Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Enero 10
La prolongación de la Navidad en la vida cotidiana

10 de Enero 2016
 Padre Tadeo Albarracin
LITURGIA Enero 10La prolongación de la Navidad en la vida cotidiana

Dentro del calendario de la Iglesia, la fiesta del Bautismo del Señor cierra el ciclo de las celebraciones de Navidad; el misterio de la encarnación del Hijo de Dios ha sido el acontecimiento que durante estas semanas de Navidad en la liturgia hemos rememorado, celebrado y acogido. El tiempo litúrgico de Navidad nos ha ayudado a tomar consciencia de nuestra existencia cristiana como actualización del amor de Dios manifestado en la Encarnación: «el amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10).

Como resonancia de la noche de Navidad, una serie de celebraciones se siguieron para llevarnos a comprender la identidad del niño que María entrega a la humanidad en el pesebre: verdadero Dios y verdadero hombre, y también de su misión como salvador de todos. En este domingo se concluye este ciclo de la manifestación del Hijo de Dios hecho hombre con una fiesta que al tiempo de ser presentación de Jesús a la humanidad anuncia cómo realiza su misión salvífica.

La oración colecta de este domingo propone los elementos de la narración del episodio del bautismo de Jesús en el Jordán como inspiradores de la vida cristiana. La colecta confiesa que en el episodio del bautismo de Jesús en el río Jordán, luego del descenso del Espíritu Santo sobre él, el Padre del cielo proclama que Jesucristo es su Hijo amado; con base en esta revelación la oración eleva como petición que los cristianos, hechos hijos adoptivos de Dios por el bautismo y por el Espíritu Santo, vivan en la obediencia de la fe: «se conserven siempre dignos» de la complacencia de Dios.

Se reconoce en el texto de la oración colecta el dinamismo de la encarnación expresado en uno de los prefacios para los días de Navidad: «hoy resplandece ante el mundo el maravilloso intercambio que nos salva: pues al revestirse tu Hijo de nuestra frágil condición no sólo confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión admirable nos hace a nosotros eternos».

El sentido salvífico de la encarnación también se deja ver en la presentación del Siervo de Dios que escuchamos en la primera lectura (Isaías 42, 1-4.6-7). El texto nos revela que Dios realiza la salvación, no solo del pueblo de Israel sino de todas las naciones, a través de su siervo que no actúa con preponderancia ni espectacularidad sino en fragilidad: «no gritará, no levantará la voz. No quebrará la caña ya doblada». Sin embargo tiene eficacia para hacer realidad el orden querido por Dios: «implantará la justicia en la tierra».

En lo que pudiéramos llamar la economía de la encarnación, la justicia –la salvación que realiza Dios– no se impone con violencia sino a partir de la fragilidad del siervo, y él, instrumento de la alianza, trae el mundo la liberación. De esta forma la salvación –justicia– se manifiesta como la transformación del ser humano por obra de la gracia que actúa en la fragilidad.

Dentro de la organización de las lecturas de la Misa de los domingos resulta particularmente importante el texto de la segunda lectura (Hechos 10, 34-38). Estos versículos nos ofrecen parte del primer anuncio del Evangelio –kerigma– que hace el apóstol Pedro en casa del centurión romano Cornelio. Antes que el mismo anuncio, Pedro confiesa que él ha cambiado de paradigma: «Ahora comprendo claramente»; con ello reconoce implícitamente que antes venía comprendiendo el proyecto de Dios desde otras categorías o con otros criterios.

Esta novedad –nuevo paradigma– pasa por asumir dos realidades de fe previas a la recepción del Evangelio, o dos maneras por las cuales Dios prepara a los hombres para vivir el proyecto de Jesús: una es vivir en presencia de Dios y la otra es obrar en justicia: «temen [a Dios] y practican la justicia». La primera forma se diferencia del judaísmo de su tiempo que por el cumplimiento de la Ley consideraba a unos ‘puros’ o amigos de Dios y a otros ‘impuros’; ahora Dios, por decirlo de alguna forma, ‘está al alcance de toda experiencia humana’. Esto es fruto del misterio de la encarnación, pues «el Hijo de Dios, con su Encarnación, se unido, en cierto modo, con todo hombre» (Gaudium et spes, 22).

En este nuevo paradigma se acoge el Evangelio, esto es, el acontecimiento Cristo, inaugurado con el bautismo en el río Jordán, y que consiste en el poder salvador de Dios actuando por Jesús la benevolencia y la liberación: «haciendo el bien y curando a todos los que estaban bajo el dominio del diablo».

Precisamente esta actividad benevolente y liberadora es la historia que estaremos siguiendo domingo a domingo en el evangelio de la Misa en el tiempo ordinario que iniciamos esta semana en el calendario de la Iglesia.

 

Comentarios

[[ comment.author.username ]] dice:

[[ comment.publication_date ]]
No hay comentarios recientes
« Volver a Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Desarrollo San Pablo Multimedia