Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Noviembre15
 ¡Él está a las puertas!

13 de Noviembre 2015
 Padre Tadeo Albarracin
LITURGIA Noviembre15 ¡Él está a las puertas!

Concluimos en este domingo nuestra lectura del relato de San Marcos en el evangelio de la Misa. Estando en Jerusalén, los discípulos llaman la atención de Jesús sobre la belleza del templo, a lo cual el Maestro responde que de eso no quedará piedra sobre piedra; intrigados los discípulos le preguntan sobre el momento y las señales de la inminencia de ese acontecimiento, a ello contesta Jesús con el discurso sobre el final del tiempo del que leemos hoy el anuncio de la segunda venida de Cristo.

El evangelio de la Misa de hoy (Marcos 13, 24-32) tiene dos partes, en la primera Jesús anuncia la venida del Hijo del hombre al final de tiempo, en la segunda parte advierte sobre el desconocimiento del día y la hora de este advenimiento.

Jesús responde a sus discípulos refiriendo situaciones de crisis, hambrunas y guerras como preludio de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, a continuación vienen los versículos que escuchamos hoy en el evangelio de la Misa, por ello nuestra traducción empieza: «cuando pase la gran tribulación…»

El anuncio de la venida del Hijo del hombre está contextualizado en la revelación del final del tiempo: «se oscurecerá el sol, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán…» Evidentemente no se trata de una información de tipo científico que tengamos que corroborar con lo que los astrofísicos nos dicen de la evolución de las estrellas. En el relato bíblico de la creación leemos que el cuarto día «dijo Dios: “¡Fórmese en la bóveda del cielo astros que den luz y distingan el día de la noche y sirvan para señalar las fiestas, los diversos días y años!”» (Génesis 1, 14).

Estamos ante una manera de anunciar el final de esta condición, es decir, que el cese de la actividad de los astros celestes, que marcan el tiempo y las actividades del hombre, indica el fin del mundo, el fin del cosmos, como se dice en el idioma griego.

En un sentido más profundo, el cataclismo por el agotamiento de los astros lo podemos comprender como la situación del universo que devora lo inconsistente y esto lo vamos experimentamos anticipadamente cuando somos conscientes de que el paso del tiempo va decantando la vida.

En el anuncio de Jesús, al final del tiempo siguen dos actividades que marcan la diferencia entre quienes llevan una vida inconsistente y los discípulos. Los primeros «verán al Hijo del hombre venir entre las nubes con gran poder y gloria»; con una frase igual Jesús anuncia el juicio de los miembros del sanedrín en el relato de la pasión (véase Marcos 14, 61-62). De manera que el final del tiempo conlleva un juicio a quienes llevan una vida inconsistente, es decir, vacía, frívola. Un juicio a quienes se han cerrado al camino del Evangelio.

Pero también, el final del tiempo significa para quienes han seguido el camino de Jesús ser congregados desde «los cuatro puntos cardinales del cielo y de la tierra»; de esta forma se expresa el universalismo de la obra salvífica de Cristo y la presencia del amor de Dios actuando en la vida de la humanidad.

En la segunda parte del evangelio de la Misa de este domingo Jesús nos invita a vivir en la espera de su segunda venida, que está «a las puertas». Al afirmar que el fin está cerca, Jesús dice que. Este anuncio de Jesús lo hemos venido escuchando cada generación de cristianos, desde la de los apóstoles hasta la presente. El aplazamiento de la segunda venida de Cristo provocó una de las primeras crisis entre las comunidades cristianas.

Este anuncio de Jesús –«todo esto sucederá ante que pase esta generación»– es una invitación a llevar una vida cristiana radical en el sentido de que cada generación de cristianos viva como si ella fuese la última sobre la tierra. Las experiencias de las generaciones de cristianos que nos han precedido y han ido enriqueciendo la Tradición viva de la Iglesia nos pone a los cristianos del tiempo presente en la situación óptima de conocer el Evangelio en mayor profundidad y con ello la responsabilidad de ser fieles hoy, de ser cristianos desde nuestra particular historia.

 

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