienes les encantaría pasar más tiempo con Jesús pero no pueden hacerlo porque les es imposible salir de casa, están enfermos o muy ocupados. Luego están aquellos alrededor del mundo que arriesgan sus vidas por la Eucaristía en los lugares donde son perseguidos por su fe. Cuando se acuerda de los que caminan durante horas o días en situaciones peligrosas con el fin de estar un ratito con Jesús, se da cuenta de que es un regalo poder orar abiertamente, y eso sin hablar de tener un sacerdote que pueda administrarnos los Sacramentos. 

8. Descubrirá que Jesús tiene un muy buen sentido del humor 

Cuanto más somos capaces de sentarnos y dejar que Dios nos hable (en lugar de gastar todo nuestro tiempo llenando el espacio de silencio hablando), nos daremos cuenta de que Dios tiene un muy buen sentido del humor: le gusta hacernos una broma o dos, y a veces esos momentos son lo suficientemente divertidos para que nos queramos  reír en voz alta. 

9. Querrá ir a confesarse más seguido 

Esto puede sonar aterrador, pero no lo es. La confesión nos permite experimentar el océano sin límite de la misericordia de Dios. Su misericordia abraza todos nuestros pecados y nos da una libertad sin miedo que nos permite dar el salto al amor y la bondad presentes en todos sus planes para nuestra vida. Una y otra vez acudir a la confesión nos hace renovarnos en la certeza de que estamos seguros en los brazos de un Padre que nos ama y “no se cansa de perdonarnos” (Papa Francisco).

 10. Se enamorará 

Cuando pasamos mucho tiempo con el corazón abierto en adoración y dejamos que Cristo nos ame, entonces lo amaremos también. Ese amor nos define y nos permite ser nosotros mismos. “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Juan 10, 10).

¡Transforme su vida! es el momento de pensar en usted y permitirse ser más feliz.

Fuente: Fuente: Varias - Catholic Link

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