Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Septiembre26
La ayuda y la zancadilla

25 de Septiembre 2015
 Padre Tadeo Albarracín

Desde hace tres domingos venimos siguiendo en el evangelio de la Misa la formación de los discípulos de Jesús, esta formación la realiza Jesús mientras van camino hacia Jerusalén, en donde Él entregará su vida; venimos reconociendo la entrega de la vida como característica del seguidor de Jesús. En el episodio que leemos hoy vuelven a aparecer las dificultades que tienen para formarse los discípulos, es decir, para asumir la ‘forma’ que el Maestro quiere.

Reconocemos dos partes en el evangelio de la Misa de este domingo, en la primera leemos el episodio del ‘exorcista anónimo’ y en la segunda, una llamada de Jesús al radicalismo en la opción de discipulado.

El episodio del exorcista anónimo se abre con el reconocimiento implícito entre el pueblo de la actividad liberadora de Jesús, muestra de ello es que los discípulos han sido testigos de alguien que para expulsar los demonios acude al nombre de Jesús. Juan y, probablemente, alguno más de los discípulos le han prohibido que siguiera con la actividad de exorcizar: «Se lo prohibimos porque no es de nuestro grupo». Literalmente la razón para la prohibición, según Juan, es que ‘no anda con nosotros’. Algo así como ‘Ése no anda con nosotros’.

En el argumento de Juan y en la respuesta de Jesús –«¡No se lo prohíban!»– aflora la diferencia entre el estilo que Jesús propone a sus seguidores y los reparos que ponen los discípulos. Hemos venido descubriendo que Jesús invita a los discípulos a seguirlo, a compartir su destino, esto es, a entregar la vida, y en ello precisamente consiste la salvación. Al mismo tiempo, en esta parte del evangelio de Marcos nos hemos venido enterando que los discípulos tienen otra idea de seguir a Jesús y por ello igualmente otra idea de Mesías y de salvación.

En la escena que leímos el domingo pasado, entendíamos que la idea que tienen los discípulos sobre seguir a Jesús es caminar simplemente a su lado para asegurarse un futuro glorioso; dentro de esta manera de ver la salvación la afirmación de Juan –‘Ése no anda con nosotros’– devela que los discípulos ven en el exorcista anónimo un rival.

La mirada de Jesús es más amplia: el Reino. El Reino de Dios conlleva la liberación del hombre por la presencia de Jesús en medio de nosotros, desde esta perspectiva el exorcista anónimo hace lo que Jesús realiza: está ayudando a Jesús y a sus discípulos a hacer manifiesto el Reino entre los hombres. La declaración de Jesús nos lleva a aceptar la ayuda que viene de fuera de la comunidad.

Una frase sobre la ayuda cierra la primera parte: «Y así el que les dé un vaso de agua porque son mis discípulos, yo les aseguro que nos que perderá su recompensa». Jesús nos revela que quien como el exorcista anónimo ayuda a los discípulos participará del Reino en la plenitud.

En la segunda parte del evangelio de este domingo tenemos una llamada de Jesús a la radicalidad de los discípulos en el seguimiento; esta parte está construida a partir de frases enlazadas o ligadas entre sí por la palabra griega ‘skándalon’ (escándalo, en castellano) y que el leccionario colombiano ha traducido como ‘hacer pecar’. El sentido griego de ‘skándalon’ es algo así como colocar trampas, poner obstáculos en el camino, hacer zancadilla.

El evangelio de la Misa de este domingo en su conjunto reúne dos enseñanzas a los discípulos, una sobre la ayuda y otra sobre la zancadilla. La primera parte del evangelio de hoy termina con una promesa a quien ayuda, a continuación se anuncia un juicio severo a quien pone zancadilla al hermano pequeño (débil) «Si, al contrario, alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría…»

El domingo pasado Jesús ilustró la realidad de los débiles o últimos con la imagen de un niño, el texto de hoy nos lleva a pensar en los ‘pequeños que creen’ como los caracterizados en las bienaventuranzas (véase Mateo 5, 3-12): los pobres, los que sufren, los humildes, los limpios de corazón, etc.

Esta segunda parte anuncia en primer lugar un juicio severo y un castigo inevitable a quien ponga zancadilla a los auténticos seguidores de Jesús; pero también invita a todos los discípulos a tomar consciencia de los obstáculos que cada uno va reconociendo en su experiencia de seguir a Jesús y a luchar contra esas situaciones que actúan como zancadilla en el seguimiento. En el fondo una llamada a la radicalidad.

 

 

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