Formación

El Pueblo de Dios necesita ser formado y necesitan que se les incentive a la espiritualidad como medio para acercarse a Jesucristo por lo cual, éste es el espacio propicio para ello.

Santa Teresa del Niño Jesús Patrona de las Misiones

“El Amor es Eterno”

"Mi vocación es el amor"

01 de Octubre 2015
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones - OAC Bogotá

Santa Teresa del Niño Jesús nació en la ciudad francesa de Alençon, el 2 de enero de 1873, sus padres ejemplares eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos venerables. Murió en 1897, y en 1925 el Papa Pío XI la canonizó, y la proclamaría después patrona universal de las misiones. La llamó «la estrella de mi pontificado», y definió como «un huracán de gloria» el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita. Proclamada "Doctora de la Iglesia" por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997 (Día de las misiones).

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde en brazos de sus hermanas del Carmelo. En los últimos tiempos, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XI quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones.

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento. Trataba de renunciar a imaginar y pretender que la vida cristiana consistiera en una serie de grandes empresas, y de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre».

A continuación les compartimos un texto escrito por la Comunidad Religiosa Carmelitas Descalzas de Bogotá, además de su gran enseñanza para vivir la vocación al amor. 

SANTA   TERESA   DEL   NIÑO   JESUS

Virgen de la Orden del Carmen

 

Nació en Alencon (Francia) el 2 de enero de 1873. Entró en el Carmelo de Lisieux el 9 de abril de 1888. Durante varios años se encargó de la  formación de las novicias como ayudante de la maestra. Exhaló su último suspiro en un éxtasis de amor el 30 de septiembre de 1897. Un año más tarde y en la misma fecha, salía a luz su  Historia de un alma  que tanta influencia espiritual iba a ejercer con sus numerosas ediciones en varios idiomas. Pío XI canonizó a Teresa el 17 de mayo de 1925 y la proclamó  Patrona de las  Misiones el 14 de diciembre de 1927.

 

Recordamos su vivencia espiritual, cantamos con ella la experiencia de Dios Padre, que en su misericordia infinita ha derramado sobre nosotros el Espíritu de amor. En esa caridad divina radica el secreto de la misión de esta carmelita en la Iglesia: ser el amor en el corazón del Cuerpo Místico, para vivir así la plenitud de los carismas.

Evocamos también la experiencia eclesial de la Santa: su amor sin límites, hecho oblación de la propia vida a fin de que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y a  la unidad que Jesús pidió al Padre.

Cuando Teresa piensa en el cielo, piensa sobre todo en lo que allí podrá hacer para ayudar a los misioneros en su apostolado, para ayudar a las almas a caminar hacia Dios por el “Caminito”, hecho de confianza y abandono, que El le ha hecho descubrir. Esa esperanza la expresa de manera luminosa: “Yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”. Y en esta otra expresión: “También yo, después de mi muerte, haré que lluevan rosas”.

La realidad del influjo de la doctrina de Teresa del Niño Jesús en la Iglesia y en el mundo de hoy es un hecho innegable. Los moldes a través de los cuales transmite su mensaje doctrinal son los de una mujer joven, consagrada y contemplativa .Sin embargo, la calidad evangélica de su mensaje lo abre a la universalidad de situaciones y de destinatarios. Más todavía, lo hace actual ante los desafíos de la nueva evangelización, de la unidad de los cristianos, de las circunstancias-límite en la que viven creyentes y no creyentes. Se trata, en el fondo, de un regreso al Evangelio.

Carmelitas Descalzas Bogotá

  

 

DE LOS MANUSCRITOS AUTOBIOGRÁFICOS DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS.

Manuscrito B

 

En el corazón de la Iglesia yo seré el amor.

 

Mis inmensos deseos constituían un martirio para mí; me decidí a leer las cartas de San Pablo, para encontrar una respuesta. Casualmente me fijé en los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios y leí en el primero de ellos que todos no pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas, doctores; que la Iglesia se integra con diversos miembros, y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano .Respuesta sin duda luminosa; pero no precisamente la que llegase a satisfacer mis deseos, proporcionándome la paz.

Continué leyendo sin perder el ánimo; al fin logré mi intento, encontrando alivio. “Ambicionad los carismas mejores, y aún os voy a mostrar un camino mejor”. Y el Apóstol comenta que los carismas, aun los mejores, son nada sin caridad y que la misma caridad es el más sublime camino que lleva con seguridad a Dios. Al fin había encontrado tranquilidad.

Al fijarme en el Cuerpo Místico de la Iglesia, no lograba reconocerme en ninguno de los miembros que describe San pablo; mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos. Y la clave que descubre mi vocación me la brindó la caridad. Comprendí, en efecto, que la Iglesia presenta su cuerpo, ensamblado de diversos miembros, pero sin faltarle el imprescindible y más noble. Me percaté de que la Iglesia tiene corazón y de que este corazón se halla abrasado de amor. Adiviné que, precisamente, el corazón impulsaba  al apostolado a los miembros de la Iglesia; que, una vez apagado, ya no seguirán los apóstoles anunciando el Evangelio, ni los mártires derramando su sangre. Aprecié y  comprobé que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor es todo, y que él mismo abarca todos los tiempos y lugares; en resumen, que el amor es eterno.

Y entonces con el mayor gozo de mi alma desbordada, exclamé: “Oh Jesús, mi amor, encontré por fin mi vocación”. Mi vocación es el amor. Sí, en verdad, he encontrado mi puesto exacto en la Iglesia. Este puesto tú me lo has dado, Dios  mío. En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor, y con el amor lo seré todo. Mi deseo podrá llegar a ser realidad “.

Fuente: Monasterio San José Carmelitas Descalzas

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