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Milagro en la Peña

10 de Noviembre 2015
 Contenido: Oscar Javier Valencia Cuervo, Audio: Mario Cardenas Garcia, Fotografías: Josefina Nonato y Yuli Andrea Arenas
Milagro en la Peña

Milagro… este es el termino exacto para definir este histórico acontecimiento vivido por los habitantes del barrio Los Laches y aledaños el pasado 8 de noviembre.

Después de tres años de construcción se realizaba la consagración del nuevo templo de Nuestra Señora de La Peña ubicado en el barrio Los Laches en la ciudad de Bogotá, fue un acontecimiento único y especial que quedará en la memoria y en el corazón de todos los que lo presenciamos. 

Desde las 6:00 am del domingo iban llegando salmistas, laicos y logística para preparar todo para la consagración, era tal la emoción que se reflejaba en el rostro de quienes iban llegando; y ¡cómo no!,  había razones de peso para sentirse así, el anhelo de la consagración y por el mismísimo cardenal, monseñor Rubén Salazar en compañía del vicario episcopal, monseñor Daniel Delgado e invitados muy especiales como el rector del Seminario Redemptoris Mater de Bogotá José Vicente Sandino, junto con dos formadores del mismo, el Rector de los Santuarios de Nuestra Señora de la Peña y Guadalupe Carlos Mario Sánchez, el diácono permanente Gonzalo Sandoval, entre otros.

Uno a uno iban llegando tanto fieles como invitados. Miguel Francisco  Puyo Calderón, párroco de Nuestra Señora de La Peña, ultimaba los detalles como sonido, orden, ornamentos y demás. Ya sobre 8:00 a.m. no había ni una sola silla de las 500 dispuestas dentro del templo, sobre el atrio las personas se iban acomodando para observar en dos grandes pantallas lo que pudiera suceder adentro.

El tiempo avanzaba y la emoción aumentaba, al llegar el vicario episcopal, monseñor Daniel Delgado, empezaban los sacerdotes a preparar sus vestiduras revestirse; pero cuando llegó el cardenal Rubén Salazar una ovación de aplausos lo recibió junto con el anfitrión de la ceremonia, el padre Miguel Francisco Puyo Calderón. Con el carisma que lo caracteriza, saludando y sonriendo, avanzaba entre la gente para revestirse e iniciar la ceremonia.

El crucífero y las reliquias de San Juan Pablo II, San Pedro Claver y San Pio Pietrelcina precedían la procesión del Cardenal junto con el Vicario Episcopal y los demás sacerdotes; el brillo en los ojos de los feligreses era evidente mientras el canto de Iglesia peregrina marcaba el ritmo de entrada, una sola voz con cientos de ecos en comunión que decía “paz para las guerras y luz entre las sombras Iglesia peregrina de Dios”

 

 Alegría… era lo que reflejaba el rostro del Cardenal quien saludaba a la asamblea con una frase que resumía la emoción del momento, “no hay mayor alegría para un cardenal que la consagración de un templo” sin contar todas las gracias que predijo suscitaría un templo tan lleno de gracia como este. Este motivador saludo fue el invitatorio a la celebración que continuó con la entrega de los planos al Obispo signo de la entrega del templo en las manos de Dios. La ceremonia continuaba con el orden litúrgico establecido con la bendición del agua, la aspersión, seguido por el gloria y la liturgia de la palabra.

El calor dentro del templo aumentaba pero no fue distracción para dejar de escuchar la homilía de monseñor Rubén Salazar quien ilustraba y traducía la manifestación del amor de Dios a través de la palabra y obviamente a través de este acontecimiento, recalcaba la importancia de la comunión en la Iglesia por qué de que sirve un nuevo templo sin un pueblo en comunión que viva el compromiso cristiano del amor y el perdón.

A continuación  te invitamos a escuchar la homilía del señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

Después de las letanías se ubicaron las reliquias bajo el altar, fue muy emocionante experimentar la presencia de tres santos (ahora patronos) en la iglesia, seguidamente se inició la consagración con la unción del altar y los muros con el santo crisma, en cada muro una cruz símbolo de los cuatro evangelistas; la incensación y la iluminación del altar la cual nos advierte que cristo es la luz para alumbrar a las naciones. Obviamente en esta fiesta no podía faltar Jesucristo, la liturgia de la Eucaristía daba una alegría más a la festividad. Con la celebración del sacrificio eucarístico se alcanzaba el fin principal de la construcción del templo de igual manera la gracia de la eucaristía consagraba el altar de sacrificio y el templo. Después de la comunión la asamblea alegre ignoraba una gracia adicional con la que no contaba, la capilla del Santísimo. El cardenal Rubén Salazar se dirigió a la capilla y de rodillas incensó el Santísimo para culminar con la consagración del templo.

Era una imagen maravillosa, ver a Monseñor en la sede y a su lado los sacerdotes revestidos en la majestuosidad del nuevo templo, literalmente daban ganas de llorar, aun más para aquellas personas que día tras día veían la construcción del templo, un milagro en la Peña, eso fue lo que pasó; gracias a la ayuda desinteresada de muchas personas que movidas por el Espíritu Santo donaron su tiempo, donaron su dinero y donaron su conocimiento para participar de esta gran obra.

Monseñor Rubén despedía la asamblea y daba cierre con la bendición final, la salida en procesión con el canto a María intercesora daba fin a la ceremonia pero no a la alegría de la consagración, aun se celebra en la Peña en el nombre del Señor.

 

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