Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

El profetismo que abre el camino de la fe
liturgia julio 5

02 de Julio 2015
 Padre Tadeo Albarracín
El profetismo que abre el camino de la feliturgia julio 5

En nuestra lectura del relato del evangelio según San Marcos venimos siguiendo una serie de narraciones de milagros de Jesús que desde esta página la venimos proponiendo como el desarrollo de una instrucción sobre la fe. 

Iniciábamos esta secuencia con la situación de los Apóstoles abocados a los límites de la existencia huma y el reclamo de Jesús: «¿Todavía no tienen fe?»; luego Jesús que reconoce la fe de mujer que al verse liberada de su enfermedad le descubre al Maestro toda su verdad. En este domingo cerramos esta serie con un episodio que nos lleva a reconocer el profetismo como inicio del camino para acceder al misterio de Jesús.

Este episodio de cierre de instrucción sobre la fe (Marcos 6, 1-6) principia por poner en boca de los nazarenos un resumen de su actividad evangelizadora de Jesús: anuncia un mensaje que es captado como ‘sabiduría’ y viene realizando unas obras prodigiosas con sus manos. El episodio propone una paradoja, después del reconocimiento del extraordinario actuar de Jesús el lector esperaría una aceptación de sus pisanos, pero sucede todo lo contrario: «No podían creer en él». Pensamos que esta incomprensión es la clave para hallar el mensaje central del evangelio de la Misa de este domingo. Vemos los detalles.

La trama de la incomprensión principia con la desconfianza manifiesta de las personas que están en la sinagoga del pueblo de Jesús; desde el recelo que los atrapa, los hombres buscan una explicación de lo que oyen y ven, o de los ecos que han llegado hasta ellos desde las riberas del mar de Galilea: «¿De dónde habrá sacado este hombre todo esto?»

La formulación de la reacción ante el asombro presenta la dificultad para llegar a la fe, los nazarenos en la sinagoga se refieren a Jesús de modo despectivo: ‘este hombre’. El asombro se nutre de algo que no pueden conciliar, por una parte está lo extraordinario de las evidencias que oyen y ven y, por la otra, la normalidad de una persona ‘común y corriente’ de su pueblo. En el fondo está la dificultad que tienen para aceptar como obra de Dios ‘todo esto’ que dice y hace Jesús. Detengámonos aquí para aclarar qué es ‘todo esto’.

‘Todo esto’ referido por los nazarenos incluye en primer lugar el contenido de la Buena Noticia que predica Jesús, «¿Quién le habrá dado tanta sabiduría?» En lo que hemos venido siguiendo del relato de Marcos ‘tanta sabiduría que le ha sido dada’ se refiere al anuncio del Reino que se explicitó en las parábolas. Quienes están presentes en la sinagoga reconocen en la enseñanza de Jesús una ‘sabiduría’, pero recelan de su origen: ¿quién se la ha dado?, ¿de dónde proviene? Dicho de otra manera, ¿esto es cosa de Dios o cosa del diablo?

En segundo lugar, ‘todo esto’ incluye igualmente «semejante poder como tiene en las manos». Aquí el término ‘poder’ es la traducción del griego ‘dýnamis’ (fuerza) y que en las traducciones de los evangelios se suele verter en castellano como ‘milagro. En el evangelio de la Misa del domingo anterior leímos que Jesús sintió que salió de él una ‘dýnamis’ cuando la mujer tocó sus vestidos (véase Marcos 5, 30).

Regresando a la controversia en episodio del evangelio de la Misa de este domingo, los nazarenos han percibido una fuerza poderosa actuando a través de las manos de Jesús, un ‘poder’ que no es de los hombres. Y de nuevo la pregunta, ¿quién le ha dado este poder?, ¿esto es cosa de Dios o cosa del diablo?

Por la forma despectiva como se refieren a Jesús, podemos deducir que sus contradictores están cercanos a pensar que se trata de ‘cosas del diablo’; pues ‘este hombre’ es un trabajador manual apañado –en griego ‘tékton’, un obrero habilidoso–; su origen y su familia son plenamente conocidos por todos, los nombres de sus hermanos (Santiago, José, Judas, Simón) son nombres judíos corrientes. Nada extraordinario.

La sospecha de los nazarenos manifiesta el problema del inicio de la fe: «Y no podían creer en él». Lo realmente central del episodio es la interpretación que ofrece Jesús sobre este bloqueo. Jesús manifiesta que esta dificultad para la fe que se presenta entre sus paisanos,   entre algunos de su propia familia e incluso en algunos miembros de la comunidad cristiana –casa–, es una cerrazón ante la profecía, una resistencia a la misión del profeta.

El profeta es el hombre de la ‘Palabra’, es el hombre que tiene la misión de hacernos entrar en diálogo con Dios para que a partir de ello reconozcamos cómo Dios está realizando su proyecto del Reino entre nosotros. No es precisamente el profeta un hombre que anuncia acontecimientos del futuro, sino quien nos estimula a reconocer cómo Dios está actuando en nuestro presente.

Este diálogo que propone el profeta es intercambio que nos abre a la fe, sin este diálogo el hombre permanece de espaldas al proyecto de Dios. Con una lamentable conclusión termina el evangelio de la Misa de este domingo: «Y no pudo hacer allí ningún milagro (dýnamis)», evidentemente no se trata de la incapacidad de Jesús sino de la negativa de los hombres a buscar descubrir el actuar de Dios en nuestra historia presente.

 

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