Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Febrero 23 
Cristiano, se lo que eres

21 de Febrero 2020
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Febrero 23 Cristiano, se lo que eres

En la lectura del evangelio de la misa dominical venimos siguiendo las enseñanzas de Jesús en el sermón de la montaña, el domingo pasado iniciamos la lectura de una serie de seis antítesis que el Maestro plantea a sus discípulos dentro de este sermón. Jesús introduce la serie de antítesis con una invitación a asumir la vida cristiana a partir de una profunda comunión con Dios. Quienes se abran al amor de Dios y se dejen transformar por él participan del proyecto del Reino de los cielos.

En el evangelio de hoy (Mateo 5, 38-48) leemos las dos últimas antítesis de la serie; en las que escuchamos hace ocho días Jesús abordaba los temas del homicidio, del adulterio, del divorcio y de los juramentos; en este domingo nos encontramos con las antítesis referentes a la no violencia y al amor a los enemigos. Después de la sexta antítesis, el Maestro propone una conclusión a toda la serie, conclusión que está relacionada con la introducción que leímos el domingo pasado.

En la introducción a la serie de antítesis aquí destacamos la invitación de Jesús a asumir un nuevo estilo en la relación con Dios, diferentes al de los fariseos y escribas: «si la justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos».

En el sermón de la montaña Jesús nos viene revelando que el ser humano está llamado a la comunión profunda en el amor con Dios y que, a partir de esta comunión en el amor, el hombre se va haciendo cada vez más semejante a Dios. A continuación de las bienaventuranzas, la llamada a ser sal que no se desaliniza daba paso a la comparación de ser luz para el mundo; en este contexto la salinidad de la vida cristiana la interpretábamos aquí como la comunión en el amor con Dios que es la fuente de las buenas obras que realiza el discípulo de Jesús y por las que los hombres glorificarán al Padre que está en el cielo.

Cuando el discípulo de Jesús asume la gracia y se deja transformar por ella, abandona el estilo de ‘justicia de los fariseos’ que creen que la salvación es el resultado de actuar cumpliendo escrupulosamente leyes y normas. Comprender la justicia que propone Jesús nos lleva a reconocer la necesidad de estar unido a Dios para poder ser luz.

La misma serie de antítesis puede interpretarse desde la justicia de los fariseos y de este modo querer resolver nuestra vida cristiana con base en fórmulas; por ello es más conveniente contemplar el conjunto de las seis antítesis y fijar nuestra atención en la introducción y en la conclusión de la serie.

En la última antítesis, la referente a la no violencia, Jesús propone tomarnos en serio la renuncia a toda violencia y no simplemente contentarnos con no sobrepasar la barrera con la que la ley «ojo por ojo y diente por diente» controla la actitud vengativa.

Las recomendaciones de no oponer resistencia, ofrecer la otra mejilla y entregar toda la ropa no se pueden entender como actos para los que uno se programa; de ser así, estaríamos atrapados en la casuística y por lo mismo impedidos para acoger la propuesta de Jesús que nos impulsa a ser creativos.

Las recomendaciones de las dos últimas antítesis las hemos de recibir como una actitud de permanente protesta contra la violencia que deshumaniza y convencernos que la cotidianidad del discípulo está determinada por el Reino. Aquí Jesús está pidiendo de nosotros una conducta diferente a lo que a diario encontramos en muchas relaciones entre los hombres.

Fijémonos que tanto la antítesis sobre el amor a los enemigos, como la referente a la no violencia, no vinculan recompensa alguna ni se proponen con alguna recomendación de tipo sapiencial. La motivación para asumir un nuevo modo de comportamiento es sencillamente la filiación divina: «Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto».

En la introducción que comentábamos hace ocho días recordábamos la iluminación de San Agustín, en el sentido que el cumplimiento de la ley moral solo es posible desde la comunión con Dios, esto es, desde la gracia. En la conclusión de la serie de antítesis Jesús recuerda que el comportamiento cotidiano del cristiano se entiende como consecuencia de la filiación divina. Nos invita el Señor a ser lo que somos, es decir, a estar en medio del mundo como hijos del Padre del cielo que es bueno con todos.

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