Formación

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El ser humano: cuerpo y alma

28 de Agosto 2015
 Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones - OAC, Bogotá
El ser humano: cuerpo y alma

Muchas personas han sufrido mucho en sus vidas. La semilla de la negatividad se sembró en sus corazones y con el tiempo esas semillas comenzaron a crecer y a fortalecerse, y es más difícil liberarse de ellas.

Es como plantar una semilla de roble y dejar que crezca: crecerá y se hará grande y fuerte, y las raíces serán tan profundas que será casi imposible arrancarlo de raíz.

El lugar donde el hombre habita es tan importante como el vestido y la comida. Dan sentido a la vida. De este depende el bienestar del que la habita, las personas tienen el derecho a la felicidad (y eso lo incluye a usted), y dejar las experiencias negativas en el pasado ayuda mucho.

La casa devuelve a su morador lo que él pone en ella. Desorden y suciedad si la tiene desordenada y sucia. Orden y limpieza si la mantiene limpia y ordenada. Aún sin darse cuenta, el ser humano tiene dos casas, una del cuerpo y otra del alma, lugares que no tiene que construir ni comprar. La casa de su cuerpo es su alma. La casa de su alma es su cuerpo. Tienen la transparencia afectiva que les pone su morador. Dichoso quien tiene, por transparente, casa acogedora.

Mi casa está en mi corazón. Yo soy el corazón de mi casa. Esta constatación despierta en mí la inquietud de dedicarle tiempo, de conocerla cada día mejor, de poner en ella un toque permanente de elegancia y sencillez. Crece mi interés de que, por amorosa, mi casa sea acogedora.

Comience por alimentar su mente y espíritu con palabras y personas que lo acerquen a Dios. No entierre sus malos pensamientos en el corazón, donde madurarán en odio y desprecio. Una manera efectiva de comenzar a limpiar es el perdón.

Deje que su mente, cuerpo y alma influyan a lo largo del camino que debe atravesar. Cultivando cosas buenas en mi casa, estoy aceptando la invitación del papa Francisco de cuidar la casa común, sabiendo que “la ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan” (138).

Y así entiendo la “mirada integral e integradora” (141), no como el hecho de juntar fragmentos, sino como el arte de acometer distintos puntos de vista del todo, sobre la base de que todo punto de vista es la vista de un punto en el todo.

La realidad ambiental y el contexto humano son inseparables. “La relación de cada persona consigo misma genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” (141), no menos que con Dios, del cual depende mi relación de amor con todo.

 

Fuente: Varias

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