Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

Liturgia mayo 24:El pedagogo

21 de Mayo 2015
 Padre Tadeo Albarracín
Liturgia mayo 24:El pedagogo

Cerramos en este domingo la celebración del gran día de Pascua; la Iglesia nos ha venido animando para celebrar durante cincuenta días la victoria pascual de Jesucristo y hoy, en la clausura, nos hacemos conscientes de que el sumo don del Resucitado a sus discípulos es el Espíritu Santo. No estaría completa la celebración de la Pascua sin el don del Espíritu Santo.

Durante estos cincuenta días la liturgia nos ha ayudado a reconocer el fruto de la Pascua en la Iglesia y en el mundo y a acoger este fruto de manera concreta en la existencia de cada uno de nosotros. 

En los últimos domingos, mediante las imágenes del pastor y el rebaño y la de la vid y los sarmientos y posteriormente con la revelación de la comunión en el amor del Padre, Jesús nos llevaba a comprender que por su muerte y resurrección se abre la realidad de la comunión personal, íntima e intensa de él con cada discípulo y por él con el Padre del cielo.

Hace ocho días, en la solemnidad de la Ascensión, escuchábamos cómo el Señor Jesús lanzaba a sus discípulos a la misión con horizonte de universalidad para extender esta experiencia de comunión que él anunció e inauguró con su Pascua.

Pero los discípulos no están solos e inermes para cumplir el encargo de hacer posible la comunión de la humanidad entera con Dios. Jesús anunció a los discípulos el envío del Espíritu que asiste a la Iglesia para cumplir esta misión al igual que la forma como el Espíritu acompaña a los discípulos.

Haciendo una síntesis de esta asistencia, el Catecismo de la Iglesia Católica (año 1992) presenta al Espíritu Santo como pedagogo. En su origen el término pedagogo –en el idioma griego– une el sustantivo ‘paidós’, niño, con el verbo ‘agó’, conducir, llevar; así era como en la época de los primeros cristianos el sustantivo pedagogo era el nombre que se daba al empleado o esclavo que tenía la misión de conducir o llevar a los niños hasta el maestro (como ‘el señor de la ruta’ en nuestros días).

En cuanto pedagogo, el Espíritu conduce a los discípulos hasta el Maestro de tres formas: primero preparando el corazón para el encuentro con Cristo, esto es avivando el don de la fe en los discípulos a fin de disponerlos a la conversión y a la adhesión a la voluntad del Padre; en segundo lugar llevándolos al sentido profundo de las palabras de Cristo y con ello a reconocer de qué manera el plan de salvación se ha venido realizando en la historia y hoy nos alcanza a cada uno de nosotros y, en tercer término, actualizando el misterio de Cristo, esto es poniendo por obra en nuestra existencia las promesas de Jesús.

Estas tres formas como el Pedagogo nos conduce hasta Jesucristo las podemos reconocer en la estructura del ritual de la Misa. En efecto, en los ritos iniciales el Espíritu nos prepara para encontrar al Señor Jesús y acoger su presencia en la asamblea reunida; en este sentido el Misal afirma que la finalidad de los ritos iniciales es «hacer que los fieles congregados conformen una comunidad», una ‘comunidad eucarística’ «para escuchar como conviene la Palabra y celebrar dignamente a Eucaristía».

Después, en la liturgia de la Palabra, el Pedagogo «da a los lectores y a los oyentes, según las disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios» y así llegar a comprender cómo la historia de salvación se concretiza en la celebración litúrgica. El Espíritu despierta la memoria de la Iglesia.

A continuación, en la liturgia de la Eucaristía el Pedagogo invocado en la epiclesis sobre el pan y el vino los consagra transformándolos en el Cuerpo y la Sangre del Señor y también invocado sobre la asamblea une a Cristo a quienes comulgan comiendo su Cuerpo y bebiendo su Sangre.

La misión del Espíritu en la Iglesia la podemos entender en principio como la del artífice que hace que la presencia del Resucitado se continúe en el mundo a través de los discípulos, para ello el Espíritu Santo, como Pedagogo permanentemente nos está orientando hacia Jesús avivando en nosotros la fe, conduciéndonos al sentido profundo de la Palabra y llevándonos a reconocer y acoger la comunión con el Maestro.

En la primera lectura de la Misa de este domingo se nos ofrece el testimonio sobre el Espíritu que lleva a todos los hombres a escuchar de las grandezas de Dios en sus propias lenguas. Si entendemos el lenguaje como la manera que tenemos los seres humanos de a-prender el mundo, bien podemos concluir que el Espíritu lleva a los hombres a reconocer las grandezas de Dios en su propia historia.

 

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