Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Julio12  
El Reino no se puede dejar para después, es ahora

10 de Julio 2015
 padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Julio12   El Reino no se puede dejar para después, es ahora

En nuestra lectura del relato del Evangelio según San Marcos, después de la serie de episodios que recibimos aquí como una instrucción sobre la fe, iniciamos este domingo una nueva sección que viene a presentar la incomprensión de los discípulos sobre el misterio de Jesús y el proyecto del Reino. En el inicio de esta nueva sección el evangelista vuelve a proponer el verbo ‘empezar’: «Jesús llamó a los discípulos y empezó a enviarlos», como ya lo hizo al introducir la misión de Jesús: «Después que Juan fue entregado, se dirigió Jesús a Galilea y empezó a predicar el evangelio de Dios» (Marcos 1, 14).

El evangelio de la Misa de hoy tiene tres partes, en la primera hallamos lo que podríamos reconocer como título: «Llamó Jesús a los Doce y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malignos». En la segunda parte leemos las instrucciones de Jesús para la misión y en la tercera un resumen del trabajo realizado por los misioneros.

En lo que llamamos el título, se puede reconocer la misión de la Iglesia a partir de tres términos: llamada, envío y poder sobre los espíritus malignos. Aquí ha de entenderse ‘espíritus malignos’ como todo aquello que se opone al Reino, de modo que la Iglesia convocada y enviada por Jesús tiene el poder para vencer toda situación que dificulta el desarrollo del proyecto del Reino en la historia.

En la segunda parte, las instrucciones de Jesús a los misioneros refieren los medios y el actuar. Al exponer los medios, junto a unas prohibiciones el texto nombra dos excepciones: bastón y sandalias. Esta diferencia nos lleva a pensar en la situación de misioneros itinerantes realizando largas caminatas. Las restricciones se refieren al alimento, las provisiones y el dinero; el discípulo misionero vive de aquello que se le ofrece a donde llega. Estas tres restricciones están definiendo una actitud de austeridad. Itinerante y austera debe ser la Iglesia y por lo mismo los discípulos.

En la intención del texto la austeridad, lejos de ser el resultado de malas gestiones o circunstancias fortuitas, se la establece como una actitud, como algo buscado. La austeridad como talante de vida buscado y asumido es signo escatológico. No queremos que aquí el término ‘escatológico / escatología’ parezca algo rebuscado. Este concepto proviene del judaísmo y hace referencia a la culminación o plenitud del proyecto de Dios.

En la Biblia la salvación se explica como un proyecto que Dios va cumpliendo en la historia del pueblo y en la historia individual de las personas, este proyecto se ha iniciado con el mismo acto de la creación y tiene su final pleno en Dios. Por la fe, el creyente va descubriendo cómo el futuro pleno (escatología) se va manifestando anticipadamente en la historia con sus contingencias y limitaciones.

Hace ocho días escribíamos aquí sobre la profecía. El discípulo de Jesús, consagrado profeta en el bautismo, por esta consagración, puede ir descubriendo cómo el proyecto del Reino se va reconociendo y manifestando en su propia existencia. De manera que la vida de un cristiano se puede explicar como tensión entre la plenitud del proyecto de Dios y la realidad histórica que vive: «Ya somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos» (1Juan 3, 2).

El discípulo misionero es enviado a expandir el Reino que Jesús anunció, su manera austera es signo del Reino de Dios que se va manifestando en la historia, principiando por el estilo mismo de vida del discípulo, en donde se va reconociendo que lo realmente central es el ser humano.

En cuanto a la forma de poner por obra la misión la recomendación de Jesús se centra en la ‘casa’. En el evangelio según san Marcos el término casa hace referencia a una comunidad cristiana, el discípulo es miembro de una comunidad, no anda cambiando de ésta. En caso de no acogerse el Evangelio ni conformarse una comunidad, ‘nada que hacer’, es preciso abandonar aquel lugar.

En esta segunda parte de las recomendaciones destaca el gesto simbólico del rompimiento: «al salir, sacudan de sus pies hasta el polvo que se les haya pegado». No acoger el Evangelio es un acto de autoexclusión del proyecto del Reino. La realidad del Reino, por ser escatológica, no se puede dejar para después. ¡Es ahora!

Finalmente, en el resumen del trabajo de los misioneros la enumeración de actividades realizadas es más amplia que las enunciadas en el envío; al final se dice que los discípulos misioneros realizan tres actividades que ya hemos leído, viene realizando Jesús en el relato de Marcos: la predicación para suscitar la orientación de la vida hacia Dios, la liberación de las ataduras del mal y las sanaciones.

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