Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Enero 26
Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron

24 de Enero 2020
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Enero 26Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron

En el evangelio de la misa de este domingo iniciamos la lectura de la narración de la actividad pública de Jesús en el relato según san Mateo, desde después de las tentaciones en el desierto hasta el discurso sobre el final del tiempo, pronunciado en el atrio del templo en Jerusalén. Este programa de lectura que nos presenta el leccionario nos ayuda a conocer y a entrar en comunión con el misterio de Cristo en su totalidad, guiados en este año por el relato de san Mateo.

Pasando al texto del evangelio de la misa de hoy (Mateo 4, 12-23), principiamos por diferenciar dos partes; la primera es una introducción a la historia sobre Jesús que iremos leyendo a lo largo de los domingos de este año, la segunda parte refiere la llamada de Jesús a los primeros discípulos.

En la introducción el evangelista señala las coordenadas de tiempo y espacio para el inicio de la predicación de Jesús. El tiempo está marcado por la entrada en prisión de Juan el Bautista: «Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan»; para referirse al prendimiento de Juan, el texto griego emplea aquí el verbo ‘paradidomi’ (entregar); de modo que el tiempo para la misión de Jesús está señalado con la frase ‘cuando Juan fue entregado’. Resulta importante el verbo ‘entregar’ porque es el mismo que emplea Jesús para referirse a su muerte.

En las coordenadas que propone el relato, el espacio (lugar) es configurado por el desplazamiento de Jesús desde Nazaret hasta Cafarnaúm «junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí». Esta ampliación en la descripción del territorio da pie a Mateo –amigo de citar textos del Antiguo Testamento– para indicar que Jesús cumple lo anunciado en las Escrituras. Este anuncio, que ya habíamos escuchado en la primera lectura (Isaías 8, 23b–9, 3) proclama el alcance universal de la salvación.

El inicio de la misión de Jesús en Galilea, rodeada de gentiles, se prolonga por el mandato del Resucitado a sus discípulos al final del relato de Mateo: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos» (Mateo 28, 18).

En este marco de tiempo y espacio Jesús inicia su misión, a continuación, Mateo pasa a develarnos el compendio de la predicación de Jesús: «Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos». A partir del próximo domingo, cuando iniciaremos la lectura del Sermón de la montaña, Jesús irá exponiendo este proyecto de Dios que el evangelista llama reino de los cielos.

Esta introducción pone por obra dos intenciones del narrador. En primer lugar, con la mención de la entrega de Juan a la cárcel, ambienta dentro del sentido de la entrega de la vida la historia que empieza a narrar sobre Jesús; en segundo término, por la delimitación de la región de Cafarnaúm y la cita del texto de Isaías, indica que Jesús sigue un plan divino.

En la segunda parte del evangelio de este domingo leemos la llamada a los primeros discípulos. Ahora el escenario es la orilla del lago. Pictóricamente se trata de un paisaje horizontal; visual y acústicamente es la repetición sinfín del ir y regresar de las olas. En este escenario de horizontalidad, que evoca cercanía, y de murmullo, que llega a hacerse imperceptible, los evangelios suelen ubicar los relatos de vocación. Tal vez para decirnos que en la cercanía de unas relaciones fraternas y a través de un murmullo que se puede hacer imperceptible, Dios llama.

La narración avanza exponiendo dos situaciones muy similares en la llamada de los primeros cuatro discípulos: dos pares de hermanos de oficio pescadores. El primer par de hermanos estaban lanzando las redes, los otros remendándolas. La fascinación que en cada uno pudo causar el trato de Jesús con ellos el relato la presenta en la respuesta que se repite, «Inmediatamente dejaron las redes (la barca y a su padre) y lo siguieron».

‘Inmediatamente’, es decir, en el instante en el que desde los propios límites el ser humano percibe la realidad de la gracia, el momento en el que el riesgo de la fe vence la resistencia de la seguridad

que ofrece todo lo conocido. La fascinación por Jesús actúa como un relámpago que libera de toda atadura de manera que solo queda la opción de seguirlo. A lo largo de nuestro peregrinar cristiano en muchas ocasiones quisiéramos volver a la lucidez de aquel momento fugaz en que superada toda resistencia emprendimos el camino del seguimiento.

Esta segunda parte del evangelio de hoy nos mueve a pedir la gracia de mantenernos en coherencia con aquel ‘inmediatamente’ que hay en el inicio de la experiencia de todo aquel que ha comenzado a ser discípulo. Vivir prolongadamente esta gracia que nos fue dada

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