Liturgia Dominical (Reflexión Dominical)

Se brinda el espacio para que podamos por el medio escrito hacer un acercamiento a lo que quiere decir la Palabra de Dios cada Domingo a su pueblo.

LITURGIA Diciembre 15 
Dios está creando en nosotros las condiciones para acoger al Mesías

13 de Diciembre 2019
 Padre Tadeo Albarracín
LITURGIA Diciembre 15 Dios está creando en nosotros las condiciones para acoger al Mesías

Los textos que propone el Misal para la celebración de hoy nos encaminan hacia la búsqueda de la comunión de vida con Dios, fuente de la verdadera alegría, y de este modo prepararnos para la celebración de la Navidad. Siguiendo esta orientación vemos que se destaca en el evangelio la bienaventuranza de Jesús: «¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

La antífona de entrada de la misa de hoy acentúa la alegría cristiana de estas semanas previas a la Navidad: «Estén siempre alegres en el Señor, lo repito, estén alegres. El Señor está cerca» (Colosenses 4, 4-5). Por eso a este domingo, el III de Adviento, se le ha llamado ‘Dominica gaudete’. No se puede perder de vista que la invitación a estar alegres tiene fundamento en la proximidad de la Navidad.

En continuidad, la oración colecta confiesa que la Navidad es una fiesta de gozo y salvación y de ahí que la petición de la misma oración demande de Dios la gracia para recibir de Él la verdadera alegría y así estar bien dispuestos para recibir a Cristo en la Navidad. La alegría que es fruto de la comunión con Dios es la disposición necesaria para participar de la celebración de la Navidad.

La primera lectura (Isaías 35, 1-6a.10) anuncia la alegría por el ‘nuevo éxodo’ que representa el retorno del pueblo de Israel después del destierro a Babilonia; en este anuncio del profeta, la vuelta al país significa de una parte la superación de las debilidades del cuerpo: «Fortalezcan las manos débiles, afiancen las rodillas vacilantes»; y de otra, implica igualmente la rehabilitación de las personas, pues no se trata de continuar arrastrando secuelas del mal: «entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo».

Sobre estas dos caracterizaciones de la intervención de Dios podemos entender que el restablecimiento de la dignidad del ser humano es el ámbito en donde empieza a realizarse la salvación, y este restablecimiento es obra de Dios.

El evangelio de la misa de hoy (Mateo 12, 2-11) tiene dos partes, en la primera se nos refiere la respuesta de Jesús a la ansiedad de Juan el Bautista, en la segunda oímos de labios de Jesús un elogio de la persona y misión de Juan.

La primera parte produce cierta inquietud en el lector atento. El domingo pasado escuchamos en el evangelio que Juan el Bautista predicaba en el desierto e invitaba a la conversión para acoger al que viene a continuación de él. Asimismo, en los textos de la liturgia reconocemos que Juan no solo proclamó ya próximo al Mesías, sino que lo señaló después entre los hombres. Y ahora Juan resulta con dudas sobre las obras mesiánicas de Jesús hasta el punto de enviarle mensajeros para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Reconocemos aquí una expresión de ansiedad de Juan el Bautista por la llegada del Reino, ansiedad de la que a veces participamos nosotros. A remediar en algo esta crisis de ansiedad viene a responder los versículos de la carta de Santiago que escuchamos en la segunda lectura (Santiago 5, 7-10) cuando nos recuerda la actitud paciente con la que el agricultor asume el tiempo de la lluvia en el invierno y en la primavera en espera de la maduración de la cosecha.

La respuesta de Jesús a los enviados de Juan comienza invitándolos a experimentar conscientemente el ambiente: ‘ver y oír’. Esta invitación nos recuerda las imágenes de las que se vale Isaías en la primera lectura, allí el profeta nos dice que Dios va creando unas condiciones para que el ser humano llegue a reconocer y acoger la salvación.

Notemos que el narrador de la escena no menciona que Jesús haya realizado en presencia de los enviados de Juan alguna curación o algún anuncio kerigmático, con ello nos está remitiendo al tiempo de la salvación más que a los milagros de Jesús.

A continuación, y como una valoración de la experiencia de ver y oír, Jesús pronuncia una bienaventuranza: «¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Entendida así la intención del narrador, vemos que la bienaventuranza con la que se despide a los enviados de Juan es una invitación de Jesús a aceptar la experiencia de salvación que ya ha comenzado a manifestarse en medio de los hombres: «¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

En la lengua griega ‘skandalizo’ es un verbo que tiene el sentido de ‘ofrecer obstáculo’, ‘poner zancadilla’. En el relato de san Mateo, Jesús vuelve a emplear este mismo verbo en el contexto de su pasión: «Esta noche se van a escandalizar todos por mi causa». «Pedro replicó: ‘Aunque todos se caigan por tu causa, yo jamás caeré’.» (Mateo 26, 31-33).

El mensaje central del evangelio de este domingo se puede formular como la invitación a confiar en la historia de Jesús, de sus obras, y a implicarse en ellas. La salvación ocurre cuando Dios interviene manifestándose en la historia de las personas para abrir en la experiencia personal de cada uno un camino que conduce hacia la plenitud de vida que Dios quiere para todo ser humano.

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